Josefa Ugarte-Barrientos

(Josefa Ugarte-Barrientos y Casaux; Málaga, 1854 - 1891) Escritora española. Por el conjunto de su producción literaria y periodística, así como por su fecunda presencia en los principales círculos culturales del país durante la segunda mitad del siglo XIX, está considerada como una de las voces femeninas más destacadas de su tiempo. Es posible encontrar referencias a ella en los manuales y repertorios bibliográficos más antiguos, bajo el apelativo de Ugarte Casauz (o alguna otra variación de su complejo apellido), aunque para sus paisanos malagueños fue, durante toda su vida, "Pepita Barrientos".

Su pertenencia a una familia nobiliaria (muy influyente en la sociedad local de su tiempo, y bien situada económicamente) le permitió recibir desde muy temprana edad una completa formación humanística que, por aquel entonces, no se solía destinar a las mujeres. Era muy niña también cuando sintió el despertar de su vocación literaria, manifiesta primero en un soneto que escribió con motivo de la muerte de su madre, y, poco después, en una pieza dramática titulada Margarita, drama que estrenó en el Teatro Principal de Málaga el día 29 de mayo de 1870, es decir, cuando aún no había alcanzado los dieciséis años de edad.

Ya por aquel entonces había compuesto numerosos poemas -bien es cierto que de calidad más que dudosa, según reconocerá, en su madurez, la propia autora- en la hacienda familiar de "Rosacapillas", poemas que fueron conocidos por algunos literatos de su ámbito geográfico y premiados en diversos certámenes menores. Estos primeros éxitos literarios animaron a la joven Josefa Ugarte-Barrientos a concluir su segunda obra teatral, titulada El cautivo, que se estrenó también con notable éxito en su Málaga natal en 1871, en el Teatro Cervantes.

Alentada, pues, por la buena acogida de sus piezas dramáticas, escribió otras dos (El ramo de flores y El cruzado, ambas de 1874) y dejó tres títulos inconclusos (Jaime, El cristal roto, y un drama centrado en la figura de Cristóbal Colón). Pero no por ello abandonó el cultivo de la poesía, pasión que arrastraba desde su más tierna infancia, y que ya le había reportado numerosos galardones y reconocimientos en diferentes certámenes literarios y juegos florales.

A lo largo de diferentes períodos de estancia en Madrid conoció a los principales escritores de su tiempo -quienes dedicaron elogios a su creación literaria-, y fue invitada a participar en algunas veladas literarias de tanto prestigio como la convocada en los salones del Conde de Cheste, o la verificada en abril de 1885 en el Palacio del Presidente de la Real Academia Española.

En este último acto, el político y escritor catalán Víctor Balaguer dio lectura al célebre poema de Josefa Ugarte-Barrientos "El serventesio", una trova provenzal que causó honda impresión entre los autores allí reunidos, algunos tan destacados en el panorama literario de aquellos años como Gaspar Núñez de Arce, Ramón de Campoamor, Marcelino Menéndez Pelayo, Antonio Arnao y Pedro Antonio de Alarcón. En 1889, presentada por don Juan Valera, compareció en el Ateneo de Madrid para ofrecer una lectura de sus versos, seleccionados de dos de sus últimas obras: Páginas en verso (1882) y La estatua yacente (1889).

Su vida privada discurría también por senderos de notoriedad, pues en 1887 había contraído nupcias con un Grande de España, don Fernando de la Cerda, Conde de Parcent y de Contamina. Pero la felicidad conyugal habría de durar apenas cuatro años en el hogar de los condes de Parcent, ya que a mediados de marzo de 1891, víctima de una virulenta pulmonía, fallecía en su Málaga natal "Pepita Barrientos", en medio del dolor de sus convecinos, que le dedicaron un sentido homenaje póstumo en el Teatro Cervantes de dicha capital andaluza.