Leopold von Ranke

(Wiehe, 1795 - Berlín, 1886) Historiador alemán, introductor del positivismo como método de investigación histórica y minuciosa de los hechos. Los métodos críticos de este eminente historiador influyeron en toda la ciencia histórica de la segunda mitad del siglo XIX y fueron unánimemente adoptados por los estudiosos de todos los países cultos.


Leopold von Ranke

Descendiente de una familia de pastores luteranos e hijo de un abogado, de este ambiente y de los estudios en el gimnasio de Schulpforta derivaron el cristianismo interior y el ideal neohumanista que impregnaron la juventud de Leopold von Ranke más que cualquier otro acontecimiento exterior.

Estudió teología en Leipzig (1814-1818), pero, hostil al protestantismo racionalista y habiéndose interesado por la hermenéutica bíblica, se acercó a la enseñanza exegética de Hermann; aprendió de Tucídides que la "historia tiene precisamente como sujeto al hombre", "especialmente con sus errores y sus dolores", y de la lectura de Barthold Georg Niebuhr heredó el método de comparación y análisis de las fuentes, consolidándolo en la escuela del medievalista Stenzel.

Aunque comprendía mal a este último, y pese a que el fragmento biográfico sobre Lutero (1817) se resentía todavía de una mezcla de teísmo luterano, de romanticismo y de idealismo, del teólogo iba naciendo el historiador; Leopold von Ranke manifestaba ya su nueva sensibilidad y una particular maestría en relacionar la historia política con la religiosa y la constitucional.

La Historia de los pueblos romanos y germánicos desde 1494 hasta 1535 (1824) constituyó el primer fruto de su rigurosa vocación histórica. La lectura de las obras de Böckh y de Otfried Müller, así como de Niebuhr y de las Historias generales de Johannes Müller, pero sobre todo el estudio de las fuentes antiguas (los escritores carolingios, los del Medievo alemán e italiano hasta Giovio y Guicciardini, las relaciones de los embajadores venecianos descubiertas por Müller), le permitieron dominar plenamente aquel método crítico-filológico sobre el que teorizó en el apéndice Sobre la crítica de la historiografía moderna, distinguiendo entre material original y fuentes derivadas, principalmente narrativas.

En esta obra orientó su selección de los motivos histórico-universales hacia la unidad cultural del mundo occidental; y su adhesión a lo concreto, su amor hacia el detalle, recordando quizás a Walter Scott, aunque exento de toda novelería, dio como resultado un relato vivo, en el que la imagen brota siempre de las fuentes originales. La Historia de los pueblos romanos y germánicos le valió la cátedra de historia en la Universidad de Berlín, en la que permanecería hasta 1879.

El riquísimo material reunido sugirió a Leopold von Ranke la gran obra de su vida: Príncipes y pueblos de la Europa meridional. Este estudio revela hasta en su título la lograda maestría para poner en relación las personalidades creadoras, los individuos activos y las necesidades vitales de los Estados con los "acontecimientos dominantes y universales de la época", con el espíritu colectivo y con las tendencias e ideas generales en cualquier momento histórico particular.

La primera parte, titulada Los otomanos y la monarquía española en los siglos XVI y XVII (1827), comprendía esencialmente una serie de ensayos sobre relaciones venecianas, en tanto que la segunda, los tres volúmenes sobre la Historia de los papas romanos en los siglos XVI y XVII (1834-1836), coronó un periodo intenso de trabajo y de meditaciones, constituyendo con la casi inmediata Historia de Alemania durante la Reforma (1839-1847) su obra maestra de la madurez, en la que narración, grandes visiones de conjunto y reflexiones generales se compenetran en perfecta armonía.

En la Historia de Alemania durante la Reforma (1839-1847, en cinco volúmenes) aparecen en efecto todos los elementos del método historiográfico de Leopold von Ranke: el documento como base fundamental de las fuentes históricas, el idealismo como impulsor del pensamiento y lo que él llama ‘entidades espirituales’ (las civilizaciones o los estados) como motores del devenir histórico. Su Historia de Alemania es, en esencia, una demostración de la existencia de un cometido inherente a ese país: la ruptura con la Edad Media y sus representaciones política (Sacro Imperio Romano Germánico) y religiosa (la Iglesia católica), proceso que tiene lugar fundamentalmente en el siglo XVI, pero que acabará por evidenciar el predominio cultural de los estados protestantes.

En años de exaltación nacionalista, su Historia de Francia durante los siglos XVI y XVII (cuatro volúmenes, 1852-1856) y la Historia de Inglaterra durante el siglo XVII (siete volúmenes, 1859-1868) no reflejaban la pasión del político, sino el equilibrio del historiador; el afán de construir una historia fiel a los hechos tal como sucedieron fue siempre la principal guía de Ranke y su aportación a la ciencia histórica. Para ello buscó y utilizó fuentes directas, abandonó los relatos de segunda mano y acudió a los testimonios contemporáneos, sometiéndolos a una crítica de valor y autoridad.

En 1867, todavía en plena actividad, Leopold von Ranke inició la edición de sus Obras completas (54 volúmenes, 1867-1890) y, habiéndose retirado de la universidad, atendió desde 1879 a la Historia Universal que, a su muerte, llegaba hasta la época de Otón I (volumen VI, 1885). Este magno empeño fue continuado, con apuntes suyos, por sus discípulos (volúmenes VII-IX, 1886-1888) hasta la caída de Constantinopla.