Alexander Hamilton

Político norteamericano (Nevis, Antillas británicas, 1757 - Nueva York, 1804). Era un joven abogado de Nueva York cuando estalló la Guerra de Independencia de las trece colonias británicas de Norteamérica (1775-83). En 1777 se convirtió en secretario de George Washington, comandante en jefe del ejército insurrecto.

Durante los primeros años de vida del nuevo país, Hamilton encabezó -junto con Madison- la corriente política federalista, partidaria de unir más sólidamente a los trece Estados confederados para formar una única nación capaz de protagonizar un proceso expansivo, tanto en el aspecto territorial como económico. Contribuyó a que se reuniera la Convención de Filadelfia, que elaboró la Constitución de los Estados Unidos de América (1787), todavía vigente; allí actuó como líder de los llamados «federalistas centralistas» (con Washington y John Adams) frente a los «republicanos federalistas» (encabezados por Jefferson), que representaban el particularismo local y las tendencias democráticas.

Logró imponer muchas de sus ideas, desterrando de la política americana la democracia directa propia del radicalismo revolucionario anterior y dando lugar a una República federal y presidencialista, con amplios poderes para el gobierno central; pero se vio obligado -con la mediación de Madison y Franklin- a hacer concesiones para lograr un texto equilibrado y consensuado, renunciando a algunas de sus ideas más conservadoras, como la de hacer que los cargos de presidente y senador fueran vitalicios. No obstante, la ratificación de la Constitución por los Estados fue muy polémica y Hamilton hubo de colaborar a ella con una activa propaganda.

Ratificada la Constitución y elegido Washington como primer presidente, Hamilton fue nombrado secretario del Tesoro (1789-95), con la responsabilidad de orientar la política económica y financiera de los Estados Unidos: creó una moneda nacional (el dólar), un Banco federal y una Administración tributaria eficaz; saneó el crédito del nuevo Estado en los mercados internacionales; y orientó la política comercial en un sentido fuertemente proteccionista, asentando el futuro crecimiento industrial de Estados Unidos sobre la reserva del mercado interior para los productores nacionales.

Hamilton gobernó conscientemente en favor de la elite capitalista en la que confiaba para hacer crecer al país, empleando métodos expeditivos contra las masas populares y contra sus adversarios políticos, que dieron lugar a la expresión «terror federalista» para denominar a este periodo (por ejemplo, haciendo aprobar en 1798 una ley que prohibía toda crítica al gobierno). Hamilton es visto por el Partido Republicano actual como su raíz ideológica, así como los demócratas se reconocen herederos de Jefferson.