Adolf Hitler

Para entender las causas que provocaron la Segunda Guerra Mundial hay que comprender cómo se desarrollaron las relaciones internacionales en el período de Entreguerras (1919-1939), etapa marcada por las consecuencias del Tratado de Versalles y por la crisis económica de 1929. Fue principalmente en Alemania donde se dieron una serie de circunstancias económicas y sociales que favorecieron el desarrollo del fascismo alemán. Todos los países establecieron, a raíz de la crisis económica del 29, políticas de intervención del Estado en sus economías. Pero fue en los regímenes totalitarios, por razones de desarrollo demográfico, y en especial en Alemania, donde el espacio vital se vio vinculado al sentimiento ultranacionalista. Este hecho es consecuencia clara del tratado de Versalles que, con el tiempo, desembocó en la política expansionista alemana que provocó la Guerra.

Los historiadores están de acuerdo en el protagonismo de Hitler como causante de la guerra. No hay que olvidar que el Führer hizo uso del poder que le daba su constitución para actuar como jefe de las Fuerzas Armadas (Wehrmach) y organizar un Alto Mando de las Fuerzas Armadas sobre el que mandaba. Hitler logró la unión con Austria (Anschluss) y la adquisición de los Sudetes, lo cual fue admitido por las democracias occidentales en la conferencia de Munich (1938), negociaciones que fueron objeto de muchas críticas por parte de los países europeos, especialmente dirigidas a Chamberlain, primer ministro británico. El siguiente paso, la ocupación del llamado corredor de Dantzig, fue el acontecimiento que provocó la Segunda Guerra Mundial.

Los ejércitos

Las democracias occidentales no habían firmado alianzas formales que las unieran ante el peligro alemán, aunque existieron pactos tras la llegada de Hitler al poder como el malogrado pacto de Stressa. Cada uno de los futuros aliados contra el Eje (Roma-Tokio-Berlín), había desarrollado de forma radicalmente distinta sus medios bélicos: Francia mejoró y desarrolló su sistema de trincheras (la famosa línea Maginot), previendo una guerra de posiciones como en la Primera Guerra Mundial, pero este sistema de trincheras no iba más allá de Holanda y Bélgica, pues confiaba en su neutralidad.


Hitler en un desfile

Por lo que respecta a Gran Bretaña, no desarrolló un arma que se convertiría en vital (como, por ejemplo, fue el portaaviones), pero acertó en dos armas fundamentales: el radar y la aviación. La URSS, por su parte, contaba con sus enormes recursos humanos; el otro gigante mundial, Estados Unidos de América, al comienzo de la guerra no mantenía una gran capacidad militar, pero enfocó su producción industrial a la fabricación de armas, entre ellas, portaaviones, acorazados y bombarderos.

En el caso alemán, los términos del tratado de Versalles exigían la desmilitarización del país, lo que hizo que se deshicieran del armamento antiguo; por ello, cuando Hitler vio en el ejército y la industria de guerra el medio para incentivar la producción, absorber el paro y favorecer su política anexionista, orientó la política económica de Alemania hacia la producción de armas modernas, especialmente tanques y aviación. Aunque desechó la fabricación de portaaviones y otros barcos de superficie, construyó una enorme flota de submarinos. No hay que olvidar que Alemania contaba con un gran desarrollo económico y un importante potencial técnico, tanto en la metalurgia como en la industria química y eléctrica, de gran aplicación en la industria de guerra. Sin embargo, el punto débil de Alemania y decisivo en el desarrollo de la guerra fue su falta de ciertas materias primas indispensables, entre otras, el hierro.

La invasión de Polonia y de Europa occidental

Una vez que Alemania firmó el pacto de no-agresión con la URSS de Stalin, Hitler se vio con fuerzas para continuar con su política expansionista, anexionándose el corredor de Dantzig que separaba los territorios de Prusia del resto de Alemania. Tras esta invasión del territorio polaco (septiembre de 1939), Alemania ocupó Posnania, la Alta Silesia y, más tarde, el resto del territorio polaco.


Hitler anuncia la invasión de Polonia en el Reichstag

En esta invasión se llevó a cabo un nuevo sistema táctico conocido a partir de entonces como Guerra relámpago: en ella se empleaban importantes recursos armamentísticos, sobre todo divisiones de tanques, que impedían una respuesta rápida y efectiva del enemigo. Entretanto, la URSS, de acuerdo con una cláusula secreta del tratado germano-soviético, ocupó la zona oriental de Polonia, territorio que había pertenecido a la Rusia zarista.

Tras la ocupación de Polonia, Alemania recibió un ultimátum de Francia y Gran Bretaña. En el tratado de Munich sobre la cuestión de los Sudetes se habían comprometido a defender a los polacos de una agresión similar, la cual era previsible según el programa político nazi. Al no aceptarlo Alemania, los aliados le declararon la guerra. En ese momento, yendo más allá del pacto con Alemania, Rusia comenzó la ocupación de los territorios del Báltico y Finlandia, con gran recelo por parte de Hitler.

