Abate Sieyès

(Emmanuel Joseph Sieyès; Fréjus, Provenza, 1748 - París, 1836) Político de la Revolución francesa. Este clérigo sin vocación era vicario general de Chartres desde 1787. La lectura de los filósofos de la Ilustración y la observación de los problemas de su tiempo le llevaron a adoptar ideas liberales, que plasmó en un Ensayo sobre los privilegios (1788) y sobre todo en ¿Qué es el Tercer Estado? (1789).


Emmanuel Joseph Sieyès

Este panfleto, que adquirió una gran difusión durante el proceso de convocatoria de los Estados Generales, defendía una visión política revolucionaria según la cual la soberanía reside en la nación y ésta la componen los ciudadanos que se rigen por una misma Ley; esto excluía a los estamentos privilegiados y legitimaba que el Estado Llano reformara por sí solo las instituciones de la Monarquía.

Tal fue el programa de la Revolución francesa que Sieyès contribuyó a desencadenar como diputado por el Tercer Estado de París en los Estados Generales de 1789: ante la resistencia de los privilegiados a introducir las reformas necesarias, fue él quien propuso romper con la legalidad del Antiguo Régimen y erigirse en Asamblea Nacional; redactó el Juramento del Juego de Pelota, que comprometió a los diputados en la tarea de dar a Francia una Constitución; y contribuyó a elaborar la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Sieyès podría haber sido, por todo ello, el gran dirigente de la Revolución; pero no lo fue, debido quizá a las limitaciones de su oratoria, y así la Revolución de 1789 pasó a la historia sin el liderazgo de una personalidad sobresaliente. Siguió apoyando las medidas revolucionarias (como la división administrativa de Francia en departamentos, la Constitución Civil del Clero o la ejecución de Luis XVI); pero mostró también una cierta moderación, defendiendo la limitación censitaria del sufragio en la Constitución de 1791.

Cuando la Revolución se inclinó hacia posturas radicales en 1792-94, Sieyès se mantuvo en un discreto segundo plano, limitándose a votar con la mayoría; pero tras la caída de Robespierre volvió a adquirir protagonismo en la reconducción de la Revolución hacia posiciones liberales moderadas: fue presidente de la Convención thermidoriana y del Consejo de los Quinientos y miembro del Directorio que asumió el Poder Ejecutivo en 1795.

El temor a las fuerzas reaccionarias que podían destruir la obra de la Revolución le llevó a participar en las conspiraciones para instaurar un gobierno autoritario: fue el principal inspirador del golpe de Estado que en 1799 llevó al poder a Napoleón Bonaparte.

Luego colaboró con su régimen como cónsul del triunvirato gobernante y como redactor de la Constitución del año VIII; pero Napoleón impuso enseguida sus propios criterios conservadores, estableciendo una dictadura personal y apartando a Sieyès con nombramientos puramente honoríficos (senador, académico, conde y par de Francia). Tras la caída de Napoleón en 1815, se exilió en los Países Bajos y no regresó hasta 1830.