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Cuando volvió a Colombia, renovó totalmente el campo de la música en la capital de la república, y se convirtió en el más alto exponente de la cultura musical del país. Su extensa obra es casi toda para orquesta sinfónica, aunque también tiene música culta, obras para piano, obras corales y música de cámara. Entre sus composiciones destacan Del Terruño, Trescientos trozos de sentimiento popular, Bochica, Furatena (basada en leyendas de origen precolombino, 1940), Marcha Triunfal, Ceremonia indígena, Canción de paz, Días de la siembra y Primer nocturno. Después de dirigir la Academia Nacional de Música, fue Director del Conservatorio Nacional desde 1910 hasta 1935. Por su emérita labor, recibió varias distinciones nacionales, como la Cruz de Boyacá y la medalla cívica General Santander. Escribió además un Curso de armonía. |