Ernst Ludwig Kirchner

(Aschaffenburg, 1880 - Frauenkirch, 1938) Pintor expresionista alemán. Durante su infancia su familia se trasladó repetidas veces, instalándose finalmente en Chemnitz, donde acudió a la escuela elemental. En 1901 ingresó en la Facultad de Arquitectura del Colegio Técnico de Dresde. En el invierno de 1903 asiste en Munich al Taller Experimental para Artes Puras y Aplicadas; allí entra en contacto con el exotismo asociado al Jugendstil. Se interesa por el neoexpresionismo y por pintores como Toulouse-Lautrec, Vallotton y Van Gogh. En Nurenberg apreció las xilografías de Alberto Durero.

En 1904 vuelve a Dresde y continúa sus estudios; pinta con Fritz Bleyl, Erich Heckel y Schmidt-Rottluff, con quienes funda Die Brücke en 1905. De esta etapa hay que destacar cuadros como Muchacha con sombrilla japonesa, una obra fauvista con brillantes amarillos y rosas; la figura, la sombrilla y el fondo decorativo están agolpados en el plano frontal del cuadro, creando una estructura de salpicaduras de color abstractas. En Calle de Dresde (1908) representó un grupo de figuras curvilíneas vagando en un mundo de sueños.


Cinco mujeres en la calle (1913), de Ernst Kirchner

En 1910 conoce a Otto Mueller en Berlín, adonde se traslada junto con algunos miembros de Die Brücke, y se une a Max Pechstein en la fundación de MUIM. En Berlín, Kirchner descubriría el tema de la gran urbe con las calles llenas de gente, los escaparates y las luces, y lo traspasó a la tela con una vitalidad que refleja el bullicio optimista de la ciudad, transmitiendo una sensación que no empañan el oscurecimiento del color y el drástico endurecimiento del dibujo, con los contornos rotos y los personajes convertidos en formas agudas. El contraste entre Calle de Dresde (1908), y Calle de Berlín (1913), ambos en el MOMA de Nueva York, o Cinco mujeres en la calle (1913), ilustra claramente el cambio entre su primera época y el lenguaje de su madurez artística.

En 1915, como consecuencia de la guerra, Kirchner sufrió una grave crisis física y psíquica que lo llevó a retirarse a Suiza, cerca de Davos, donde permanecería el resto de su vida pintando con un cromatismo de renovada agresividad. Allí crearía las imágenes más brillantes de los Alpes que quepa imaginar. Del encargo de unos decorados teatrales para el Coro de Davos-Frauenheim surgirían en 1920 Gran Bosque y Paisaje de montaña, dos gigantescas representaciones de esa naturaleza primigenia cuya fuerza se sintetizaba en el contraste violento entre los tonos rosas (a los que reduce peñascos y troncos) y el verde chillón de las praderas.