Charles Darwin

Hasta el siglo XVII, los naturalistas sostenían que las distintas especies animales y vegetales habían sido creadas independientemente y permanecían desde entonces inmutables, sin sufrir cambio alguno. La teoría de la evolución, según la cual los seres vivos sufren alteraciones con el transcurso del tiempo y proceden de otras formas ancestrales, es relativamente reciente. Aunque el naturalista británico Charles Darwin está considerado el padre de la actual teoría de la evolución, el concepto no era nuevo en su época. A mediados del siglo XVIII, por ejemplo, las hipótesis evolutivas propuestas por el matemático francés Pierre-Louis Maupertius (1698-1759) y el enciclopedista francés Denis Diderot (1713-1784) contenían ideas que, un siglo más tarde, formarían parte de la teoría de Darwin.


Charles Darwin

El zoólogo francés Juan Bautista de Lamarck fue el primero en exponer con claridad, en su obra Filosofía zoológica (1809), la idea de que todas las especies podían cambiar en el transcurso del tiempo y acabar convirtiéndose en nuevas especies. Según Lamarck, todos los seres vivos evolucionan inevitablemente hacia una mayor perfección y complejidad, y la razón de tales cambios es el entorno natural. Los cambios del entorno alteran las necesidades de los organismos vivos; a causa del entorno, se reduce o se intensifica el uso de ciertos órganos o partes del cuerpo, provocando cambios en su tamaño o forma.

Al desarrollar el concepto de que aparecen nuevos órganos como respuesta a las necesidades de la lucha con el medio, el naturalista francés dedujo que su tamaño e importancia se relacionaba con la ley del "uso y falta de uso". Lamarck afirmaba también que las adaptaciones a ese ambiente, una vez fijadas, se propagaban a las generaciones sucesivas, o sea que los caracteres adquiridos se heredaban. Según esta noción, las jirafas habrían adquirido sus largos cuellos al ir estirándolos gradualmente (cada generación un poco más) para alcanzar las hojas de difícil acceso a otros animales.

La teoría lamarquista explicaba la adaptación de muchos vegetales y animales al medio, pero era principalmente especulativa y carecía de apoyos empíricos; la genética moderna la desacreditaría totalmente al demostrar que los caracteres que pueda adquirir un individuo (como el alargamiento del cuello por el constante esfuerzo) no se heredan. Pese a ello, se reconoce el valor pionero de su obra, por postular por primera vez la adaptabilidad de los organismos.

Las carencias del fallido intento de Lamarck ponen de relieve la solidez y coherencia del modelo darwiniano. La contribución de Charles Darwin a los conocimientos científicos fue doble: presentó las pruebas para demostrar que la evolución había ocurrido, a la vez que formuló una teoría, la de la selección natural, para explicar el mecanismo de la evolución. La publicación de Darwin, en 1859, de El origen de las especies es un hito no sólo en la historia de la biología, sino también en la del pensamiento humano, puesto que dicho libro, aportando una demostración positiva de la doctrina evolucionista, ejercería una considerable influencia en el desarrollo de la filosofía y alteró profundamente arraigadas concepciones acerca de la vida y del hombre.

Darwin se embarcó como naturalista en la expedición del Beagle, un navío científico que recorrió el mundo entre 1831 y 1836. En su viaje Darwin reunió gran cantidad de observaciones interesantes, estableció fecundas analogías y meditó sobre grandes cuestiones, tales como la adaptación de los seres vivos, la diversidad de las especies y sus mutuas relaciones y la lucha por la existencia. A su vuelta Darwin se dedicó a redactar su Diario de viaje; dio a conocer también diversos trabajos de geología, en especial sobre la formación de los corales y de las islas volcánicas. Veintitrés años después de su regreso a Inglaterra publicó El origen de las especies. Escribió luego numerosos libros, algunos de los cuales serían una prolongación de esta obra.

