Josep-Lluís Carod-Rovira

(Cambrils, Tarragona, 1952) Político catalán, actual líder del partido Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Su padre, Apeles Carod, era un guardia civil aragonés que dejó el cuerpo y se afincó en Cambrils como trabajador del puerto; su madre, Maria, catalana, regentaba un estanco en la misma población.

Josep-Lluís fue el tercero de los cinco hijos del matrimonio. Cursó los estudios primarios en una escuela pública, y el bachillerato en el seminario de Tarragona, no por vocación, sino como recurso en una familia que no podía costear los gastos de un colegio privado.


Josep-Lluís Carod-Rovira

Quiso ser periodista, pero con el plazo de matriculación cerrado, para no perder un año se decidió por la filología catalana, que cursó en la Universidad de Barcelona. Así empezaron los viajes diarios en tren de Tarragona a Barcelona y vuelta; porque ha mantenido invariables con el tiempo tanto el apego al terruño como la negativa a conducir un automóvil.

La Assemblea de Catalunya

En las aulas universitarias empezó también su militancia política, en el clandestino Partit Socialista d’Alliberament Nacional (PSAN). Participó en las reuniones de la Assemblea de Catalunya, la amplia plataforma antifranquista creada en 1971; y el 28 de octubre de 1973 fue uno de los 113 detenidos cuando celebraban una reunión en la parroquia barcelonesa de Santa Maria Mitjancera.

Las semanas pasadas en prisión fueron para él un máster acelerado en política. Con la excepción de Jordi Pujol, que nunca quiso participar en la Assemblea, estaba allí la flor y la nata de la clase política catalana: Heribert Barrera, líder histórico de ERC; el independentista Jordi Carbonell; Miquel Sellarès, próximo entonces a Pujol y más tarde colaborador influyente del propio Carod; Raimon Obiols, del Moviment Socialista de Catalunya, embrión del futuro Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC); Antoni Gutiérrez Díaz y Josep Solé Barberà, del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), y otras destacadas personalidades.

En los patios de la cárcel Modelo acabó de fraguar en esos días un estilo patentable de política «a la catalana» basado en el diálogo, el respeto a la discrepancia, la civilidad. Los presos pudieron comentar, antes de regresar a la calle durante las fiestas de Navidad, un nuevo elemento que irrumpió, literalmente como una bomba, en la política nacional aquel mes de diciembre: la voladura del almirante Luis Carrero Blanco, obra de ETA. Carod se convenció en seguida de que aquél no era el medio adecuado para hacer avanzar sus ideas, ninguna clase de ideas. Posiblemente la necesidad de dialogar con ETA quedó desde entonces fijada al sustrato de su mente inquieta.

La cárcel significó también la separación temporal de Teresa Comas, compañera de estudios y de militancia, detenida también en Santa Maria Mitjancera, y con quien se casaría poco después. La pareja tendría más adelante tres hijos, Pol, Oriol y Laia.

La compañía cómplice de Teresa ha proporcionado a Carod-Rovira la estabilidad emocional necesaria para compensar los sobresaltos de la actividad política; en el movimiento pendular de la militancia de Carod, ella ha ejercido de centro de gravedad. Y junto a Teresa y los hijos, en el paisaje de su reducto íntimo se incluyen una modesta afición por el buen comer, el coleccionismo (es miembro de la Asociación de Coleccionistas de Chapas de Cava) y también el cine y la lectura: ha reunido una biblioteca que supera los 15.000 volúmenes.

La apuesta republicana

En 1978, Carod firmó un manifiesto contra la Constitución española, alegando que «los catalanes no son españoles». Sigue convencido de ello, y de que la transición se hizo mal en Cataluña. Luchó entonces contra los acontecimientos mediante el activismo en grupúsculos de vida efímera: Moviment d’Unificació Marxista (MUM), Bloc Català de Treballadors (BCT), Bloc d’Esquerra d’Alliberament Nacional (BEAN), Entesa dels Nacionalistes d’Esquerra (ENE). Allí se curtió en el arte de la emboscada, de la fracción, de la guerrilla interna; allí desarrolló sus cualidades oratorias, su capacidad de convicción e incluso de seducción, su gusto por las frases lapidarias y los golpes de efecto.

