![]() |
|
Una enfermedad tropical contraída en el curso de un viaje a caballo le obligó a pensar en un retorno a Europa; y así, abandonó Sudamérica y, por España e Italia, volvió a la patria, donde residió ordinariamente en Magdeburgo. En adelante prevalecieron en él la literatura y la profesión de escritor; tal actividad le pareció la única susceptible de ayudarle a vencer el estado de ánimo provocado por la dolencia, que persistió durante años enteros. Orientado hacia el teatro, publicó en 1911 su primer drama, La viuda judía, obra a la cual siguieron rápidamente otras que le llevaron al éxito de Los burgueses de Calais (1917) en Francfort, triunfo que le dio gran actualidad y reveló en su producción motivos, aspectos, estados de ánimo y vibraciones sentimentales que luego pasaron a ser hasta cierto punto el hilo conductor del teatro expresionista. Durante los dos años que siguieron a tal éxito llevó a la escena otras trece obras, entre ellas De la mañana a la medianoche, El párroco Kleist, que provocó las iras de la censura, y Gas, en la que aparece singularmente destacada la oposición entre la moderna civilización mecánica y la vida del espíritu, que se siente como ahogada por aquélla. Pensó repetidamente en el suicidio; pero le faltó la decisión suficiente. En 1921 se había trasladado a Gründheide, cerca de Berlín, y allí le sorprendió el triunfo del nacionalsocialismo. Durante algún tiempo vivió más o menos olvidado, aun cuando siguiera escribiendo: luego le fue impuesto el silencio. Abandonada la familia, se refugió en Suiza, donde permaneció hasta su fallecimiento. Su teatro, como el del expresionismo, lo es de tesis, y ello tanto si interpreta problemas universales que el autor sitúa en la base de la vida humana (por ejemplo, en Gas, donde se plantea la relación entre el hombre y la civilización mecánica) como si llega hasta la polémica explícita, cual ocurre en El soldado Tanaka, obra llena de espíritu antimilitarista. Junto a los defectos que impidieron su reaparición y reanudación después de 1945 (el carácter de los personajes, no vivos sino simbólicos, y de la acción, más bien que expuesta en su conjunto pensada hasta el fondo), el teatro de Georg Kaiser revela en el autor a un hábil dominador de la palabra y a un artista con una acusada conciencia de los valores escénicos. Escribió asimismo novelas, más bien monólogos que narraciones. Durante el destierro se acentuaron los matices polémicos de su producción; de ello cabe exceptuar unas cien poesías de carácter autobiográfico, lamentos sobre su propio destino de hombre fuera de su mundo y entregado a una vana búsqueda de Dios. |