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Anne-Robert Jacques Turgot

(París, 1727 - 1781) Economista y político francés. Nacido en el seno de una familia de notable experiencia política, abandonó la carrera eclesiástica poco antes de su ordenación. Trabó amistad con Condorcet, Pont de Nemours, Gournay y otros intelectuales cercanos a la escuela fisiócrata de pensamiento económico. Tras finalizar sus estudios de derecho, inició una exitosa carrera en la administración que, en 1761, le permitió acceder al cargo de intendente de la región de Limoges, donde exhibió unas extraordinarias dotes administrativas; impulsó un catastro de la zona y eliminó instrumentos impositivos desfasados, como las "corvées". Paralelamente escribió varias obras de teoría económica como Reflexiones sobre la formación y distribución de las riquezas (1766) o Cartas sobre la libertad de comercio del grano (1770). En 1774, Luis XVI le designó auditor general, y durante los dos años en los que permaneció en el cargo introdujo numerosas reformas, muchas de ellas orientadas a la abolición de los privilegios de los terratenientes, cuyas intrigas provocaron su destitución.


Robert Jacques Turgot

Robert Jacques Turgot fue uno de los gobernantes franceses más representativos de la segunda mitad del siglo XVIII, y el que se consagró más a fondo a una concreta reforma económica y social. Después de haberse afianzado brillantemente en la Sorbona, abandonó en 1751 la carrera eclesiástica, a la cual había estado inclinado, y se orientó hacia la administrativa. Colaboró con un grupo de enciclopedistas, y escribió diversos artículos para la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert; se relacionó, además, con los flsiócratas, y singularmente con su jefe, François Quesnay, aunque no compartía por completo el riguroso "esprit de système" de tales economistas. Una gran libertad, en efecto, lo mantuvo apartado de cualquier sistema esquemático abstracto; sus reformas, aun cuando inspiradas en las premisas de la fisiocracia, no quedaron encerradas en tales límites.

Intendente real de Limoges de 1761 a 1774, Turgot adquirió un conocimiento preciso de las exigencias económicas de la región, cuyas condiciones mejoró a través de una serie de audaces y adecuadas medidas, en las cuales quedaron comprendidas la abolición de las "corvées" y la sustitución de las mismas por prestaciones monetarias, que procuró distribuir con la mayor ecuanimidad. Al mismo tiempo favoreció las comunicaciones, la instrucción y el desarrollo agrícola e industrial, y llevó a cabo una intensa labor de socorro con motivo de las graves penurias de 1770 y 1771.

La capacidad con que desempeñó su cargo le valió, en agosto de 1774, el nombramiento de ministro de Hacienda del nuevo monarca, Luis XVI, dignidad que conservó hasta el mes de mayo de 1776. En el curso de estos dos años se entregó resueltamente a la ardua misión de la reorganización administrativa y del fortalecimiento del crédito público; proclamó la libertad de comercio del trigo, uno de los puntos fundamentales del programa de los fisiócratas; suprimió los gremios y luchó con dura intransigencia contra las sinecuras de los nobles y los abusos de la administración.

Todo ello provocó violentas reacciones, tanto por parte del pueblo, que atribuía a la supresión de los impedimentos comerciales una acusada subida de los precios de los productos agrícolas, como del lado de los intereses perjudicados. El Edicto del rey para la supresión de las "corvées" (1776), que escribió Turgot por encargo de Luis XVI, pretendía substituir las "corvées" (prestaciones obligatorias de trabajo para obras públicas del Estado) por un impuesto territorial; tuvo el apoyo del rey, pero fue rechazado por el Parlamento junto con otros cinco decretos que trataban de eliminar el control sobre los mercados, las pavordías y los patronatos. La caída de Turgot se hizo inevitable, y fue un acontecimiento fatal para la evolución sucesiva de la situación política, que desembocaría en la Revolución francesa.

Los principales textos del ilustre economista son El elogio de Gournay (1759), Reflexiones sobre la formación y la distribución de las riquezas (1766) y Cartas sobre la libertad de comercio del grano (1770). Turgot había trabado con Gournay una amistad que dejó profunda huella en su pensamiento y en sus directrices de reformador. Intencionadamente El elogio de Gournay se presenta como una nota biográfica, ofrecida como esquema a Marmontel para el "elogio" que también éste preparaba; en realidad resulta una completa exposición de la teoría de libertad del comercio que Gournay, en oposición al proteccionismo, había por primera vez estudiado y experimentado en el mismo ejercicio de su cargo de intendente. Aparecen en esta obra los motivos fundamentales del pensamiento de Turgot, formado no sólo bajo la influencia de Quesnay y de Gournay, sino también bajo la de los economistas ingleses, y dirigido siempre a conseguir una distribución más equitativa de los gravámenes fiscales y un beneficio mayor y más real para el erario público.

Escritas durante la época en que era intendente en Limoges, las Reflexiones sobre la formación y la distribución de las riquezas se publicaron en 1766 y tuvieron gran éxito; fueron traducidas al inglés y se reeditaron varias veces hasta después de su muerte. Este ensayo fue un preámbulo de orientación general para el planteamiento de algunas cuestiones sobre la economía francesa y apareció en la revista fisiocrática Éphémérides.

Las Reflexiones están divididas en cien apartados; los cincuenta primeros enuncian conceptos de la doctrina fisiocrática de Quesnay, que consideraba la tierra como única fuente de riqueza, y los otros cincuenta desarrollan, también según la orientación fisiocrática pero con mayor autonomía, las cuestiones relativas a la relación entre la producción agrícola y el consumo, relación que dará el índice del producto neto, es decir, de la riqueza, por el que es posible el pago de los impuestos y la subvención de la industria. Pero las industrias y comercios quedan rígida y fisiocráticamente excluidos de concurrir a la formación de la verdadera riqueza; libres del peso de los impuestos indirectos, que no debieran subsistir porque interceptan el libre cambio y la competencia, se convierten en elementos activos de la prosperidad económica del país. La obra anticipa la economía política como ciencia, fundada por Adam Smith con las Investigaciones sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones.

Póstumamente, en 1882, apareció la Correspondencia de Condorcet y de Turgot. Para su edición se partió de los autógrafos de la colección Minoret y los manuscritos del Instituto. Las cartas, cuyas fechas abarcan los años 1770-1779, documentan el ardor de los debates de entonces acerca de las cuestiones sociales y de las reformas. El marqués de Condorcet y Turgot muestran compartir las mismas ideas sobre la libertad del comercio, según el rumbo fisiocrático; ambos se oponen fuertemente a los derechos consagrados de la tradición y creen en el valor formativo de la educación. Su correspondencia trata de los argumentos de la vida económica y política tal como se discutían a la sazón. Por encima de la vivacidad de intereses, reflejo de la sociedad de su tiempo, se percibe con sus peculiares caracteres distintivos la fuerte personalidad de los autores: frente a un Condorcet violento y radical, revolucionario y republicano, espíritu irreligioso y fanático, Turgot muestra su talante prudente, espiritualista, tolerante y monárquico.

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