Álvaro Yunque

(La Plata, 1889 - Tandil, 1982) Escritor argentino. Aunque su verdadero nombre era el de Arístides Gandolfi Herrero, firmó sus obras con el pseudónimo literario de Álvaro Yunque, con el que fue conocido dentro y fuera de su país natal. Humanista fecundo y polifacético, está considerado como una de las voces más significativas de la intelectualidad progresista argentina del siglo XX.


Álvaro Yunque en una imagen de 1965

Nacido en el seno de una familia acomodada -era hijo del milanés Adán Gandolfi y de la ciudadana argentina Angelina Herrero Palacios, nieta de un coronel rosista-, fue el mayor de ocho hermanos. En 1896, cuando el pequeño Arístides contaba siete años de edad, la familia Gandolfi-Herrero se afincó en Buenos Aires. En 1901 ingresó en el Colegio Nacional Central y siete años después Arístides Gandolfi Herrero se matriculó en la Universidad de Ciencias Exactas y Naturales de Buenos Aires para cursar estudios superiores de Arquitectura. Pero en 1913, cuando estaba a punto de licenciarse como arquitecto, abandonó sus estudios de arquitectura para consagrarse de lleno al periodismo y al cultivo de la creación literaria.

Desde comienzos de la década de los años veinte, Arístides Gandolfi ejerció como uno de los más bulliciosos animadores de la vida cultural bonaerense. Adscrito primero a la denominada "Generación del 22", pasó luego a convertirse en una de las figuras centrales del "Grupo Boedo", un colectivo de escritores que, desde los planteamientos estéticos del realismo y la ideología izquierdista, propugnaba que el arte había de cumplir una función social, en contra de los postulados de otros grupos argentinos contemporáneos. Como Álvaro Yunque difundió sus primeros poemas y relatos a través de la editorial de la revista Claridad. Simultáneamente, participaba de un modo activo en el periodismo progresista, con frecuentes y polémicas colaboraciones en los principales rotativos y revistas de la izquierda argentina.

Hacia 1940, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, comenzó a interesarse vivamente por el pasado histórico argentino, al tiempo que hacía pública su activa militancia antifascista. La dirección del rotativo El Patriota le condujo a la cárcel y al destierro, por lo que convivió en Montevideo con numerosos exiliados argentinos.

Entre 1961 y 1975, Álvaro Yunque continuó escribiendo nuevos poemarios, relatos y estudios históricos que, publicados junto a otras reediciones de sus obras anteriores, le convirtieron en uno de los autores más prolíficos de la Literatura argentina. Pero sus posiciones políticas y su reivindicaciones sociales no eran del agrado de los dirigentes de la dictadura militar implantada en Argentina en la década de los setenta, por lo que en 1977 sus nuevas obras fueron censuradas y se prohibió la difusión de sus antiguos escritos, muchos de los cuales fueron echados a la hoguera. Discretamente recluido en la ciudad de Tandil, murió a comienzos de 1982, aún en pleno período dictatorial, cuando contaba noventa y dos años de edad.

En líneas generales, la producción literaria, ensayística y periodística de Álvaro Yunque parte de una concepción maniquea de la sociedad contemporánea, en la que la convivencia entre dos grandes grupos humanos -el de los explotadores y el de los explotados- acentúa las injusticias y rompe la armonía, la paz y la igualdad a las que aspira el autor. Los conflictos sociales y culturales que Yunque conoció a lo largo de toda su vida, enmarcados en un momento histórico en el que surgieron en Argentina el populismo de izquierdas y la conciencia progresista, le llevaron a veces a simplificar en extremo la problemática de la lucha de clases.

Dentro de esa predilección por la temática urbana, la prosa de ficción de Álvaro Yunque se adentra en los terrenos resbaladizos del suburbio para poner de manifiesto la violencia, la injusticia y la desigualdad a las que se ven sometidos los integrantes más bajos del escalafón social; entre ellos, las víctimas más inocentes -y las que sufren en mayor grado los efectos de los explotadores- son los chicos de barrio, esos niños de la calle que se convierten en protagonistas de unas historias en las que el grito airado de protesta se funde con la mirada solidaria y compasiva del autor platense.

A pesar del éxito alcanzado con sus relatos en prosa, Álvaro Yunque siempre antepuso su condición de poeta a la de narrador, y prefirió que le recordaran por sus versos antes que por sus cuentos, sus ensayos, sus artículos periodísticos o sus piezas teatrales. En la vasta producción poética del escritor platense se aprecia un hilo conductor que, enraizado en su condición de poeta del pueblo, recorre los registros coloquiales del habla argentina para convertir en lenguaje poético los giros populares de su tierra. El tema de la condición humana, tan presente en el resto de la producción literaria de Álvaro Yunque, cobra en su acento lírico un singular protagonismo.

Respecto a su producción teatral, el propio Yunque clasificó sus obras en los siguientes apartados temáticos: teatro para la imaginación, para la revolución, para sonreír y pensar, para que el espectador se reconozca, para la emoción, y para reírse de uno mismo. De esta tipología se infiere que el escritor platense cultivó casi todos los géneros teatrales conocidos, desde la farsa hasta el drama, pasando por el teatro del absurdo, la comedia y el teatro infantil y juvenil; además, muchos de sus relatos fueron dramatizados y puestos en escena por parte de algunos de los grupos independientes con los que Yunque mantuvo una fructífera relación.

En su faceta de ensayista, Álvaro Yunque también mostró la amplia variedad de sus conocimientos e inquietudes, por medio de numerosos volúmenes que abarcan temas y materias tan diversos como la pedagogía, la historia de la literatura argentina, la denuncia político-social, etc. Capítulo aparte merecen sus estudios históricos, iniciados cuando estaba ya próximo a cumplir el medio siglo de existencia, y concebidos como un intento exigente y riguroso de interpretar la historia de su nación a través de un prisma sociológico.