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Doce cuentos peregrinos

Publicada en 1992, esta recopilación de cuentos del escritor colombiano Gabriel García Márquez tuvo una extraña génesis: se inspiraron en un sueño que tuvo cuando residía en Barcelona. "Soñé que asistía a mi propio entierro, a pie, caminando entre un grupo de amigos vestidos de luto solemne...", cuenta el autor.

Por fortuna para los lectores, no se trataba de un sueño premonitorio. Pero sí anunciaba esa aura de melancolía profunda que impregna los mundos de García Márquez y que tan exactamente se plasma en el primero de los cuentos, Buen viaje, señor presidente, cuya atmósfera de ternura envuelve la soledad de un antiguo gobernante caribeño que ha vuelto a Ginebra para buscar solución médica a los dolores que padece. Acaban de darle un diagnóstico y permanece sentado a la orilla del lago ("siempre pensando en la muerte, cuando empezó el otoño") hasta que, aterido, se refugia en la cafetería donde un cuarteto de cuerda toca un Mozart premonitorio.

Allí se toma un café, saltándose las prescripciones médicas y, sl salir, descubre que alguien le sigue. Le interpela: se trata de un compatriota, Homero Rey de la Casa, un chófer de ambulancias del hospital donde acaba de visitarse. Comen juntos y, el jueves siguiente, Homero invita al presidente a cenar en su casa.

La situación económica de Homero y de Lázara, su mujer, es precaria. Pensaban que podrían sacarle algún provecho a su relación, pero, a la postre, serán ellos los que ayudarán al anciano presidente. Cuando sale del hospital, ya operado, lo recogen en su casa y lo cuidan unos meses hasta que finalmente, más o menos restablecido, marcha a Marsella para embarcar de vuelta al Caribe.

Los cuentos que siguen, todos ellos autónomos, forman no obstante una unidad basada en la estructura, el ritmo, el estilo y el carácter de alguno de los personajes, a través de lo cual se adivina la profunda elaboración de cada relato. En La santa, un padre intenta que el Papa santifique a su hija y trajina por Roma su cadáver, que se conserva milagrosamente incorrupto. El cadáver aterroriza a una prostituta y a la dueña de la casa, que lo toma por el fantasma de la amante de un oficial alemán. Nadie cree en el prodigio, salvo el cineasta Zavattini, quien piensa que el tema daría para hacer una gran película, pero debe enfrentarse a la resistencia de ayudantes y productores: "Es lo que más me jode de los estalinistas, que no creen en la realidad". Pero los estalinistas no son los únicos. Margarito Duarte, el padre, consume su vida en Roma, llegando a asistir a la muerte de cinco papas, sin que ninguno de ellos ni sus vanas promesas hagan posible que el Vaticano acepte canonizar a la niña muerta.

En El avión de la Bella Durmiente, la enigmática Frau Frida vive en Viena de su único oficio, alquilarse para soñar, y cuando ella y Pablo Neruda coinciden en Barcelona, ambos sueñan mutuamente el uno con el otro. Este rasgo tan propio de la temática de García Márquez, bucear en la mente más allá de los habituales límites de la consciencia y el inconsciente, caracteriza también "Sólo vine a hablar por teléfono", una dramática historia en que la muchacha protagonista, María, entra en un manicomio para hablar por teléfono y, kafkianamente, es retenida allí.

Rasgo común, también, de todos los relatos reunidos en estos Doce cuentos peregrinos es su singular perspectiva, una forma peculiar de mirar que, lo mismo que al autor, le hace preguntarse al lector dónde termina la vida y dónde empieza la imaginación. Pero en ese límite incierto entre la realidad y la ficción en que se adentra García Márquez, el lector, una vez más, es seducido por su maestría narrativa.
 

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