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Samuel Eto'o

(Mkon, 1981) Futbolista camerunés que ha destacado en la liga española como delantero del Mallorca y especialmente del F.C. Barcelona, donde ha demostrado su máximo potencial.

Samuel Eto’o Fils es hijo de David Eto’o, el mayor de ocho hermanos y contable, que se casó en su ciudad natal, Douala, con una joven lugareña, Christine Fils, el 12 de febrero de 1977, por el rito protestante. El varón primogénito, cuando ya había nacido la primera niña, Michel Sidonie, falleció a los nueve meses por una extraña enfermedad. Aun así, el padre quería una familia numerosa.


Samuel Eto’o

Samuel Eto’o nació el 10 de marzo de 1981 en Mkon, un poblado próximo a la capital de Camerún, Yaoundé, adonde el padre había sido trasladado de Douala por la empresa constructora en la que trabajaba. En 1983 la familia recaló en Yaoundé, donde Samuel vivió hasta los seis años. Allí empezó a jugar en un equipo modesto.

A mediados de 1987 el padre tuvo la oportunidad de regresar a Douala, donde se instalaron en el barrio más popular de la ciudad, New Bell, con tres hijos más a cuestas: Madeleine Flore, Pauline y David, que estudiaron junto con los otros dos en el colegio Newell Bassa, donde Samuel se dedicaba más al fútbol que a los estudios, sobre todo desde que su tío Herve Nkom, empleado de un banco, le regaló un balón de verdad.

Terminó de entusiasmarse por el balompié el día que presenció un Camerún-Zambia, con victoria del equipo local por 2-0. Su gran ídolo, Roger Milla, lanzó su camiseta a las gradas y ésta fue a parar a manos de Eto’o. El padre, aunque insistía, siguiendo el deseo de su esposa, en que abandonara el fútbol y se dedicara a estudiar, por entonces en el colegio Joseph Mongo, un día le regaló unas botas de caucho, el único material de calzado que existía en Camerún. Fue una sorpresa y una tácita aprobación.

A los diez años ingresó en la escuela de fútbol Brasseries, dirigida por Joseph Siewe, que se convertiría en su mejor instructor y consejero. Brasseries consiguió que Samuel entrara en un equipo profesional, el Avenir Douala, a los doce años, algo que prohibían los estatutos de la Federación. Empezó a destacar en ese equipo de Segunda División entre chavales de más de veinte años.

Pero al año siguiente se integró en otro equipo de Segunda, el U. C. B. Douala, que entrenaba Michel Kaham, antiguo internacional y ex seleccionador. Allí empezó a ganar su primer sueldo sustancioso (600 euros al mes), al que se sumaban primas e incentivos. En la temporada 1995-1996 jugaron la Copa contra un Primera plagado de internacionales, el Tonerre de Yaoundé, que fue derrotado por 4-2, con dos goles de Eto’o.

Tras sus hazañas en la Copa, que no ganaron por culpa de los árbitros, Eto’o, con sólo quince años, fue convocado para la selección absoluta. No jugó el primer partido y debutó antes con la juvenil, ganando a Costa de Marfil a domicilio por 2-4, con los dos primeros goles a cargo de Eto’o.

Entre el público se encontraba Pirri en calidad de ojeador; Pirri le propuso probar por el Real Madrid Club de Fútbol, que formalizó el contrato el 7 de febrero de 1997, cuando Capello era el entrenador. Como no tenía sitio en un equipo plagado de estrellas, en julio de aquel mismo año fue cedido por un año al Leganés, donde le apadrinó el capitán, Mesas, que dos años después se convertiría en su representante. Aquella temporada jugó 28 partidos.

Un camerunés en la Liga española

En 1998-1999 regresó al Madrid, dirigido por Guus Hiddink, que lo integró en el primer equipo. Pero como no jugaba, fue cedido al R. C. D. Espanyol de Barcelona, entrenado por Miguel Ángel Brindisi, con quien tampoco hubo química, hasta el punto que Eto’o enfermó de depresión. No jugó ningún partido de Liga.

En 1999-2000 regresó de nuevo al Madrid, entonces entrenado por John Benjamin Toshack, quien aconsejó que fuera cedido, esta vez al Mallorca, donde aterrizó el 19 de febrero de 2000 y debutó al día siguiente contra el Celta, con victoria por 1-0, tras un pase de gol de Eto’o a Diego Tristán. Hizo una gran temporada, clasificando al Mallorca en décima posición, después de que fuera penúltimo a la llegada de Eto’o. El Real Madrid, cuya presidencia había ganado Florentino Pérez, intentó venderlo por 7 millones de euros al Deportivo de La Coruña, pero Eto’o se negó y quedó de nuevo cedido al Mallorca, tras ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Sydney con la selección de su país, ante España.


