Pasqual Maragall

(Barcelona, 1941) Político catalán. Pasqual Maragall i Mira, nacido en Barcelona el 13 de enero de 1941, fue el segundo de los ocho hijos de Jordi Maragall i Noble y Basilisa Mira. En la universidad de su ciudad natal estudió derecho y ciencias económicas, y también allí se inició en la política como militante de la clandestina Nova Esquerra Universitària, extensión estudiantil del Front Obrer de Catalunya (FOC), en la que coincidió con otros futuros líderes socialistas como Raimon Obiols y Narcís Serra. En la universidad y en la lucha política conoció además a su futura esposa, Diana Garrigosa, con la que contraería matrimonio el 18 de diciembre de 1965.

Política municipal

Por aquellas fechas, Maragall trabajaba como técnico contratado en el Ayuntamiento de Barcelona. En enero de 1966 el matrimonio marchó a Francia, con una beca para estudiar planificación en París junto a Jacques Delors, uno de los padres de la Comunidad Europea. En 1971 dos nuevas becas (Fulbright y Fundación March) les llevaron a Estados Unidos, donde se doctoró en economía por la New York School for Social Research. El matrimonio tenía entonces dos niñas (Cristina, nacida en 1967, y Ayri, en 1970), a las que se añadió en 1980 un varón, Guillem.

De regreso en Barcelona desde 1974, Pasqual Maragall ganó por oposición una plaza de técnico de plantilla en el ayuntamiento, en 1976, y reanudó su militancia política: después de participar en la fundación del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), coordinó su campaña electoral en las primeras elecciones legislativas de la democracia, el 15 de junio de 1977.


Pasqual Maragall

En las municipales de 1979 fue el número dos de la lista socialista que ganó para Narcís Serra la alcaldía de Barcelona. Teniente de alcalde junto a Serra, cuando éste fue llamado a dirigir el Ministerio de Defensa en 1982, Maragall le sucedió al frente de la alcaldía, y conservó el cargo en las elecciones de 1987, 1991 y 1995.

Después del éxito de la organización de los Juegos Olímpicos de 1992, que conllevó una mejora sustancial de las infraestructuras de la ciudad, la ordenación urbana y las comunicaciones, Maragall fundó Eurociudades, un proyecto de integración y colaboración de seis ciudades del Mediterráneo occidental; presidió el Consejo de Municipios y Regiones de Europa, y fue vicepresidente del Comité de las Regiones de la Unión Europea.

Después de catorce años como alcalde de Barcelona, pasó página por voluntad propia, y se preparó concienzudamente para afrontar un nuevo reto. En septiembre de 1997, justo después de pasadas las fiestas de la Virgen de la Merced, patrona de la ciudad, Maragall traspasó la vara de mando a su teniente de alcalde Joan Clos y marchó a Italia, donde durante casi un año se dedicó a dar clases y a meditar sobre su futuro.

Regresó en junio de 1998, ya con la decisión firme de optar a la presidencia del gobierno autonómico de Cataluña: un proyecto de largo alcance, que acabaría por hacerse realidad, pero no en la forma ni con la rapidez que algunos vaticinaron.

La plataforma Ciutadans pel Canvi

Para las elecciones autonómicas de 1999, Maragall promovió una plataforma atípica, Ciutadans pel Canvi (‘Ciudadanos por el Cambio’), con la intención de enrolar en su proyecto al PSC, a otras fuerzas políticas y sociales y a personalidades capaces de aportar ideas nuevas. Recibió entonces el apoyo de Iniciativa per Catalunya Verds (ICV), la formación surgida del histórico Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), liderada a la sazón por Rafael Ribó.

El trabajo de elaboración programática fue considerable: una de las propuestas básicas fue la modificación de la Constitución española y del Estatuto de Autonomía para configurar España como un Estado federal.

El reagrupamiento de las fuerzas de progreso propiciado por la iniciativa de Maragall fue efectivo, pero no suficiente; el 17 de octubre de 1999 las listas socialistas saltaron de 34 a 52 escaños y se convirtieron en la formación con mayor voto popular; pero Convergència i Unió (CiU), encabezada por el «eterno» Jordi Pujol, obtuvo más diputados (56) y la posibilidad de alcanzar la mayoría de dos maneras distintas: con los 12 diputados de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), o bien con los 12 conservadores del Partido Popular (PP), que parecían asegurar un buen entendimiento con el gobierno de José María Aznar, necesitado a su vez en el Parlamento de Madrid de los votos catalanes. Pujol optó por la segunda opción, en lugar de aventurarse a una coalición de signo nacionalista; una decisión que habría de traer consecuencias en el futuro.

