Louis Malle

(Thumeries, 1932 - Los Ángeles, 1995) Director de cine francés. Alumno de los jesuitas en Fontainebleau y graduado en ciencias políticas en la Universidad de la Sorbona, Louis Malle había nacido en una familia de siete hermanos, descendiente de un noble francés que había hecho su fortuna durante las Guerras Napoleónicas. El joven Louis se interesó pronto por la fotografía y la imagen. En un principio su familia no vio con buenos ojos que se dedicara al cine, pero logró completar su educación en el Institute Des Hautes Études Cinematographiques (IDHEC).


Louis Malle

Como fotógrafo conoció a Jacques Cousteau, se enamoró de su proyecto y se embarcó en el Calypso para convertirse, según palabras del propio Cousteau, en el mejor cámara submarino que había tenido jamás. De su trabajo conjunto surgió Le monde du silence, que se convirtió en la primera película de Malle como director, aparte de su labor como director de fotografía, y que le hizo ganar un Oscar al mejor documental y la Palma de Oro al mejor director, compartida con Jacques Cousteau.

La carrera de Malle, que se extiende a lo largo de casi cuarenta años, se beneficiaría también de sus aportaciones como guionista y actor. La necesidad de escribir los guiones procedía en su caso tanto del establecimiento de su filosofía como de algún ejercicio autobiográfico. Desde Los amantes (1958) hasta Herida (1992), Malle expresaría su concepción de la sexualidad, sobre todo de la femenina, con distintas reacciones por parte del público y de la crítica a lo largo de las épocas. A causa de su militante ruptura de los tabúes eróticos, topó con casos como el ocurrido en 1968, en el que el Tribunal Supremo de Estados Unidos acusó de obscenidad a una sala de Ohio que proyectaba Los amantes. Quizá esta fuera la razón principal por la que Malle se mostró tan reacio a introducirse de lleno en el ambiente hollywoodiense.

Ya había rodado algunos de sus títulos más significativos, como Zazie en el metro (1960) o El soplo al corazón (1971), que le valió una nominación al Oscar en el apartado de mejor guión original, cuando viajó a Estados Unidos. Allí conoció a la actriz Susan Sarandon, con quien inició una relación que les llevaría a colaborar en títulos como La pequeña (1978), cuya banda sonora fue nominada al Oscar, o Atlantic City (1980), que obtuvo tres nominaciones a los Globos de Oro y cinco al Oscar, aunque no llegó a conseguir ninguna estatuilla. Su relación con Sarandon, sin embargo, fracasó tempranamente, y Malle comenzó además a encontrar dificultades para rodar. Después de Atlantic City realizó tres películas que le brindarían la oportunidad de dirigir a Ed Harris, Sean Penn y Donald Sutherland, y dos largometrajes para televisión, God's Country y And the Pursuit of Happiness, a los que también prestaba su voz como narrador.


Adiós, muchachos (1987)

El regreso a Francia tuvo un doble significado: el reencuentro con el cine europeo y consigo mismo. Adiós, muchachos (1987) le ofreció la oportunidad de exorcizar su propia experiencia de la ocupación alemana de Francia durante la Segunda Guerra Mundial. La historia se desarrolla en 1944, en un colegio católico que refugia a niños judíos. El hecho autobiográfico, lejos de hacer caer a Malle en una sucesión de acontecimientos dramáticos, refleja una historia conmovedora, más por lo que se adivina tras las miradas que por lo poco que llega a hacerse explícito en la narración. Cuentan que Louis Malle lloró la noche del estreno, lo que da una idea de su implicación directa con la historia. Adiós, muchachos obtuvo dos nominaciones al Oscar en los apartados de película y guión y una a los Globos de Oro como mejor película extranjera. En Europa serían más generosos: ganó el Félix al mejor guión y el León de Oro reconoció a Malle como mejor director.

Sus tres últimas películas son relatos completamente distintos. La cercanía de la enfermedad que había de acabar con su vida no mermó ni un ápice su pasión. Milou en mayo (1989) recogía, muchos años después, el espíritu de Mayo del 68, que Malle se apresuró a reivindicar, no exento de humor, como algo visceralmente francés. Con Herida (1992), basada en la novela de la irlandesa Josephine Hart, su discurso se tornó inquietante, escondiendo detrás de cada imagen ese peligro que exhibe la frase más ilustrativa del guión: "Las personas heridas son peligrosas; saben que pueden sobrevivir". Completamente convencido de que en esta historia la imagen anularía las palabras, eligió a una actriz, Juliette Binoche, dotada de la virtud de hacer que su presencia y su mirada interpretaran por ella. Pero fue la británica Miranda Richardson quien obtuvo sendas nominaciones al Oscar y a los Globos de Oro como mejor actriz secundaria.

Malle cerró su filmografía sin pretenderlo con Vanya en la calle 42 (1994), una historia sobre el teatro que tenía como eje principal el temor de los personajes a haber malgastado sus vidas. Nada parece casual; se le había diagnosticado un cáncer que afectaba a las glándulas linfáticas, y, tras penosos sufrimientos, murió el 23 de noviembre de 1995 en Beverly Hills, California, junto a la que había sido su mujer desde 1981, Candice Bergen.

Aun teniendo claro cuáles debían ser las constantes de su obra, Louis Malle buscó incansablemente la variedad, cultivando desde el western cómico hasta el drama autobiográfico. No fue nunca un director estricto; confiaba en que la aportación de los actores ampliaría la visión de su trabajo. Se enfrentó a las variaciones sobre el sexo prohibido, incluyendo el incesto (El soplo al corazón) y la prostitución (La pequeña) en su repertorio, y se rodeó de los profesionales más prestigiosos. Su aportación a la "Nouvelle vague" pasó por corroborar la concepción de una nueva moral. El cine europeo le debe uno de sus nombres clave, y el cine americano puede dar gracias por el tiempo que le dedicó.

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