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Justus von Liebig

(Justus, barón von Liebig; Darmstadt, actual Alemania, 1803-Munich, 1873) Químico alemán que fue pionero de la química orgánica, la bioquímica y la química agrícola, y es considerado por ello uno de los científicos más ilustres del siglo XIX. Se doctoró en 1822 por la Universidad de Erlangen. Discípulo de Gay-Lussac en París, fue más tarde profesor en las universidades de Giessen y Munich. En Giessen revolucionó la enseñanza de la química y creó una de las más prestigiosas escuelas de investigación. Su primer descubrimiento significativo, el isomerismo (compuestos distintos con la misma fórmula molecular), lo realizó con la ayuda de F. Wöhler. Más tarde desarrolló una teoría sobre los radicales químicos, y elaboró un procedimiento para la preparación de extractos cárnicos. Interesado en cuestiones químicas relacionadas con la agricultura, en 1840 publicó una obra fundamental para el posterior desarrollo de dichas cuestiones: Química orgánica y su aplicación a la agricultura y a la fisiología.


Justus von Liebig

Hijo de un comerciante de pinturas y productos de droguería, desde niño se manifestó su curiosidad por aquel abigarrado mundo de la tienda de su padre. Sin interés por los estudios, los abandonó para dedicarse al negocio familiar, aprovechando su tiempo de ocio para experimentar con las sustancias a la venta: llevó a cabo sus primeras experiencias en la trastienda de la droguería, donde preparaba colores, lacas y barnices. Posteriormente, en 1820, estudió en la Universidad de Bonn; la química era entonces una materia fundamentalmente especulativa, sin apenas experimentación. Decepcionado, siguió formándose de modo autodidacta y creó y presidió la Sociedad de Ciencia Natural.

Su participación en una algarada política le costó tres días de reclusión. Al salir de la cárcel, solicitó al Gran Duque de Renania que le costease sus estudios en París, a lo que la alta autoridad accedió para librarse de los ímpetus revolucionarios del joven químico. De esta rocambolesca manera llegó Liebig a establecerse en la capital francesa en 1822, bajo la tutela de maestros de física y química tan relevantes como Thénard, Gay-Lussac, Chevreul y Vauquelin.

Merced a una recomendación de Louis-Jacques Thénard, el joven Justus von Liebig fue admitido en un laboratorio privado, donde tuvo ocasión de realizar numerosos experimentos de los que informó a la Academia Francesa el 22 de marzo de 1824. Sus progresos habían sido tan sorprendentes que dos días después, con tan sólo veintiún años de edad, fue nombrado profesor extraordinario de la Universidad de Giessen (Alemania).

A pesar del recelo que despertaban en sus colegas su juventud y su pasión por una disciplina tan poco estudiada, Liebig pronto convirtió el laboratorio de su universidad en un centro experimental que habría de servir de modelo a todos los investigadores químicos de Europa y América. Trabajando de forma infatigable, en condiciones penosas, dentro de un miserable barracón que le había cedido la universidad, el joven científico de Darmstadt realizó numerosos experimentos que extendieron su fama. Pronto contó con una legión de discípulos que, procedentes de muy diversos países, pudieron comprobar in situ los nuevos métodos desarrollados por Liebig para la enseñanza y el aprendizaje de la química; entre sus alumnos figuran August Wilhelm von Hofmann y Friedrich August Kekulé.

En 1832, Liebig fundó la prestigiosa revista Anales de Farmacia (que luego habría de cambiar su cabecera por la de Anales de Química), y ocho años después dio a la imprenta su obra más famosa, Química orgánica y su aplicación a la agricultura y a la fisiología (1840). Otras obras suyas son Instrucción sobre el análisis de los cuerpos orgánicos, Diccionario de química, Manual de farmacia, La química orgánica aplicada a la fisiología animal y a la patología, Elementos de química, La química animal, La química orgánica aplicada a la farmacia, Los movimientos de los jugos en el cuerpo animal, Investigaciones sobre la química alimenticia y Teoría y práctica de la economía agrícola.

Nombrado presidente de la Academia de Ciencias de Berlín, y miembro honorífico de la Royal Society londinense y de otras muchas academias y asociaciones científicas europeas y americanas, en 1845 Justus von Liebig fue honrado en su país natal con el título de barón. Siete años después, abandonó su querida Universidad de Giessen para incorporarse a la de Munich, en la que impartió clases en calidad de profesor de química.

Descubrimientos y aportaciones de Liebig

Inicialmente se dedicó a la química orgánica, y, con Gay-Lussac, estudió los fulminatos, cuya analogía química con los cianatos reconoció; fue uno de los primeros casos de isomería (fenómeno por el cual dos o más compuestos tienen fórmulas químicas idénticas pero estructuras moleculares diferentes), que observó también Wöhler. Descubrió el ácido hipúrico, el cloroformo y el cloral, y estudió los compuestos del ácido úrico, los alcaloides, los aminoácidos y las amidas. Cabe mencionar aquí asimismo la larga colaboración de Liebig con Friedrich Wöhler, iniciada con las investigaciones sobre el radical benzoilo. Defendió la exactitud de la teoría de los radicales en la interpretación de las reacciones orgánicas, y admitió la presencia del radical etilo, que dedujo de las fórmulas del éter, el alcohol, el cloruro de etilo y el éter benzoico.

En una segunda fase de su trayectoria profesional, Justus von Liebig se centró en la química fisiológica o bioquímica (es decir, la química de los procesos vitales). Clasificó los alimentos en tres grandes grupos (grasas, proteínas e hidratos de carbono), y, tras haber construido los primeros aparatos que permitían absorber el anhídrido carbónico expulsado en el proceso de la respiración, se halló en condiciones de demostrar que el calor del cuerpo (y, en general, la energía vital) es el resultado de la combustión de grasas e hidratos de carbono (o sea, de los alimentos digeridos en el interior del organismo). Al hilo de estas investigaciones sobre el cuerpo humano y los alimentos, Liebig ideó un método para obtener extractos de carne que se utilizó en todo el mundo hasta mediados del siglo XX.

Se le debe, además, la aplicación de la química al estudio de la agricultura: entre otros progresos, experimentó con éxito en el campo de los fertilizantes artificiales e introdujo el empleo de los abonos minerales. Sugirió que las plantas transforman la materia inorgánica de la tierra y de la atmósfera en materia orgánica. Su obra Química orgánica y su aplicación a la agricultura y a la fisiología (1840) revolucionó la ciencia agraria y enunció la teoría química de la fermentación.

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