Alfonso Quiñones Molina

(Suchisoto, 1874 - San Salvador, 1950) Político salvadoreño que fue elegido presidente de la República en 1923 por un período de cuatro años, con lo que continuaba la labor de gobierno de la dinastía Meléndez-Quiñones, que gobernó El Salvador desde 1914 a 1927. Era uno de los principales dirigentes del Partido Demócrata, desde cuyas filas participó numerosas veces en los asuntos políticos del país, donde defendía los intereses de la oligarquía cafetera.


Alfonso Quiñones Molina

Durante los mandatos de los presidentes de Carlos Meléndez (1913-1914; 1915-1918), de quien era cuñado, y del hermano de aquél, Jorge Meléndez (1919-1923), ocupó el puesto de vicepresidente, lo cual significaba también hacerse cargo de forma interina de la presidencia del país en 1914 y 1918, hasta que el nuevo presidente tomase posesión.

En 1918, Quiñones fundó la organización conocida con el nombre de la Liga Roja con el objetivo de que actuase como mediador entre el gobierno y los trabajadores, incluidos los campesinos, con lo cual trataba de suplir la falta de sindicatos y partidos políticos. Pero, a pesar de sus intenciones, su pertenencia a la burguesía cafetera no le permitió convertir la liga en una forma mínimamente satisfactoria de representación popular, si bien utilizó la estructura de la Liga Roja para promover la elección de Jorge Meléndez, en lo que se puede considerar como el primer intento en la historia de El Salvador de crear un partido oficialista.

En 1923 fue elegido presidente constitucional de la República de El Salvador por un período de cuatro años. A pesar de que la Constitución proclamaba que el país era una República liberal, actuó como si fuera un dictador que representaba los intereses de las oligárquicas. Impidió en todo momento el funcionamiento de los grupos de oposición. La represión se hizo algo habitual en el país.

Para ganarse el favor popular, en mayo de 1926 decretó la reducción de precio de los alquileres de las viviendas y permitió la creación de corporaciones privadas cuya finalidad era la de construir casas de bajo precio. Cerca de la finalización de su mandato oficial nombró como su sucesor a su paisano, Pío Romero Bosque, quien había sido vicepresidente de su gobierno. La práctica de nombrar a su heredero político era lo habitual entre los presidentes salvadoreños, ya que de esta forma respetaban la Constitución que prohibía la reelección y se aseguraban de poner a alguien favorable a sus intereses al frente del gobierno.

Quiñones cedió la presidencia a su sustituto el 1 de marzo de 1927. Pensaba que, al no ser miembro de una de las grandes familias latifundistas del país, el nuevo presidente sería una marioneta en sus manos. Pero Romero no trabajaba para la familia Meléndez-Quiñones y, desde el primer momento, dio muestras de su independencia. Esto llevó al ex presidente a organizar junto a Jorge Meléndez y otros miembros de la oligarquía salvadoreña un golpe de Estado militar para derrocar al presidente. La acción, que se produjo en diciembre de 1927, acabó en un rotundo fracaso.