Arcipreste de Talavera

(Alfonso Martínez de Toledo, Arcipreste de Talavera; Toledo, 1398 - c. 1470) Escritor español. Siguió estudios eclesiásticos en Toledo y, tras pasar algunas temporadas en el reino de Cataluña y Aragón, fue nombrado arcipreste de Talavera. Del conjunto de su producción literaria, integrada por tratados piadosos, traducciones de obras de santos y una crónica histórica, destaca el tratado didáctico conocido como El Corbacho. En él, siguiendo la tradición misógina medieval, se reprueban el loco amor y las malas artes de las mujeres. El valor de la obra reside, sobre todo, en el reflejo del habla popular y coloquial, que aparece en toda su vivacidad (por lo que puede ser un precedente directo de La Celestina), rasgo que se combina con el uso de neologismos y figuras latinizantes.

Alfonso Martínez de Toledo debió de cursar estudios eclesiásticos en Toledo, en cuya capilla de los Reyes Viejos disfrutaba de un beneficio en 1415. En 1436 tenía ya la dignidad de arcipreste de Talavera de la Reina, y posteriormente fue capellán de Juan II de Castilla. Parte de su obra literaria es de carácter piadoso, como la Vida de San Ildefonso y la Vida de San Isidoro, redactadas en 1444; tradujo también De la virginidad de Santa María, de San Ildefonso, y el Tratado de la oración y algunas epístolas de San Isidoro. Es autor, asimismo, de Atalaya de las crónicas, obra escrita en 1443 en la que traza una breve historia de España, desde los reyes godos hasta Enrique III de Castilla.

La importancia en las letras españolas del Arcipreste de Talavera se debe a El Corbacho, una de las obras maestras de la prosa prerrenacentista española. Escrita en 1438, fue publicada en Sevilla en 1498. El libro fue conocido con diversos títulos: Vicios y virtudes de las mujeres y reprobación del loco amor, Reprobación del amor mundano y, por fin, con el nombre de El Corbacho, a causa de su innegable afinidad con la sátira homónima de Boccaccio.

El Corbacho consta de cuatro partes; cada una de ellas se resiente de la marcada influencia que ejercieron diversas obras que sirvieron de modelo y determinaron las diferentes actitudes espirituales del autor. La primera parte, inspirada en una obra de Gerson, es un tratado contra el amor mundano por su tendencia natural a la lujuria. La segunda, la más personal, caracterizada por una misoginia acre y al mismo tiempo divertida, es una sátira contra "los vicios y las virtudes de las mujeres", que el autor describe con sensual fruición y complacencia verbal, demostrando una minuciosa y sagaz información sobre la psicología femenina y sobre su adorno personal (son vivísimas por su fuerza realista las descripciones de la mujer "vanagloriosa" durante el paseo o el tocador). La tercera y la cuarta partes están dedicadas respectivamente a la "complexión" de los hombres y su disposición para el amor, y a los escrúpulos corrientes en la época del autor.

La obra, y especialmente su segunda mitad, que se resiente de las diversas y marcadas influencias de la literatura misógina que floreció en España sobre las huellas del libelo de Boccaccio, debe su gran importancia no tanto a la descripción feliz y llena de color de una realidad ambiental y psicológica recogida en sus más característicos detalles, sino a la posesión de un arte que define estilísticamente la libre facultad representativa y descriptiva que, por otra parte, había alcanzado su primer apogeo en el Libro del Buen Amor de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, pero que en El Corbacho se enriquece en formas sintácticas que pasarán luego a obras como La Celestina de Fernando de Rojas, y también, con mayor soltura estilística y una más cuidada vena sentimental, a la novela picaresca.