Alemania, antes de comenzar la guerra y pensando en los efectos de un bloqueo similar al llevado a cabo por los aliados durante la Primera Guerra Mundial, se afanó en fomentar la autarquía económica (autosuficiencia y poca dependencia del exterior). Pero no podía crear todos los productos por sustitución y, por ejemplo, el hierro era un material imprescindible para su industria de guerra. Dependía del hierro escandinavo, por lo que comenzó la ocupación de Dinamarca y Noruega a partir de 1940, al mismo tiempo que se iniciaba la campaña occidental: invadió Francia a través de Bélgica y Holanda, haciendo inútil la línea defensiva francesa (línea Maginot), pues la acción se llevaba a cabo mediante una maniobra envolvente con uso masivo de divisiones de tanques (Panzer) y unidades especializadas como la aviación (Lufftwaffe) y paracaidistas que destruían puntos claves.

Los gobiernos de los países ocupados se trasladaron a Londres. Hitler puso en su lugar gobiernos proalemanes (colaboracionistas) y estableció un nuevo método de administración y ocupación. Así, pues, las tropas alemanas lograron llegar hasta el Canal de la Mancha pero, inexplicablemente, se detuvieron durante dos días en su avance, dando tiempo a que franceses e ingleses pudieran reembarcar sus efectivos hacia Gran Bretaña.

Más tarde, Alemania logró ocupar la parte norte de Francia, momento en el que el mariscal Pétain se hizo con el poder de Francia y pactó con Hitler un armisticio. De esta forma, Francia quedó dividida en dos: una zona ocupada, que daba a Hitler el control de toda la fachada atlántica y de la capital, y una zona de jurisdicción francesa que tuvo su sede de gobierno establecida en Vichy. Mientras tanto, el general Charles de Gaulle, que no aceptó este pacto, organizó desde Londres la resistencia interior a través de la radio, lanzando consignas de un Comité Nacional de franceses libres.


Hitler y Mussolini

Con la claudicación de Francia tan sólo quedaba Gran Bretaña, a cuyo frente se colocó un gobierno de coalición presidido por Churchill, que prometió resistir a costa de sangre, sudor y lágrimas. La invasión de las islas por parte de Alemania (la batalla de Inglaterra) fue imposible, pues los aliados contaban con el uso de un arma fundamental: el radar. Alemania no poseía ni una marina poderosa ni, ahora tampoco, el dominio del espacio aéreo. Mientras tanto, aprovechando la campaña alemana en el oeste, la URSS consiguió recuperar todos los territorios que cedió el gobierno en la paz de Brest-Litovsk de 1918.

La guerra en el norte de África y la invasión de los Balcanes

Una vez que Francia firmó el armisticio, Mussolini decidió que Italia entrara en la guerra para satisfacer sus ambiciones territoriales en los Balcanes y el norte de África. En Otoño, Italia ocupó Grecia desde Albania, pero griegos y británicos lograron rechazarles. En el norte de África trató de ocupar Egipto desde su colonia de Libia, pero fueron igualmente rechazados.

Hitler, que ya pensaba en el ataque a la URSS, tuvo que desviar parte de sus tropas y medios en ayuda de su desastroso aliado. En el norte de África, Rommel, jefe de los Africa Korps (tropas mecanizadas del desierto), logró llegar a la ciudad egipcia de El Alamein, donde las tropas del británico Montgomery lograron rechazarles debido a la inferioridad en tanques y a la escasez de combustibles y alimentos. En los Balcanes, las tropas alemanas trataron de solucionar los problemas italianos y ocuparon la zona para asegurarse el suministro de petróleo rumano. Las naciones balcánicas (Rumania, Bulgaria, Hungría) decidieron adherirse al Pacto Tripartito, firmado entre Alemania, Italia y Japón en 1940 y conocido como el eje Roma-Tokio-Berlín. Alemania culminó la ocupación de los Balcanes con la invasión de Creta en 1941.

La invasión de Rusia

A pesar de que Alemania y la URSS tenían un pacto de no-agresión, las anexiones efectuadas por Stalin molestaron enormemente a Hitler. Alemania no quería renunciar a su espacio vital y, a la vez, veía como su mayor enemigo al sistema bolchevique; por ello, Hitler preparó concienzudamente la Operación Barbarroja para conquistar la URSS y, más tarde, abatir el poderío británico en Oriente Medio. En julio de 1941 se inició la campaña de Rusia, a la que fueron enviados tres cuerpos de ejércitos: hacia el norte (Leningrado), hacia el centro (Moscú), y hacia el sur (Ucrania). Los rusos firmaron un acuerdo con los británicos y al mismo tiempo trasladaron su industria hacia el interior para que no cayera en manos alemanas.

Pearl Harbour: Estados Unidos entra en la guerra

Los americanos, que en un primer momento quisieron mantenerse estrictamente neutrales, comenzaron paulatinamente a servir a los intereses de los aliados, hecho que se hizo patente cuando Roosevelt, presidente de Estados Unidos de América, logró que el Congreso aprobase la ley de Préstamo y Arriendo que permitió a los Aliados surtirse de todo tipo de materiales y armas sin tener que pagar en el momento de la compra. Se estaba ayudando con todos los medios económicos a la lucha contra Alemania.