Selección natural y evolución

En 1858, Darwin recibió un manuscrito de Alfred Russel Wallace, joven naturalista que entonces estaba estudiando la distribución de las plantas y animales en la India y la Península Malaya. En aquel texto, Wallace formulaba la idea de la selección natural, a la cual había llegado sin conocer la obra darwiniana, pero inspirado, lo mismo que Darwin, por el tratado de Thomas R. Malthus sobre el crecimiento de la población y la necesaria lucha por la existencia. Por acuerdo mutuo, aquel mismo año Darwin y Wallace presentaron en colaboración un informe sobre su teoría a la Sociedad Linneo de Londres.


Primera edición de El origen de las especies (1859)

La explicación propuesta por Darwin y Wallace respecto a la forma en que ocurre la evolución puede resumirse en la forma siguiente:

  • La aparición de nuevos rasgos o variaciones es característica de todas las especies de animales y plantas. Darwin y Wallace suponían que la variación era una de las propiedades innatas de los seres vivos. Hoy sabemos distinguir las variaciones heredadas de las no heredadas. Sólo las primeras, producidas por mutaciones, son importantes en la evolución, pues pasan a los individuos de las generaciones siguientes.
  • De cualquier especie nacen más individuos de los que pueden obtener suficiente alimento para sobrevivir. Sin embargo, como el número de individuos de cada especie sigue más o menos constante bajo condiciones naturales, debe deducirse que un porcentaje de la descendencia perece en cada generación. Si la descendencia de una especie prosperara en su totalidad, y sucesivamente se reprodujera, pronto avasallaría cualquiera otra especie sobre la Tierra.
  • Sentado que nacen más sujetos de los que pueden sobrevivir, tiene que declararse una lucha por la existencia, una competencia en busca de espacio y alimento. Esta lucha es directa (entre seres de la misma o de distinta especie) o indirecta, como la de los animales y vegetales para sobrevivir frente a condiciones adversas (por ejemplo, la falta de agua o las bajas temperaturas) o frente a otras condiciones desfavorables del medio ambiente.
  • Aquellas variaciones o rasgos que capacitan mejor a un organismo para sobrevivir en un medio ambiente determinado favorecerán a sus poseedores sobre otros organismos no tan bien adaptados. Las ideas de "lucha por la supervivencia" y "supervivencia del más apto" son la esencia de la teoría de la selección natural de Darwin y Wallace.
  • Los individuos supervivientes, al reproducirse, originarán la siguiente generación, y de este modo las variaciones o rasgos ventajosos se transmiten a las sucesivas generaciones.

Tales ideas son también el núcleo de la obra fundamental de Charles Darwin, El origen de las especies (1859), cuyo título completo resume por sí mismo su tesis: Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida. El individuo dotado de una variación que le permite una mejor adaptación tiene más probabilidades de salir victorioso en la lucha por la existencia; su supervivencia aumenta la probabilidad de reproducción y la transmisión de ese rasgo favorable a sus descendientes.

La selección natural conduce así a la conservación de las variaciones favorables y a la eliminación de las desviaciones nocivas, por muerte o superación de los individuos dotados de tales características. Como los individuos más aptos tienen más probabilidades de sobrevivir, aparearse y reproducirse que los especímenes que no están tan bien adaptados al entorno, en cada generación aumenta el número de individuos bien adaptados a su entorno, y las características generales del grupo van cambiando como resultado de esta acomodación. Junto con la selección natural actúa, en los animales superiores, la "elección sexual", esto es, la preferencia instintiva por los individuos más fuertes, bellos o sanos en el emparejamiento.

Hay que subrayar que, frente a lo que sostuvo Lamarck, las variaciones en las características de un organismo se producen al azar; no son causadas ni por el ambiente ni por el esfuerzo del individuo. Según la teoría darwinista, y siguiendo el mismo ejemplo, el largo cuello de las jirafas se originó por azar: un animal que presentaba el cuello más largo tenía ventajas alimentarias y, por lo tanto, tenía más posibilidades de dejar descendencia; estas características se transmitieron de generación en generación hasta que las jirafas menos adaptadas (esto es, las de cuello corto) desaparecieron.

