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John Lee Hooker

(Clarksdale, 1917 - 2001) Cantante y guitarrista de blues estadounidense que fue el creador y máximo exponente del boogie, una derivación cruda y contundente del blues tradicional cuya influencia en el rock ha sido incalculable: desde los Rolling Stones o los Doors hasta Carlos Santana han interpretado sus canciones.

John Lee Hooker nació el 22 de agosto de 1917 en una granja cerca de Clarksdale, Mississippi. En varias ocasiones cambió él mismo su fecha de nacimiento, situándola entre 1917 y 1923, y a su muerte su familia tuvo que confirmar la fecha auténtica. Hijo de William Hooker, aparcero y pastor de la Iglesia baptista, y Minnie Ramsey, John creció junto con seis hermanos y cuatro hermanas en un ambiente en el que sólo estaba permitida la música religiosa.


John Lee Hooker en la portada de su disco Mr. Lucky

Durante su infancia vivió el traslado a otra granja en una plantación cercana, donde conoció a los bluesman Snooky Pryor y Jimmy Rogers (entonces Jimmy Lane). Sus padres se separaron en 1928 y John fue el único hermano que quedó al cuidado de su madre. Su padrastro fue el músico local de blues William Moore, que le enseñó a tocar la guitarra cuando tenía trece años. Hooker relató posteriormente que gracias a él conoció, de pequeño, a leyendas como Blind Lemon Jefferson o Charlie Patton, que iban de visita a su casa.

En 1931 inició una serie de traslados, a menudo como vagabundo, hacia el norte industrial, destino común de los negros sureños de su generación. Primero recaló en Memphis, donde vivió en casa de una tía, trabajó en cines locales y tocó con Robert Lockwood. En 1935 se trasladó a Cincinnati, donde alternaba trabajos de limpiabotas o de acomodador en teatros con actuaciones en grupos de gospel. Después de un período en el ejército, se instaló en Detroit en 1943, donde se casó dos veces (con su segunda mujer, Maude Mathis, tuvo seis hijos).

Los inicios de su carrera musical

En Detroit cimentó su carrera musical, al convertirse en una de las atracciones de los locales de Hasting Street, en el corazón del barrio negro de la ciudad. Dice la leyenda que el guitarrista T-Bone Walker le dio su primera guitarra eléctrica, con la cual Hooker inventó su estilo inconfundible, una mezcla del blues rural del sur con el rhythm and blues electrificado de Chicago que popularizaron Muddy Waters o Howlin Wolf.

Elmer Barbee, su mánager, le consiguió en 1948 la grabación de su primer sencillo, Boogie Chillen, publicado en la costa Oeste por Modern Records. Fue un éxito inmediato y vendió un millón de ejemplares. También en 1949 publicó clásicos como Hobo blues y Crawling King Snake, y en 1951 el éxito I’m in the mood, con el que logró el número uno en las listas de ventas. También publicó bajo diferentes seudónimos, como John Lee Booker, Johnny Williams o John Lee.

En sus primeras grabaciones tocaba él solo con su guitarra y marcando el ritmo con el pie, o con el acompañamiento esporádico de otro guitarrista. Por entonces actuaba con banda, pero los expertos presumen que su peculiar sentido del ritmo le hizo prescindir de ella en el estudio. Ello no le impidió tener un notable éxito y dar giras por todo el circuito rhythm and blues del país.

Varias generaciones de discípulos

El correoso boogie de Hooker fue un paso fundamental hacia lo que sería el rock and roll. En 1955 acabó su contrato con Modern Records y fichó por la compañia Vee Jay, de Chicago, que publicó los clásicos Dimples y Boom boom. Por entonces ya había dejado de grabar solo, lo que resultaba un tanto anacrónico para su época.

Sin embargo, a finales de la década, con el estancamiento del mercado del rhythm and blues, encontró una audiencia entusiasta entre el público blanco seguidor del folk tradicional. De esa época son sus grabaciones de nuevo solo y con guitarra acústica, en las que rememoraba sus orígenes rurales en el delta del Mississippi. Con ellas logró repercusión internacional y empezó a realizar giras por todo el mundo.

Su inimitable estilo, que prescindía de la rima y a veces hasta de seguir el ritmo, marcó a varias generaciones de músicos, desde Bob Dylan, que fue su telonero en Nueva York en 1960, hasta las ruidosas bandas de rhythm and blues británicas de los años sesenta, como los Rolling Stones, los Yardbirds o los Animals.

Discos como Black snake (1959), Wednesday evening blues (1960) o Birmingham blues (1963) afirmaron su prestigio a ambos lados del Atlántico. En 1970 se acercó de nuevo a las corrientes de moda al grabar el álbum Hooker ‘n’ Heat con Canned Heat, discípulos suyos igual que tantas otras bandas sureñas, como ZZ Top. En 1979, ya convertido en una figura legendaria, hizo una breve aparición en la película Blues Brothers.

Tras pasar la mayor parte de los años setenta y ochenta de gira, en 1989 publicó The healer, con colaboraciones de Carlos Santana, Bonnie Raitt y Los Lobos. Aquel álbum fue uno de los elementos clave del renacer del interés por el blues en los años noventa, gracias a un público cada vez más interesado por la música «con raíces».

Paradójicamente, John Lee Hooker no conoció las ventas millonarias ni la fama hasta la última década de su vida, lo que explica su inusitada actividad en esos años. The healer, publicado cuando tenía setenta y dos años, fue su disco más vendido, y desde entonces publicó otros cinco, el último de ellos The best of friends, publicado en 1998. Con Chill out (1996) ganó un Grammy, el mismo año en que participó en el Festival por la Libertad del Tibet junto a jóvenes figuras como Smashing Pumpkins, Fugees o Red Hot Chili Peppers. También prestó su venerable aunque dura imagen para varios anuncios publicitarios en Estados Unidos. Su rostro apareció también en sellos de Tanzania y su música sirvió de banda sonora para innumerables películas y anuncios televisivos de diferentes países.

La muerte sorprendió a Hooker pocos días después de su último concierto, en un local de Santa Rosa, California, confirmando el viejo mito del bluesman que se despide agarrado a su guitarra y cantando. «Esto ha sido totalmente inesperado. Tuvo a la audiencia a sus pies tres o cuatro veces el pasado sábado. Le gustaba el contacto con el público, y a pesar de su avanzada edad, no dejó de actuar hasta el final», declaró su agente, Rick Bates, a la agencia Rosebud. La desolación que su pérdida causó en el mundo de la música la expresó como nadie uno de sus más rendidos admiradores, el cantante irlandés Van Morrison: «Es difícil acostumbrarse a un mundo sin él», dijo.

Pocas semanas antes de su muerte, se había publicado su última grabación: una colaboración para el disco de tributo a los Doors Stoned immaculated. En ella superpuso su voz al clásico Roadhouse blues, en una inverosímil reunión con otro mito irrepetible, Jim Morrison, conseguida gracias a la tecnología.

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