Yao

Emperador de China, cuarto de los Cinco Emperadores Míticos, que vivió hacia el siglo XXI a.C. Los acontecimientos más relevantes de su reinado aparecen en el Shujing, primera compilación de textos históricos de China.

Por el hecho de que este libro no menciona a los emperadores anteriores, se suele citar a Yao como el primer emperador de la Antigüedad. Aunque su vida forma parte de la leyenda, los historiadores confucianistas, como Sima Qian, que le incorpora en sus anales, le consideran un personaje clave, por su particular "virtud" y su contribución a la civilización china.


El emperador Yao

Yao, al igual que su sucesor, Shun, ofrece un aspecto más humano que el de sus predecesores, aunque siga conservando una parte de los atributos divinos que caracterizaron a los primeros soberanos legendarios. La tradición le presenta como un ser de gran virtud, que supo implantar entre los hombres la piedad filial y el respeto a la jerarquía, al conseguir que reinara la concordia, primero en su propia familia, y luego entre los habitantes de todos los principados.

Una de sus primeras y más importantes aportaciones fue la creación de un calendario, que iba a permitir ajustar las actividades humanas al ritmo de las estaciones. Para ello contó con la ayuda de tres hermanos apellidados Xi y otros tres apellidados He, encargados de observar el cielo y establecer las reglas de cálculo que se podían aplicar al sol, a la luna y a los astros.

Ordenó al segundo de los Xi vivir en el Valle Luminoso, en el extremo oriental, para recibir al Sol Naciente, celebrar el equinoccio y determinar los trabajos de la primavera; mientras el segundo de los He debía residir en el Valle Oscuro, en el extremo occidental, acompañar al Sol Poniente, celebrar el segundo equinoccio y fijar las ocupaciones de los hombres en otoño. Al menor de los Xi le ordenó vivir en la Residencia Luminosa, en el extremo sur, celebrar el solsticio y establecer las tareas de verano; al menor de los He le impuso como misión habitar la Residencia Oscura, en el extremo norte, celebrar el solsticio y ordenar los trabajos propios del invierno. Entretanto, los mayores, se ocupaban en la corte de establecer el calendario oficial.

En esa leyenda se pueden apreciar los antiguos conceptos que fueron el origen de la teoría del Yin Yang, y que ilustran el carácter binario de la unidad espacial, temporal y soberana. Los cuatro hermanos menores de las dos familias se oponen en parejas antagónicas para dibujar una cruz simbólica, cuyas extremidades representan los cuatro puntos cardinales, las cuatro estaciones y las cuatro clases de trabajos, mientras sus mayores, asociados, ocupan el centro. Todos juntos representan el sol, imagen de la "virtud" del soberano, a la vez radiante y reguladora de las tareas humanas, múltiple y única.

El hecho de que el emperador Yao se limitase a enviar emisarios, mientras sus sucesores se ven en la obligación de desplazarse hasta las Cuatro Regiones para celebrar la llegada de las estaciones, será interpretado luego por los confucianistas como una degradación de la virtud primitiva. La promulgación del calendario, símbolo del tiempo renovado, en su primer año de reinado, y la inauguración de cada estación, se convertirán desde entonces en las tareas más importantes de los emperadores.

Bajo el mandato de Yao, Kuei, Ministro de Música, instauró los principios de la armonía, y Qi, encargado de la agricultura, enseñó a los hombres a trabajar la tierra. Gun, por su parte, tuvo que enfrentarse al Río Amarillo, cuyas aguas desbordadas arruinaban el país; pero, tras nueve años de trabajos, el ministro no fue capaz de conseguirlo.

Mejor suerte tuvo Yi, el arquero más famoso de la mitología china. La leyenda cuenta cómo un día aparecieron diez soles en el cielo que quemaron y secaron las plantas. Yao ordenó a Yi disparar sus flechas contra nueve soles. Este héroe ejemplar llegó a personificar una antiquísima tradición relacionada con el tiro al arco, que se asimiló a un acto ritual y sagrado en el que se demostraba la virtud personal de un arquero.

A la edad de setenta años, Yao quiso retirarse y buscó a la persona idónea para gobernar en su lugar. Exilió a su propio hijo Dan Zhu, un hombre degenerado, e hizo llamar a Shun, cuya piedad filial era conocida por todos. Decidió comprobar su virtud dándole a sus dos hijas en matrimonio. Tras asegurarse de su capacidad para dirigir los asuntos familiares, le sometió a otra prueba: le hizo dirigirse a un bosque, y Shun demostró allí su valor enfrentándose al trueno y al fuerte viento. Yao entonces abdicó, y Shun ocupó su lugar hasta la muerte del emperador, al que sucedió tras tres años de duelo.

Yao, al igual que los otros emperadores míticos, no fundó ninguna dinastía. Los primeros soberanos aparecen como individualidades aisladas, cuya virtud, mientras reinaban, se propagaba hasta las cuatro fronteras del imperio y expandía sobre los hombres su benéfica influencia.