Ubayd Allah al-Mahdi

(Salamiyya, 862 - al-Mahadiyya, 934) Fundador de la dinastía fatimí, de credo sií, que reinó en el Magreb central (909-973) y posteriormente en Egipto (973-1171). La dinastía fatimí tomó su nombre de Fátima, hija de Mahoma y esposa del cuarto califa ortodoxo Alí, primo de Mahoma. El origen de la dinastía se remonta a los ismailíes, doctrina sií a la vez política y religiosa, filosófica y social, cuyos miembros creían a pies juntillas en la aparición de un mahdí (el guiado por Alá), descendiente de Mahoma por Alí y Fátima, que debería realizar la renovación del Islam y restablecer la justicia entre los hombres.

Fue precisamente Ubayd Allah, el jefe de esta secta sií en Siria, quien la sacó del ostracismo en la que se encontraba, constreñida por la doctrina sunnita ortodoxa. Ubayd Allah creó a su alrededor un potente cuerpo de misioneros, conocidos con el nombre de dais, encargados de propagar las doctrinas siíes en el mayor número posible de territorios islámicos. Uno de ellos, Abd Allah, enviado a África del norte, supo ganar para la causa de su señor a la tribu beréber de los kutama, gracias a los cuales consiguió contrarrestar la dominación aglabí y hacerse con el dominio de la provincia de Ifriqiyya, cuya capital Qairaouan cayó sin apenas esfuerzo.

Con las bases políticas y sociales bien asentadas, Abd Allah reclamó la presencia de su señor en la zona, quien, tras un épico viaje hasta el Magreb, en el que fue hecho prisionero por una tribu beréber y liberado por su lugarteniente tras el pago de un oneroso rescate, llegó a Qairaouan en el año 909, donde venció en una decisiva batalla a las fuerzas del último emir aglabí Ziyadat Allah III. El 5 de enero del año siguiente, Ubayd Allah entró solemnemente en la capital y tomó el título de mahdí y de amir al-muminin ('príncipe de los creyentes').

Al ostentar este último título, Ubayd Allah al-Mahdi se convirtió en rival del califa abasí de Bagdad, al que consideraba como un usurpador del califato, ya que el poder y la dirección religiosa de todo el Islam y su comunidad de creyentes debía recaer únicamente en los descendientes directos del profeta, esto es, en los fatimíes. Ubayd Allah al-Mahdi también se enfrentó por el control del Magreb occidental con los emires omeyas de al-Andalus, cuya respuesta, además de militar, se reforzó ideológicamente con la creación del califato andalusí en el año 929 por Abd al-Rahman III.

Ubayd Allah al-Mahdi aprovechó su situación de privilegio en África del norte, antes de la respuesta omeya andalusí, para forjar un ejército y una marina capaces de eliminar cualquier tipo de oposición armada en la zona y así preparar el camino para el objetivo primordial de la dinastía, dominar todo el mundo musulmán y eliminar el califato abasí de Bagdad.

Soberano enérgico, Ubayd Allah al-Mahdi sometió a todas las tribus beréberes que le fueron hostiles, incluso al jefe de los meknasa, Masala Ibn Habbus, que se convirtió en vasallo suyo y en su principal general, quien aportó al reino fatimí el territorio de Tahart. Ubayd Allah al-Mahdi, que residió en un primer momento en Qairaouan, mandó construir, en el año 916, una nueva capital en el golfo de Sirtes, a la que bautizó en su honor al-Mahadiyya. Como casi todos los emires o jefes tribales de la costa magrebí, patrocinó expediciones piratas para saquear las costas europeas, llegando hasta el norte de Italia, donde logró ocupar por un tiempo la ciudad de Génova y sembrar el terror en toda la zona.

Centrado en el territorio africano, Ubayd Allah al-Mahdi llevó a cabo muchas campañas con las que expandió considerablemente los territorios de su imperio. Su general Masala Ibn Habbus conquistó el reino de Nakur y también ocupó el reino idrisí de Fez, lo que ocasionó la pronta respuesta de los omeyas andalusíes ante el temor de ser invadidos por los fatimíes en su expansión hacia occidente. La intervención armada de los ejércitos omeyas de Abd al-Rahman III en el norte de África frenó en seco el triunfal avance territorial de los fatimíes en el Magreb occidental. Las tropas fatimíes sufrieron diversas derrotas de consideración en el intento por conquistar las plazas de Melilla y Ceuta.

A pesar de los múltiples intentos por vencer a los omeyas y sus aliados, Ubayd Allah al-Mahdi no consiguió recuperar los territorios occidentales perdidos, por lo que, después de la intervención cordobesa, sus dominios se redujeron al Magreb central y oriental. Ubayd Allah al-Mahdi encontró la muerte cuando se encontraba guerreando con la tribu beréber de los masgrawa, aliada de Córdoba. Fue sucedido por su hijo Abu al-Qasim.