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José de Salamanca y Mayol

(José de Salamanca y Mayol, marqués de Salamanca) Empresario y político español (Málaga, 1811 - Madrid, 1883). Estudió Derecho en Granada y luchó desde joven por las ideas liberales contra el absolutismo de Fernando VII (en 1831 participó en la fallida sublevación de Torrijos). Al instaurarse la monarquía liberal de Isabel II recibió varios nombramientos políticos, comenzando una larga carrera parlamentaria, primero como diputado (1836-64) y luego como senador (1864-73 y 1879-83).

Se instaló en Madrid e hizo fortuna en negocios relacionados con las finanzas del Estado o con asuntos en los que su influencia política pudiera resultar determinante: arrendador de la Renta de la Sal (1837), negociador oficial de la conversión de la deuda pública (1841), agente de bolsa del general Narváez y del duque de Riánsares (marido morganático de María Cristina de Borbón), fundador del Banco de Isabel II (1844) y del Banco de Cádiz (1846), constructor de líneas ferroviarias (desde la segunda que se instaló en España, de Madrid a Aranjuez, en 1851), promotor de la gran operación urbanística de ensanche de Madrid (con el Barrio de Salamanca), del Canal del Duero (1879) y del ensanche de San Sebastián (1881).

Política y negocios formaban un conjunto inseparable en la estrategia de ascensión social de Salamanca, basada en el cultivo de las relaciones personales (pues gran parte de su influencia se debía a las ayudas financieras que prestaba a personajes de la política o de la corte). La especulación y la corrupción formaban los dos pilares básicos de su actuación en las finanzas.

En 1847 la delicada situación en la que le podían poner algunos de sus negocios le aconsejó ocuparse personalmente de resolverlos desde el Ministerio de Hacienda: habiendo roto ya sus relaciones con el jefe del partido moderado, Narváez (por una jugada de bolsa que salió mal), se escindió con la facción de los puritanos que encabezaba Pacheco y entró en el gobierno que éste presidía como ministro de Hacienda. Desde ese cargo realizó la fusión entre el banco nacional (llamado de San Fernando) y el suyo propio (el de Isabel II), en condiciones favorables para éste (1847).

Pronto volvió al poder Narváez, y Salamanca intentó desalojarlo mediante una fallida conspiración que le obligó a partir al exilio (1848). Sus amistades e influencias en la corte le permitieron regresar al año siguiente y continuar sus negocios hasta acumular una de las fortunas más importantes de la España isabelina.

Su fama de agiotista rico y corrupto le hizo blanco de las iras populares, por lo que volvió a huir del país al estallar la Revolución de 1854, temeroso de que las turbas volvieran a saquear su casa como en 1848; sólo cuando recibió garantías de Espartero sobre su seguridad se atrevió a regresar.

En 1863 la reina le nombró marqués de Salamanca y en 1864 conde de los Llanos, grande de España y senador vitalicio; estaba en el apogeo de su fortuna. Pero, poco después, la crisis de los negocios ferroviarios e inmobiliarios le arrastró a la quiebra, obligándole a vender su colección de pintura. Murió completamente arruinado.

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