Hecateo de Mileto

(Siglos VI-V a.J.C.) Historiador y geógrafo jonio. Las noticias que poseemos acerca de Hecateo de Mileto proceden en general de Herodoto, quien le critica pero se inspira ampliamente en su obra geográfica, y de Diodoro Sículo. Vivió durante los últimos años del siglo VI a. de C. y principios del V, perteneció a una familia aristocrática y viajó por el Mediterráneo y por el imperio persa, estudiando sus paisajes y las costumbres de sus gentes, como demuestran sus obras geográficas.

Tuvo una participación notable en el levantamiento de la Jonia contra los persas (500-494). Luego de haber intentado reprimir el ímpetu de Aristágoras, jefe de la insurrección, indicó el dominio del mar como único recurso para enfrentarse eficazmente con la superioridad de Persia; no obstante, los jonios consideraron sacrílego su consejo de emplear en la construcción de la flota el tesoro del templo de Apolo en Didima. Terminada la guerra con el incendio de Mileto por los persas, Hecateo fue uno de los delegados que negociaron la paz con el sátrapa Artafernes.

Hecateo de Mileto es juzgado el más ilustre de los logógrafos (o sea "prosistas") que, a partir de los años finales del siglo VI, redactaron las memorias mitológicas, etnográficas, históricas, biográficas y geográficas que antes eran confiadas a la tradición oral. Con jónica despreocupación, considera desdeñosamente la obra de sus predecesores y contemporáneos, que escribían "narraciones contradictorias y ridículas".


Reconstrucción del mapamundi de Hecateo

Su Descripción de la tierra completa la identificación del mundo entonces conocido por los jonios, e incluía un mapamundi circular que representaba las partes conocidas de Europa, África y Asia rodeadas por un océano exterior. Las Genealogías, relatos que tenían por lo común una base mítica, critican las informaciones de la tradición histórica y ponen de relieve su falta de fundamento y sus absurdos; por otra parte, cabe ver en las Genealogías un adelanto de la obra posterior de Herodoto (la célebre frase "Egipto es un don del Nilo", atribuida a Herodoto, es en realidad original de Hecateo).

De lo poco que se conserva de tales textos se desprende una serie de buenas razones que inducen a ver en Hecateo el iniciador del estudio científico de la historia y la geografía. Sus méritos fueron la postura racionalista frente a la tradición y la religión, y la comprensión respecto a los hechos de los pueblos bárbaros, que los griegos solían despreciar. En realidad, no es posible precisar lo que pertenece verdaderamente a Hecateo de lo que se conserva de su obra, ni lo que proviene de redacciones y falsificaciones posteriores, y ni siquiera cabe decir cuáles de los títulos, sugestivamente propuestos ya por los antiguos, reflejan mejor las intenciones del historiador. La verdadera unidad de la obra de Hecateo se encuentra ante todo en su posición especulativa de viajero incansable que visita comarcas y regiones lejanas para deducir de sus configuraciones geográficas las íntimas necesidades del pueblo que allí habita. Hecateo fue lo que modernamente se llama un "geopolítico".

Su premisa cultural arranca de la literatura de los periplos, pero en ellos tan sólo se hallaban relaciones de viajes, con las medidas más o menos exactas de las distancias, las enumeraciones de los puertos y los nombres de las playas. El mérito de Hecateo consistió en no limitarse a las regiones costeras, como hasta entonces habían hecho casi todos los navegantes jónicos, sino en fijar la mirada en el interior del país. Cayó así en la cuenta de que muchos de los datos geográficos proporcionados por los periplógrafos eran falsos, debido a la precipitación con que realizaban sus mediciones.

Mientras procedía a rectificar los errores materiales partiendo de cálculos más exactos, se le ocurrió pensar en si también podían ser imprecisas las nociones que se tenían de los pueblos; igual que la geografía, o ciencia del espacio terrestre, adolecía de equivocaciones semejantes, así también la historia, o sea la ciencia del tiempo pasado, podía estar aquejada de valoraciones incorrectas. Por ello se decidió a emprender una cruzada por la verdad contra los errores de todo género difundidos en el mundo griego, y dio a conocer a todos el Mar Mediterráneo hasta las Columnas de Hércules en un gran periplo, bordeando las tres penínsulas europeas, las costas asiáticas y los desiertos líbicos. No dio crédito a ningún mito griego antiguo, reduciendo las gestas de las divinidades a modestos hechos humanos, en una forma que más tarde utilizaría Evemero. La investigación de Hecateo, que los griegos llamaron "historia", no murió con él, ya que, reducida al campo etnográfico, resurgió vigorosamente con Herodoto.