Enrique II de Inglaterra

Rey de Inglaterra, primero de la dinastía Plantagenet (Le Mans, Francia, 1133 - Chinon, 1189). Era hijo de Godofredo V de Anjou y de Matilde, hija y heredera de Enrique I de Inglaterra. Al morir su abuelo en 1135, el Trono fue usurpado por Esteban de Blois (nieto de Guillermo I, el Conquistador) y se abrió una guerra civil (1139-53), que terminó cuando Esteban reconoció como sucesor al hijo de Matilde, Enrique II.


Enrique II de Inglaterra

Accedió, pues, al Trono, al morir Esteban en 1554, reuniendo bajo su dominio, además de Inglaterra, los feudos franceses de Normandía, Bretaña, Maine, Turena y Anjou, a los que añadió Aquitania por su matrimonio con Leonor de Aquitania (1152). Impulsó la conquista de las islas Británicas bajo dominio inglés, sometiendo Escocia y Gales e iniciando la conquista de Irlanda (1171).

El reinado de Enrique II se caracterizó por un reforzamiento del poder real, en lucha incesante contra los señores feudales y la Iglesia. Reorganizó la administración real en un sentido centralizador, implantando un sistema de inspectores reales itinerantes. Creó un Tribunal del Rey central y cinco tribunales permanentes con normas procesales establecidas, así como un sistema de jurados de elección popular. Impulsó el desarrollo del derecho común y de un ejército permanente (Assize of Arms, 1181).

En su proceso de centralización del poder promulgó las Constituciones de Clarendon (1164), por las que reforzaba la jurisdicción real en detrimento de los tribunales feudales y eclesiásticos. Ello le hizo entrar en conflicto con el papa y con su propio canciller, el arzobispo de Canterbury Thomas Becket; a pesar de la amistad que había existido entre los dos, el rey hizo asesinar a Becket en su catedral en 1170.

Arrepentido de aquel acto, Enrique acabó retirando las Constituciones de Clarendon (1172), pidió públicamente disculpas a la Iglesia e hizo penitencia sobre la tumba del arzobispo asesinado (1174), que había sido canonizado un año antes. Por esa época hubo de hacer frente a la rebelión de sus propios hijos, incitados por la reina Leonor y por el rey de Francia, Luis VII.