En el X Congreso del PSC, celebrado en 2000, Pasqual Maragall fue elegido presidente del partido. En el mismo año, las elecciones generales dieron mayoría absoluta al PP de Aznar, que rápidamente abandonó su alianza con CiU, y adoptó una actitud marcadamente centralista, conservadora y autoritaria.

La crisis del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) tocó fondo en el XXXV Congreso Federal del partido, en el que emergió un líder nuevo, joven y aún con poca experiencia, José Luis Rodríguez Zapatero, quien inició, con una fe compartida en aquel momento por muy pocos, la renovación a fondo de su formación. Maragall y Zapatero congeniaron muy pronto, y éste escribió en noviembre de 2002, para un libro de Maragall de título premonitorio, Els dirigents del futur, un prólogo en el que llamó a los catalanes a trabajar sin complejos en la profundización de la autonomía.

El largo camino a la Generalitat

En junio de 2003 Maragall fue proclamado oficialmente candidato del PSC para presidir la Generalitat en las elecciones autonómicas del 16 de noviembre. Desde las municipales del mes de mayo, el PSC, ICV y ERC contaban con una práctica de gobierno conjunto en distintas localidades, y en particular en Barcelona, lo que suscitaba la posibilidad de un frente de izquierda para imponerse a la coalición de centroderecha gobernante, CiU-PP. Pero la situación tras los resultados electorales del 16 de noviembre arrojó elementos contradictorios.

El PSC mantuvo su condición de fuerza más votada, pero perdió 150.000 votantes y 10 escaños (42); CiU se dejó asimismo 10 escaños (46) y todavía más votos que el PSC (175.000); ERC duplicó sus votos y sus escaños (23), y se convirtió en decisiva para la formación de cualquier mayoría; también el PP (15) e ICV (9), que acudió a las urnas con Esquerra Unida i Alternativa (EUiA), incrementaron sustancialmente su representación.

El nuevo líder de CiU, Artur Mas, invitó a ERC a formar un gobierno «natural» de mayoría nacionalista; pero Josep-Lluís Carod-Rovira, después de unos días de incertidumbre, con negociaciones intensas a varias bandas, respondió el 7 de diciembre con la devolución de la bofetada recibida cuatro años antes: no formaría gobierno con CiU, sino un tripartito de progreso, con el PSC e ICV.

El 20 de diciembre de 2003, Pasqual Maragall fue investido presidente de la Generalitat de Catalunya; Carod-Rovira fue designado conseller en cap (‘consejero jefe’), y Joan Saura, de ICV, ocupó la Consejería de Relaciones Institucionales y Participación.

El nuevo gobierno anunció el lanzamiento de un plan de 500 medidas de fuerte contenido social; pero apenas un mes después, el 27 de enero de 2004, Carod presentó la dimisión al hacerse público que se había entrevistado con representantes de la banda terrorista ETA en Francia sin conocimiento de sus socios de gobierno.

A esa primera crisis se añadieron disensiones diversas entre los socios del tripartito, pendiente en exceso cada cual de imponer sus propias prioridades. Las iniciativas legislativas se ralentizaron, y a las dificultades internas se sumó una campaña para las elecciones generales particularmente dura, en la que Maragall y su gobierno recibieron fortísimas descalificaciones por parte del PP. Pero el electorado catalán no sólo aguantó el tirón, sino que el 14 de marzo ratificó su confianza masiva en el tripartito: el PSC recibió casi 400.000 votos más que en las autonómicas, y ERC creció todavía más tanto en términos absolutos como relativos.

Con José Luis Rodríguez Zapatero situado en el gobierno de España en su primera cita electoral como candidato, Pasqual Maragall vio despejado el camino para la realización del ambicioso sueño que había empezado a perfilar en Italia. Promovió entonces la elaboración de un nuevo estatuto para Cataluña en el parlamento catalán, labor dilatada que trajo consigo nuevos enfrentamientos entre sus socios de gobierno.

Aunque finalmente el nuevo estatuto fue aprobado, la negativa de Esquerra Republicana a apoyarlo en el parlamento español provocó la salida de este partido de la Generalitat. Maragall quedó en minoría y se vio obligado a convocar elecciones para noviembre del 2006, cediendo paso a José Montilla como candidato. Su mejor logro (el nuevo Estatuto) fue también sin duda la razón prioritaria de su rápido desgaste como Presidente de la Generalitat.