Ángel Guimerà

(Ángel Guimerà i Jorge; Santa Cruz de Tenerife, 1845 - Barcelona, 1924) Dramaturgo español en lengua catalana. Pertenecía a una familia catalana del Vendrell (Bajo Penedés) establecida accidentalmente en aquella ciudad isleña. Cuando contaba siete años sus familiares regresaron a Cataluña, y el muchacho vivió en el Vendrell y luego en Barcelona, donde estudió en las Escuelas Pías hasta que su padre le llevó junto a sí a la casa solariega.

Cuando, a la muerte de aquél, Guimerà se estableció definitivamente en Barcelona, era ya conocido como poeta en los medios literarios de la capital catalana; allí, junto con Francesc Mateu y su inseparable amigo Pere Aldavert, fundó la revista quincenal La Renaixença, órgano del catalanismo literario y político, de la cual fue colaborador y más tarde director.

En 1874 ingresó en el grupo de la "Jove Catalunya" y participó activamente en el movimiento político y cultural que propugnaba la instauración de la autonomía catalana. En los Juegos Florales de 1875 vio premiada su poesía histórica "Indíbil i Mandoni"; el año siguiente obtuvo la flor natural con la composición "Cleopatra", y en 1877 se le proclamó "mestre en gai saber" en la misma fiesta en que fue premiada L'Atlàntida, de Verdaguer. Sus poesías patrióticas, en las que cantaba las pasadas glorias de Cataluña, y sus encendidos y elocuentes discursos constituían la mejor propaganda en favor de las reivindicaciones políticas del país.

En 1895, elegido presidente del Ateneo Barcelonés, pronunció por primera vez en catalán el discurso inaugural del curso, hecho que tuvo una gran resonancia literaria y política. Entretanto, Guimerà había escrito y estrenado una serie de obras dramáticas, que constituyeron otros tantos éxitos. Fue la primera Gala Placidia (1879), a la que siguieron Judit de Welp (1883), Mar y cielo (1888) y L'ànima morta (1892), todas de matices trágicos.

Se Inició entonces en su producción escénica un segundo ciclo de producciones de fondo realista y social, en el cual destacan María Rosa (1894) y Tierra Baja (1896), sus dos mejores obras teatrales; la segunda traducida a casi todas las lenguas europeas y convertida en ópera. El 23 de mayo de 1909, la ciudad de Barcelona rindió al poeta un magno homenaje al que se sumó toda Cataluña. El día de su muerte fue de luto para todos los catalanes, sin distinción de matices sociales o políticos, y su entierro constituyó una de las más grandes y sentidas manifestaciones populares que se recuerdan en Barcelona. Su vida y su obra fueron también conmemoradas oficialmente en Madrid, en 1925.

Guimerà fue esencialmente un temperamento de poeta dramático. Su obra poética está reunida en dos tomos: Poesies (1887) y Segon llibre de poesies (1920). En la primera colección predomina el tono romántico y los temas legendarios, históricos y bíblicos, a la manera de Víctor Hugo o Carducci. Su poderosa fantasía necesita anchos espacios, episodios de grandes posibilidades argumentales, muchos de los cuales fijará más tarde el poeta en su teatro.

En este género sobresalen, además de las ya citadas "Indíbil i Mandoni" y "Cleopatra", el grandioso "Any mil", cuadro espectacular que describe la agitación afanosa de las multitudes penitentes que sentían la inminencia de la cósmica catástrofe del fin del mundo. El poeta halla a cada paso la palabra aterradora, el contraste desgarrador. En las poesías históricas se impone con frecuencia el tema de la muerte -"El cap d'en Josep Moragues", "La mort d'en Jaume d'Urgell", "En la mort de Joan II d'Aragó", etc.-, y en ellos se conjuga un romanticismo desbordante con crudas pinceladas naturalistas. En "Judit de Welp" y "El cant del diable" se dan notas espeluznantes, contrastes de un barroquismo estremecedor. En su segundo libro de poesías, prevalecen las composiciones líricas, de tono sentimental, amoroso, familiar, algunas de ellas enraizadas en lo popular.

Pero no es ciertamente éste el campo más adecuado a la inspiración guimeraniana, aun cuando logre en él, excepcionalmente, piezas de gran delicadeza. Maragall afirma que Guimerà es el gran lírico del Renacimiento catalán, lo que sólo podría aceptarse en un sentido muy lato. En realidad, nuestro autor dio su máxima medida en la poesía de espíritu dramático y sobre todo en la escena.

Sus tragedias históricas (Gal.la Placídia, Judit de Welp, El fill del rei, Mar i cel, Rei i monjo, etc.) son un reflejo de las tendencias románticas del Renacimiento catalán, iniciado a principios del segundo tercio del siglo, y del temperamento del autor, que a través de personajes alejados en el tiempo, daba la nota pasional y salvaje artísticamente contrastada con rasgos de la más tierna humanidad.

En su segunda época, la de los dramas modernos, Guimerà expresa los mismos sentimientos primarios y contrastados con personajes de su tiempo, humildes y sencillos, en los que laten, no obstante, las mismas pasiones que animan sus figuras de tragedia histórica o legendaria. En sus máximos aciertos (Maria Rosa y Terra Baixa) logra elevar a símbolos, caracteres sin prestigio exterior ni complejidades anímicas. María Rosa es el drama de la venganza, como Terra Baixa lo es de la inocencia. Dentro del mismo cielo naturalista produjo otras obras apreciables, como La festa del blat, Mossèn Janot, La pecadora (1903), etc.

La producción escénica de Guimerà ofrece, por fin, un tercer grupo de obras que un crítico ha calificado de simbolistas y que más bien podrían llamarse idealistas. Las ideas sociales de nuestro autor eran de una noble sencillez que rayaba con el candor, y el poeta quiso exponerlas en dramas que incluyen una tesis más o menos revolucionaria, algunos de los cuales son de su primera y segunda época (La reina vella, 1908; La reina jove, 1911), etc.; y otros corresponden ya a su tiempo de decadencia, como Jesús que torna (1917), obra pacifista, inspirada en la primera Guerra Mundial, y L'ànima és meva (1919) y Joan Dalla (1922), que son de exaltación patriótica y corresponden a un período de gran efervescencia política en Cataluña.

Los discursos de Guimerà se publicaron en 1906 con el título de Cants a la Pàtria y en 1909 apareció el volumen Glorioses, que contiene poesías varias, narraciones y fragmentos, y lleva un prólogo apologético de Joan Maragall. En 1904 nuestro poeta fue propuesto para el premio Nobel; presiones oficiales del gobierno español lograron desviar la atención de la Academia sueca en favor del dramaturgo José Echegaray, que fue quien obtuvo el preciado galardón.