Tirteo

(Siglo VII a. de C.) Poeta griego. Aun cuando probablemente era de Mileto, vivió en Esparta y aparece como espartano en su poesía: denomina a Esparta su ciudad y a su monarca "nuestro rey". La leyenda ática pretendió hacerle ateniense (así le consideró Platón); mucho más tarde, el relato legendario referente al poeta fue embellecido con detalles novelescos: los espartanos, en desacuerdo e incapaces de vencer a Mesenia, pidieron, aconsejados por el oráculo de Delfos, un general a los atenienses, quienes, con ironía, les enviaron un maestro de escuela cojo llamado Tirteo. De forma inesperada, sin embargo, Tirteo logró restablecer la concordia en Esparta, y sus huestes obtuvieron la victoria gracias a sus cantos de guerra.


Tirteo

En todo caso, es seguro que Tirteo vivió en Esparta en tiempos de la segunda guerra micénica y de la constitución llamada de Licurgo (segunda mitad del siglo VII a. de C.). Tirteo hizo de su poesía el instrumento de la educación patriótica de la juventud, y quedó para siempre como prototipo de poeta civil. Los ideales que proclamó son los propios de los dorios, esto es, de una aristocracia fundada en la posesión de tierras y en el privilegio de las armas, y sostenida por el culto a las virtudes guerreras de los antepasados.

Los modos y las formas de expresión de Tirteo derivan naturalmente de la gran fuente de la poesía griega: Homero. El autor toma de los poemas homéricos vocablos, frases y hemistiquios; incluso el motivo esencial de su poesía, la exhortación a la lucha, encuentra a veces sus orígenes en las arengas de tantos héroes de la Ilíada. Pero Tirteo, al aplicar las exhortaciones al valor tan frecuentes entre los héroes homéricos a la realidad de su tiempo y de su país, llena los esquemas tradicionales con una pasión auténtica, que procede de su convicción de la nobleza del ideal que predica. Sin elevarse a tonos excelsos, encuentra imágenes sencillas, concretas, ricas en fuerza persuasiva. La falta de personalidad que se advierte en sus versos está compensada por el fuerte sentimiento de la colectividad estatal, en la que el individuo adquiere un sentido tanto más concreto cuanto más se consagra a la comunidad y combate y muere por asegurar la vida de ésta.

El culto celoso de las virtudes militares, consideradas como el más alto de los valores humanos, y la convicción, confirmada por la experiencia de las costumbres griegas, de que ninguna calamidad es mayor para el hombre que la pérdida de su patria, son los motivos fundamentales de su poesía. Los antiguos dividieron la obra de Tirteo en cinco libros, integrados por elegías y asimismo, posiblemente, por cantos en ritmo anapéstico. Una extensa composición elegíaca titulada El buen gobierno (título quizá posterior al poeta) ensalza la nueva constitución introducida en Esparta luego de la segunda guerra mesénica, la "constitución de Licurgo".

Las restantes elegías aparecen mencionadas bajo el título, seguramente posterior a Licurgo, de Exhortaciones: se trata generalmente, en efecto, de arengas bélicas. En tales composiciones es recordado a veces el pasado heroico de Esparta; cierto fragmento evoca la primera guerra mesénica, que duró veinte años, y la esclavitud de los habitantes de Mesenia. En cuanto a las verdaderas "exhortaciones al valor", han llegado hasta nosotros tres elegías enteras o casi. La más famosa de ellas es la primera; empieza con los versos "Bello es morir, cayendo en las primeras filas, para el hombre valeroso que lucha por su patria", y representa animadamente el contraste entre el vencido, obligado a andar cual vagabundo y mendigo con toda su familia, y el valiente hoplita, que, firme sobre sus piernas, permanece clavado al suelo y se muerde los labios. Mayor mérito poético presenta la tercera elegía, que antepone el valor guerrero a todas las otras cualidades humanas: habilidad en las competiciones, vigor, belleza, riqueza, poder o elocuencia.

Era costumbre que las elegías guerreras de Tirteo fueran recitadas en común por los soldados en el campamento, después de las comidas, seguramente con acompañamiento de flauta. Por su valor educativo se difundieron incluso fuera de Esparta y se divulgaron en compilaciones, en las que fácilmente debieron añadirse a las poesías auténticas otras de imitación. Se sabe que en los siglos VI y V a. de C. y precisamente en la ciudad rival, Atenas, se recitaban solemnemente en los banquetes los poemas de Tirteo, junto a las poesías de Solón. Todavía hoy los versos de Tirteo son, por su elevado valor moral y patriótico (no por el poético), patrimonio de la humanidad; con justicia llamaba Goethe "poesía tirtaica" a la que suscita en el espíritu humano sentimientos magnánimos de virtud y fortaleza.