Baruj Benacerraf

(Caracas, 1921) Médico estadounidense de origen venezolano que, junto a George Snell y Jean Dausset, obtuvo en 1980 el Premio Nobel de Medicina y Fisiología por sus descubrimientos en el campo de la inmunología. Interesado en el estudio de la base genética de la respuesta inmunológica, es decir, de la reacción del organismo al ataque de proteínas extrañas, analizó los genes de la histocompatibilidad, demostrando que determinan la interacción de múltiples células entre sí de forma compleja.

De ascendencia judioespañola, su padre, nacido en el Marruecos español, se dedicó en Venezuela al comercio textil. Su madre, nacida en la Argelia francesa, lo educó en la cultura gala que, como él señaló, tan honda influencia tuvo en su vida. En el año 1925 la familia se instaló en París, donde vivieron hasta 1939. De vuelta a Venezuela los padres decidieron enviar a Baruj a estudiar a Nueva York, donde completó con excelencia sus estudios preliminares en la Universidad de Columbia (1940-1942) y tomó la decisión de estudiar medicina, en lugar de seguir el camino familiar de los negocios.

De aquí y de allá obtuvo negativas de las facultades, hasta que George Bakeman, el padre de un amigo, lo ayudó a entrar en la Universidad de Virginia. Ese mismo año, debido a la participación de Estados Unidos en la guerra, fue reclutado junto a otros estudiantes de la facultad en un programa de entrenamiento médico intensivo en "tiempos de guerra" y, por esta vía, al año siguiente obtuvo la ciudadanía estadounidense. El mismo año de su cambio de nacionalidad, Benacerraf cambió de estado civil al contraer matrimonio con la estudiante y refugiada francesa Annette Dreyfus, a quien conoció en Columbia.

En 1945 obtuvo el título de médico y trabajó como interno en el Queens General Hospital de Nueva York. Aunque la guerra terminó, siguió a la orden del ejército y fue nombrado al año siguiente teniente del Cuerpo Médico Militar y asignado primero a París y luego a Nancy, ciudad al nordeste de Francia, donde se reunió con su esposa y vivió hasta 1947. Aquel año finalizó su servicio y volvió a Nueva York.

Benacerraf decidió entonces dedicarse a lo que realmente le interesaba, la investigación inmunológica y los mecanismos de hipersensibilidad. Se entrevistó con gran cantidad de médicos y, finalmente, tras una invitación de Elvin Kabat para trabajar en los laboratorios del Instituto Neurológico de la Universidad de Columbia, se inició como científico en febrero de 1948.

Corría el año 1949 y varios episodios familiares cambiaron la brújula del médico: nació su hija Beryl y sus padres se trasladaron de Caracas a París, donde ya vivía la familia de su esposa Annette. Su padre sufrió una apoplejía que lo dejó inválido, por lo que Baruj tuvo que asumir también parte de los negocios familiares en Venezuela.

Por todas estas razones consideraron que era oportuno dejar Nueva York para instalarse en la capital francesa, donde Benacerraf aceptó la propuesta de formar parte del equipo de investigadores del Laboratorio Bernard Halpern del Hospital Broussais durante seis años. La imposibilidad de establecer su propio laboratorio y desarrollar al cien por ciento su carrera en Francia lo llevó de nuevo a hacer sus maletas y emprender la vuelta a los Estados Unidos.

En 1956 Benacerraf investigó en la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, donde retomó y amplió sus estudios de mecanismos hipersensibles y trabajó con un repertorio impresionante de especialistas en distintas áreas de la inmunología. La universidad era un hervidero de ideas en ese terreno y abrió el camino para las investigaciones que más tarde lo llevaron a identificar y definir el funcionamiento a través del estudio de animales de los genes que crean anticuerpos, por lo que obtuvo el Premio Nobel.

En la misma universidad se encargó también de la Cátedra de Patología y preparó a científicos; la formación de los jóvenes investigadores y la puesta en marcha de un espacio interdisciplinario de debate e intercambio de ideas que diera lugar a una verdadera comunidad científica fue una de sus principales metas. Por ello, aunque aceptó en el año 1968 la dirección del Laboratorio de Inmunología en Bathesda, por las ventajas que ofrecía para sus estudios, lo abandonó al poco tiempo, en 1970, por la cátedra de Patología en la Universidad de Harvard, apelando a su necesidad de tener contacto con las nuevas generaciones de científicos y de estar en el centro de la discusión universitaria.