El punto problemático de la teoría era que se desconocía el mecanismo por el cual se transmitían las adaptaciones que tenían éxito. La solución a este problema estaba en las investigaciones realizadas por un monje y botánico austríaco, Gregor Mendel (1822-1884), quien descubrió que las características hereditarias se transmiten en unidades sencillas que denominó "factores" y que ahora conocemos como genes. Las leyes de Mendel, los conceptos de genotipo y fenotipo de Wilhelm Ludvig Johannsen y los descubrimientos de las mutaciones de Hugo de Vries llevaron a la elaboración de una teoría sintética inspirada en las líneas generales de los planteamientos de Darwin, que sería llamada Neodarvinismo y es aceptada hoy por la mayoría de los biólogos. Los cambios en la estructura genética de las especies son debidos a mutaciones en los genes que regulan la expresión de los caracteres corporales. Otro factor de cambio son los sobrecruzamientos que se producen entre los cromosomas en la meiosis, combinando caracteres distintos de cromosomas homólogos.

A la luz de tales aportaciones, la selección natural de Darwin puede ser reformulada de la siguiente manera: los individuos mejor adaptados a su entorno tienen más probabilidades de pasar sus genes a la siguiente generación que los demás miembros de una población. Hoy por hoy la teoría de la evolución es la única que responde a todos los hechos tanto genéticos como ecológicos y paleontológicos. La anatomía comparada ilustra muy bien las relaciones existentes entre las diversas especies y familias, comprobadas recientemente por métodos de análisis bioquímico.

El origen del hombre

Venciendo las largas vacilaciones basadas, sobre todo, en el temor a las polémicas a que la obra pudiera dar lugar, Darwin tardó once años en publicar El origen del hombre y la selección en relación al sexo (1871). En tal obra recogió sus apuntes relativos a un problema específico pero importantísimo de la evolución: el origen del hombre. Según Darwin, el estudio de las estructuras homólogas en el hombre y en los animales más bajos en la escala de la evolución zoológica y el análisis del desarrollo embriológico del hombre y de los fenómenos de atavismo conducen a la conclusión de que el hombre desciende de alguna forma menos altamente organizada, concretamente de un simioide, el cual, al igual que todos los vertebrados, tendría a su vez su origen remoto en algún ser acuático parecido a los ascidiáceos.

La dificultad mayor para admitir tal teoría está en el hecho de que el hombre se halla dotado de facultades intelectuales y de un sentido moral que faltan a los animales. De hecho, el mismo Alfred Wallace nunca creyó que la inteligencia humana pudiera ser fruto de la selección natural, sino que pensaba que el intelecto sólo podía haber sido creado por un poder superior (un dios). Pero Darwin rechaza este concepto y observa que el intervalo entre las potencias mentales de los monos más elevados y las de un pez es inmenso; por esto también la inteligencia del hombre, que no difiere sino en grado de la de los monos, es un producto de la evolución.

También los sentimientos morales son desarrollados, debido a la evolución, de instintos que se hallan en todos los animales. Consciente de que las conclusiones de esta obra serían consideradas como extremadamente irreligiosas, Darwin señala que explicar el origen del hombre como una especie que desciende de alguna especie más baja no es más irreligioso que explicar el origen del ser individual mediante las leyes de la reproducción. Las leyes de desarrollo del hombre son, para Darwin, idénticas a las de otros animales.

Las ideas del naturalista británico modificaron diametralmente las nociones acerca del origen y la evolución del hombre. Darwin refutó la arraigada creencia de que el hombre poseía un origen divino y demostró que los seres humanos eran el resultado de un proceso de evolución biológica. Opuso teorías científicas a las explicaciones de carácter teológico, hecho que tuvo un impacto considerable en la mentalidad de la época. El evolucionismo de Darwin provocó una enorme controversia en la sociedad decimonónica y dio lugar a encendidos debates. Consecuencia lógica de estas discusiones fue la puesta en cuestión de la visión antropocentrista de la naturaleza: si el hombre no era una creación divina, tal como afirmaban las creencias vigentes hasta el siglo XIX, no había razón para sostener que ocupaba un lugar central en el orden natural.