Solimán II

(Estambul, 1642-Edirne, actual Turquía, 1691) Sultán otomano. Sucedió a su hermano Mehmet IV en 1687, después de que éste fuera depuesto por las tropas tras la derrota de Mohács y la pérdida de Buda.


Solimán II

El rápido desarrollo alcanzado por el Imperio Otomano durante la época de Solimán I el Magnífico se debió principalmente a la debilidad de los países vecinos y al carácter imperialista de la política de este sultán. Sin embargo, con sus sucesores la tendencia se había ido invirtiendo hasta llegar a un proceso de deterioro del Imperio, que se acentuó en tiempos de Mehmet IV.

Durante los primeros años del sultanato de Solimán II, la decadencia militar fue ya dramática, y los desastres se sucedieron. En 1688, las tropas otomanas tuvieron que ceder Belgrado; en 1689, fueron vencidas en Nis por Luis de Baden, y también se perdieron plazas en Serbia y Dalmacia. Surgieron guerrillas en Anatolia, un territorio cuyos notables locales se sirvieron del hondo resentimiento de los campesinos turcos contra el gobierno central de Estambul para forzar el levantamiento.

A partir de 1690 la situación empezó a mejorar, gracias a la elección como gran visir de Mustafá Köprülü, cuyo inmenso poder sólo estaba limitado por la voluntad del monarca. Gracias a la contribución de Mustafá Köprülü, Solimán II pudo reorientar su política y afirmar su autoridad sobre la mayoría de las provincias, dominadas por caudillos locales despóticos, pese a lo cual el pueblo los prefería a los corruptos funcionarios otomanos.

Sin embargo, tales medidas sólo tuvieron un efecto momentáneo, ya que operaron sobre las consecuencias de la decadencia del sistema antes que sobre las causas que la provocaban. Con todo, Solimán II pudo reconquistar, con ayuda de los tártaros, Belgrado y Nis, pero al cabo de un año fue vencido y muerto.