Alberto Blest Gana

(Santiago, 1830 - París, 1920) Narrador y diplomático chileno. Fue el primer gran novelista chileno, adscrito desde sus inicios al naturalismo, movimiento que dominó el panorama literario de su país entre finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Hermano del poeta Guillermo Blest Gana, se inició en la carrera militar y tras recibir el despacho de subteniente fue enviado a París a completar estudios. Regresó a Chile en 1851, siendo destinado a ejercer de profesor de topografía en la Escuela Militar. Poco tiempo desempeñó la profesión para la que había estudiado, ya que pronto se inició en la política y la diplomacia. Así, fue intendente en Colchagua, diputado y ministro de Chile en Francia.

Tal vez influido por su hermano Guillermo, o por el ambiente del momento, Alberto Blest Gana se inició literariamente en la poesía, pero la lectura de la obra de Balzac lo decidió por la novela, género para el cual se creía mejor dotado.

Su primera novela fue Una escena social, publicada en forma de folletín en el periódico literario El Museo, en 1853. En ella ya se aprecia el influjo del naturalismo, lo que le ocasionó no pocas críticas, particularmente del ámbito religioso; la Iglesia no aceptaba todavía que en una creación artística se hablara de amantes, relaciones extramatrimoniales y violaciones.

Después, en 1855, publicó Engaños y desengaños y Los desposados, ambas en La Revista de Santiago. La creatividad de Alberto Blest era fecunda en su juventud; así, en el año 1858, daba a la imprenta otras dos novelas: El primer amor y La fascinación, ambas en la Revista del Pacífico. Pero La fascinación fue publicada casi simultáneamente en forma de libro.

Por esa época, Alberto Blest Gana ya asumía plenamente los postulados naturalistas, según los cuales las letras debían cumplir una labor civilizadora, mostrando en forma transparente la realidad, por cruda que ésta fuere, para prestar sus servicios a la causa del progreso. Para el autor era la novela, y especialmente la costumbrista, el género que mejor podía cumplir dicha función utilitaria, ya que esta novela hablaba el lenguaje común, cotidiano, del hombre de la calle, describiendo situaciones y escenas que todo el mundo podía entender.

La consagración literaria de Alberto Blest Gana llegó en 1860. La Universidad de Chile había convocado, a instancias de José Victorino Lastarria, un certamen para promover del arte de la novela en Chile, género que no estaba muy difundido hasta entonces. Ganó el primer premio Blest Gana, con su novela La aritmética en el amor. La obra, saludada por Lastarria como netamente chilena, fue publicada de inmediato y abrió paso a su autor al cuerpo docente de la Facultad de Humanidades.

En su discurso de ingreso a esta institución, el escritor definió claramente sus objetivos literarios, haciendo una defensa del costumbrismo chileno dentro de la tendencia general del naturalismo, representado principalmente por Émile Zola. Para Blest Gana, la novela debía desempeñar un papel en el progreso de los pueblos y no limitarse a ser un mero divertimento cultural de las elites cultas. Por otra parte, el costumbrismo, pletórico de giros chilenos en el lenguaje, convertía este estilo en el medio más adecuado para difundir la literatura entre el pueblo.

La capacidad creadora del novelista era realmente notable. Así, sólo en 1859 escribió dos novelas, Un drama en el campo y Juan de Aria, pero también concluyó un libro de relatos titulado Cuadros de costumbres.Si la consagración como literato le llegó a Blest Gana con La aritmética en el amor, la fama general se la concedió Martín Rivas. Novela de costumbres político-sociales, también apareció en forma de folletín, esta vez en el periódico de gran tirada La Voz de Chile, en 1862.

Ampliamente leída, los lectores, en especial las mujeres, sufrían con las desventuras de los personajes y esperaban con expectación el capítulo siguiente, decepcionándose si éste no se publicaba en la fecha prevista. Martín Rivas, que consumó su ascenso social y amoroso al llegar a Santiago, casándose con la hija de un aristócrata, se convirtió en un personaje que encarnaba ciertos ideales chilenos. Se trata de un relato lleno de ironía, con un objetivo ético y moralizador en el sentido más amplio de la palabra. Martín Rivas influyó notablemente en la novelística posterior.

Al año siguiente aparecía, en el mismo medio y también en forma de folletín, otra novela de Blest Gana: El ideal de un calavera, cuyo argumento está entrelazado con acontecimientos políticos decisivos de la entonces naciente República chilena: el motín de Quillota y el fusilamiento de Diego Portales (1837). El éxito no fue tan enorme como en el caso anterior, tal vez porque aquel año de 1863 fue fatídico en la historia de Santiago, debido al trágico y mortífero incendio de la iglesia de la Compañía.

La última obra literaria de esta época del autor fue la novela corta La flor de la higuera, de 1864, cuando Blest Gana contaba únicamente 34 años de edad. Ese año fue nombrado intendente de Colchagua y en 1866 el presidente José Joaquín Pérez Mascayano le nombró encargado de negocios en Washington. Blest Gana salió del país para no regresar nunca más.

La carrera diplomática lo tuvo muy ocupado. Su estancia en Estados Unidos fue corta, pero dejó una huella literaria en su relato De Nueva York al Niágara. En 1868 fue ministro de Chile en Londres y a fines de 1869 se le destinó con igual cargo a París. Durante su estancia parisina se ocupó de obtener créditos para el ferrocarril de Angol y del caso del rey de la Araucanía, el aventurero francés Orélie-Antoine I. Además, apoyó en la distancia a su país en guerra contra Perú y Bolivia, entorpeciendo el suministro de armas a ambos países, enemigos en aquel momento, y ordenando la construcción de dos buques blindados para la Escuadra Nacional chilena.

En medio de sus afanes diplomáticos, pudo dedicar algún tiempo a la literatura y logró que se publicaran en París algunas de sus novelas, una de ellas en francés: El ideal de un calavera. La larga estancia del novelista en tierras europeas fue utilizada en su contra por sus enemigos políticos, quienes lograron que el presidente José Manuel Balmaceda lo destituyera de sus cargos, acto que lo hirió en lo más profundo, provocando su solicitud de retiro a finales de 1887.

Escribió una nueva novela, Durante la Reconquista, que fue enviada a Chile para su publicación, pero no lo logró su cometido y en 1897 la obra vio la luz en la imprenta Garnier de París. Se trata de una narración histórica que se desarrolla en Chile durante la época del desastre de Rancagua (1814). Ya en el nuevo siglo, en 1904, Blest Gana publicó Los trasplantados, novela en la que trató en clave satírica el problema de la transculturización de los chilenos en Europa, algunos de los cuales, en su afán por integrarse plenamente en la sociedad francesa, inglesa o alemana, olvidaban sus orígenes.

En plena ancianidad, a los 79 años, escribió y dio a la prensa El loco estero, obra de excelente factura, en la que regresaba a su querido Santiago remontándose a los años treinta del siglo XIX. Se trata de una hermosa novela costumbrista. Blest Gana falleció en París, a los noventa años. La influencia de Blest Gana en la novelística chilena es extraordinaria; hace falta llegar a Eduardo Barrios para encontrar un novelista chileno capaz de parangonarse con el autor de Durante la Reconquista.