Simultáneamente, dio clases de catalán, junto a su esposa, en la Escuela Universitaria de Tarragona (1976-1982); presidió durante trece años el Òmnium Cultural, en Tarragona; trabajó entre 1982 y 1984 como técnico de planificación lingüística de la Generalitat de Catalunya y fue delegado del Departamento de Cultura junto a Max Cahner. Desde 1986 hasta 1995, fue profesor y vicepresidente de la Universitat Catalana d’Estiu, en Prada del Conflent.

En 1987 apostó por el ingreso en ERC junto a Àngel Colom. Tan sólo un año después era elegido diputado al Parlamento autonómico como número dos de la circunscripción de Barcelona, precedido por el secretario general, Joan Hortalà, y seguido por Colom. Por fin dejó de ser extraparlamentario.

ERC se había convertido por entonces en poco más que un apéndice de Convergència i Unió (CiU). Hortalà, antiguo consejero de Industria junto a Pujol, aspiraba a volver a serlo. Los recién llegados lo descabalgaron de la secretaría general en 1989 para colocar en ella a Àngel Colom. Aquel golpe de mano del «ala izquierda» de la formación dio frutos de otro tipo: la organización independentista Terra Lliure renunció a la lucha armada e ingresó colectivamente en ERC.

Pero también Colom sucumbió con el tiempo a la tentación de plegarse a la implacable hegemonía de Pujol y buscar un arrimo a la sombra del poder. Él y Pilar Rahola, la mediática embajadora de ERC en el Parlamento de Madrid, se enfrentaron así a Carod, que predicaba la «equidistancia», la necesidad de desmarcarse de CiU y PSC. En el XXI Congreso Nacional, celebrado en Vilafranca del Penedès en noviembre de 1996, Carod fue elegido secretario general del partido. Un mes antes, esquivando el enfrentamiento, Colom y Rahola habían abandonado el partido para fundar el Partit per la Independència, acompañados por 400 militantes.

Secretario general de ERC

La crisis no dejó huellas. En los años siguientes, Carod trabajó desde la secretaría general para aglutinar el partido en torno a un programa de progreso social y solidaridad. Un trabajo que obtuvo una cosecha óptima en 2003: 414.000 votos y 116 alcaldías (con alianzas de todos los colores, incluido el PP) en las elecciones municipales, 545.000 votos y 23 escaños en las autonómicas.

ERC dejaba de ser un partido «pequeño» a remolque de las dos grandes opciones, para convertirse en la llave de la mayoría y el gobierno para CiU (46 escaños) o el PSC (42). La opción elegida fue un bloque de progreso con el PSC e Iniciativa per Catalunya Verds (ICV). Pasqual Maragall ocupó la presidencia de la Generalitat, y Carod-Rovira la Conselleria en cap (‘primera consejería’). No obstante, apenas un mes después dimitió del cargo al difundirse en los medios que se había entrevistado con dirigentes de ETA en el sur de Francia, sin conocimiento de sus socios de gobierno.

Carod había seguido una conducta habitual en su trayectoria anterior: situar una parte de su actividad al margen de sus compromisos. No pareció darse cuenta de la diferencia en las circunstancias, por el cargo institucional que ocupaba. Admitió un error «en las formas» pero reivindicó su conducta como éticamente irreprochable. En cualquier caso, el partido y él mismo parecieron seriamente tocados. Pero frente al diluvio de descalificaciones, Carod recurrió a un órdago. Se presentó a las elecciones generales como cabeza de lista por Barcelona, y enfocó la campaña del 14 de marzo como si se tratara de un referéndum sobre su persona.

Los resultados lo avalaron: ERC había obtenido en las elecciones generales de 2000 un diputado y 194.715 votos (0,84 % en el total del Estado); en 2004 subió a ocho diputados y 649.999 votos (2,54 %), los mejores resultados de su historia en cualquier tipo de elecciones. Carod renunció a su escaño en Madrid y se quedó en el Parlamento catalán. En la posición que él prefiere, dentro y fuera a la vez del gobierno tripartito, corresponsable y crítico a la vez, siempre incómodo para sus socios. Tanto más cuanto que no oculta su aspiración de alcanzar la presidencia de la Generalitat de Catalunya en las próximas elecciones autonómicas, en 2007.