Celebrando un gol con el F.C. Barcelona

En 2001-2002, con Luis Aragonés como entrenador, jugó 33 partidos y marcó 13 goles; el Mallorca disputó la primera fase de la Champions League. En la siguiente, sin embargo, y con Aragonés en el Atlético de Madrid, Eto’o, que se dejó llevar por su temperamento, vivió un año negativo, con tarjetas y expulsiones.

En 2003, sin embargo, conquistó la Copa del Rey, con partidazo en la final (marcó 2 de los 3 goles que encajó el Recreativo de Huelva). Además, en esa temporada 2002-2003, recuperó el olfato goleador y marcó 15 goles en la Liga y 5 en la Copa. Aunque quería irse a un “grande”, jugó una temporada más en el equipo balear, con Aragonés, que les salvó del descenso, gracias a los 9 goles que Eto’o marcó en los ocho últimos encuentros. Aquel año ganó su primer Balón de Oro de África, galardón que reeditaría en 2004.

Delantero del F. C. Barcelona

Finalmente, después de librar su nuevo representante, Zoran Vekic, y su abogado, José María Mesalles, una enconada batalla con el presidente del Real Madrid, que tenía los derechos del 50 % del traspaso, el F. C. Barcelona pujó muy fuerte por él. Eto’o fichó por el Barça, que desembolsó 24 millones de euros, 12 para el Real Madrid y otros 12 para el Mallorca.

Su primer año en el Barça significó su primera Liga, compitiendo en popularidad con el “mediático” Ronaldinho; no en vano a sus veinticuatro años tenía ya, además de dos Balones de Oro africanos, un envidiable palmarés, con dos Copas de África (2000 y 2002), un oro olímpico, una Copa del Rey con el Mallorca y una Liga con el Barça.

Durante la Liga se comportó como una persona madura y no se extralimitó con los árbitros ni con los rivales, como solía ser habitual en él y como ocurrió en la celebración del título, cuando tuvo una polémica salida de tono al referirse al Real Madrid. Pese a que se retractó de sus palabras, el Comité de Competición le impuso una multa de 12.000 euros. Aun así, recibió uno de los premios Fair Play que otorga la Fundación Brafa de Barcelona.

Su gran objetivo era ser Pichichi, pero a Eto’o no le atribuyeron uno de los goles que él y el árbitro contabilizaron, y se quedó a un tanto de igualar al que finalmente sería máximo goleador, el uruguayo del Villarreal Diego Forlán.

A pesar de repetir una y otra vez que en el Barça era feliz, dos semanas antes de acabar la temporada ya reivindicó una mejora de contrato, convencido de que iba a ser Pichichi y Bota de Oro, pero en los dos últimos encuentros no vio puerta y hasta falló un penalti, desequilibrado por la ansiedad. Aun así, la directiva escuchó sus demandas y le mejoró el contrato, ampliándolo hasta el año 2010, como haría con Deco y Ronaldinho.

La temporada 2005-2006 no pudo serle más favorable: pichichi de la liga con 26 goles y el ansiado doblete: campeón de la liga española y de la Champions League con el F.C. Barcelona. La siguiente fue la otra cara de la moneda: Eto’o, a causa de una lesión, se perdió la primera mitad de la temporada, y su equipo sufrió una sequía total de títulos, dejando escapar la liga en las últimas jornadas.

En su país, donde es más popular que el propio presidente, hay una escuela de fútbol apadrinada por Eto’o, la École de Football des Brasseries du Cameroun, inaugurada por el presidente Joan Laporta, y un centro de formación que también cuenta con el patrocinio de Samuel, la Kadji Sport Academy. Gracias también a su fama, funcionan a pleno rendimiento una peña oficial denominada Association des Supporters F. C. Barcelona, y otra en la Universidad de Doula, la población donde se crió el futbolista. Además, se publica una revista mensual, Etoogol, que sigue todos los pasos del capitán de la selección camerunesa.

Eto’o dedica todo el tiempo que puede a su esposa, Georgette, y a sus dos hijos, Maelle y Étienne, que quiere seguir sus pasos, y mantiene contacto habitual con el que él denomina “mi hermano Blanco”, el delantero Albert Luque, quien le ayudó sobremanera cuando ambos militaban en las filas del Mallorca. Implicado en causas solidarias, su objetivo es convertirse en el “número uno” del mundo, no sólo como futbolista, sino también en su lucha contra el racismo y en ayuda a los niños desamparados de África.

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