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Ya desde la infancia mostró una gran afición por los fósiles y por las ciencias naturales: eran frecuentes sus exploraciones campestres en busca de pequeños huesos de animales. En 1877 ingresó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Amsterdam, donde se graduó y llegó a ser lector de Anatomía (1881). Bajo la influencia de los trabajos evolucionistas de En 1886 ingresó como cirujano militar en la Armada holandesa y al año siguiente se embarcó rumbo a las Indias Orientales (actual Indonesia) acompañado de su esposa y su hijo recién nacido. Estuvo dos años realizando excavaciones en la isla de Sumatra sin ningún resultado, y tras caer enfermo de malaria y ser trasladado a Java, halló en esta isla los restos que creía estar buscando: en un terraplén de unos quince metros sobre el río Solo, cerca del pueblo de Trinil, observó un conjunto estratificado de depósitos fluviales, arenisca y restos volcánicos muy propicio para encontrar fósiles. Con ayuda del gobierno holandés, que le cedió un grupo de condenados a trabajos forzados, comenzó a excavar en agosto de 1891 y en poco más de un mes logró recuperar algunas piezas dentales y un cráneo; los arcos ciliares prominentes le indicaron que se trataba de un simio antropoide, y su tamaño era mayor que el de cualquier mono existente, pero aún no pudo determinar sus características y si se trataba del eslabón perdido. Después de varios meses de interrupción del trabajo debido a las lluvias monzónicas, consiguió hallar cerca del cráneo un fémur que le indicó que esa especie andaba erguida, y que interpretó como el eslabón perdido; le dio el nombre de Pithecanthropus erectus, en deferencia al profesor Ernst Haeckel, que años atrás había denominado Pithecanthropus alalus ('hombre-simio sin habla') al supuesto eslabón entre el simio y el hombre. Intentó, a su vuelta a Europa en 1895, convencer sin éxito a la comunidad científica de la importancia de su descubrimiento, lo que le sumió en una depresión. A pesar de ello, sus excavaciones fueron cruciales para impulsar posteriores hallazgos de homo erectus en Asia (hombre de Pekín), Europa y África, confirmar la teoría del evolucionismo y dar a la paleoantropología rango de ciencia biológica. También descubrió el denominado hombre de Wadjak en la isla de Java, considerado por muchos paleoantropólogos el antepasado de los actuales aborígenes australianos. A partir de 1899 ejerció de profesor de cristalografía, geología, mineralogía y paleontología en la Universidad de Amsterdam, y en sus últimos años, cansado de la polémica que rodeó su hallazgo, mantuvo que se trataba de los restos de un gibón. |