Por otra parte, Japón comenzó a ocupar las colonias británicas, francesas y holandesas en el Pacífico y Oriente con apoyo, en muchos casos, de nacionalistas indígenas. Japón necesitaba espacio vital pero también precisaba de los suministros que Estados Unidos le negaba al apoyar a China, país que estaba en conflicto contra el imperio del Sol Naciente. La intervención de Estados Unidos parecía inminente, pero Japón quiso dar un golpe sorpresa y, sin previa declaración de guerra, bombardeó la base naval de Pearl Harbour (Hawaii). Los nipones contaban con un pacto anterior de no-agresión con Rusia y comenzaron a ocupar, sin mayores problemas las islas del Pacífico (Filipinas, Tailandia, Birmania...), que se añadían a las anteriores conquistas de Indochina e Indonesia.

Debido a ello, Estados Unidos declaró la guerra a Japón y, poco después, a Italia y Alemania, universalizándose definitivamente el conflicto. La entrada en guerra de los norteamericanos marcó la diferencia: no sólo era la mayor potencia económica e industrial sino que no tenía que gastar dinero en defender su territorio. Fabricó para la guerra 86.000 tanques y 300.000 aviones.

La contraofensiva de los aliados

Hasta mediados de 1942 los alemanes llevaron la iniciativa en las campañas bélicas pero, a partir de 1943, comenzaron las primeras victorias aliadas: en el Pacífico, los ataques japoneses a las bases americanas de Midway y Guadalcanal fueron detenidos, mientras en el Atlántico la producción de barcos y submarinos de los aliados aventajaba el esfuerzo alemán.

En el norte de África, las tropas de Rommel fueron derrotadas por el desembarco de Eisenhower en Marruecos y Argelia y por la ofensiva de Montgomery en Egipto, que inició, acto seguido, el desembarco en Italia. En el frente soviético, las tropas alemanas fueron derrotadas en Stalingrado a pesar de contar con las mejores tropas.

El peso de la ofensiva recayó sobre las tres grandes potencias: URSS, Estados Unidos de América y Gran Bretaña. Los frentes orientales y el Pacífico quedaron reservados a los rusos y americanos respectivamente; mientras, en Europa occidental y en África, americanos y británicos se pusieron de acuerdo sobre la estrategia a llevar a cabo y se impuso finalmente la de aquéllos por la superioridad de sus efectivos. La iniciativa de ataque en Europa fue americana, y en el norte de África, británica.


Batalla de Stalingrado

Tras ser derrotado en 1943 el Africa Korps, se produjo el desembarco de los franceses en Sicilia para pasar a la península italiana desde el sur y hacia el norte. A continuación, fue hecho prisionero Mussolini, se transformó el sistema político e Italia declaró la guerra a Alemania. Por entonces, los aliados comenzaron el bombardeo sistemático de Alemania para desmoralizar y destruir puntos vitales.

Pero el ataque decisivo se produjo desde Inglaterra, con el desembarco de Normandía, mientras los soviéticos hacían retroceder a los alemanes y liberaban Europa oriental y central con el apoyo de las guerrillas de resistencia. Occidentales y soviéticos confluyeron en Berlín, pero la entrada en la ciudad fue reservada para las tropas de Stalin, que en mayo de 1945 tomaron la capital, días después del suicidio de Hitler.

En el Pacífico, la ofensiva contra Japón fue dirigida por los generales MacArthur y Nimitz, que conquistaron posiciones en la zona haciendo frente a la resistencia que opusieron los japoneses y sus kamikazes. La entrada en la guerra contra Japón por parte de la URSS produjo el lanzamiento de la bomba atómica en Nagasaki e Hiroshima, como medio para lograr la capitulación de Japón. La firma se produjo en el buque norteamericano Missouri, ante MacArthur. La guerra terminó el 2 de Septiembre de 1945.

Un nuevo orden

Poco después de que estallara la guerra, los beligerantes comenzaron a preparar la paz: los del Eje según sus proyectos imperialistas y autoritarios y los occidentales de acuerdo a unos principios democráticos y de libertad de los pueblos. Entre las conferencias preparatorias destaca la Carta del Atlántico (agosto de 1941), donde Churchill y Roosevelt definieron sus objetivos comunes: paz justa y destrucción de la tiranía nazi. Igualmente, las Conferencias de Yalta y Potsdam hablaban de estos fines, cediendo la zona liberada por los soviéticos a éstos mientras la occidental quedaba bajo la influencia de los Aliados. Alemania quedaría dividida en cuatro partes administradas, respectivamente, por Inglaterra, la URSS, Estados Unidos y Francia.

La consecuencia no prevista de estas conferencias fue la creación de dos grandes potencias, Estados Unidos y la URSS, que comenzaron a dominar los asuntos mundiales a costa de Gran Bretaña y, en general, de toda Europa. Por otro lado, la guerra provocó el movimiento descolonizador y la división del mundo en dos bloques, establecidos por el hecho de decantarse los nuevos países por la influencia occidental o la soviética. Los grandes derrotados comenzaron a recibir la ayuda política y económica de los aliados y fueron integrándose en el bloque occidental.