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Hans Lippershey

(Wesel, hacia 1570 - Middleburgh, hacia 1619) Óptico holandés al que se atribuye la invención del telescopio. En los escasos documentos que de él se tienen su nombre aparece también como Jan Lippershelm, Hans Lippershelm y Johan Lipperhey. Solía recorrer las cortes europeas de inicios del siglo XVII con un espectáculo que incluía un tubo magnificador de imágenes, llamado en neerlandés kijker ("veedor").


Hans Lippershey

En 1608 intentó patentar un anteojo provisto de un par de lentes, una cóncava y otra convexa, al que denominó perspicillum: había nacido el primer telescopio astronómico refractor. El fabricante de lentes lo diseñó con la idea de observar objetos lejanos situados sobre la superficie terrestre, no objetos lejanos en el cielo. Ese mismo año lo ofreció al gobierno holandés para su uso en el campo de batalla. El estado le concedió una gratificación de 900 florines y modificó su aparato en binocular. Estos aparatos pronto traspasaron las fronteras nacionales y se generalizaron en toda Europa.

En realidad, la invención del anteojo, aparato provisto de dos o más lentes que permite la visión de objetos lejanos, tuvo lugar probablemente a finales del siglo XVI. El filósofo Roger Bacon, el astrónomo Leonard Digges y el erudito Giambattista della Porta han sido señalados como los primeros diseñadores del instrumento, que quizás se construyó por primera vez en la Italia de 1590. No obstante, hasta la primera década del siglo XVII no hay constancia efectiva del nacimiento del anteojo, que tuvo lugar en la ciudad holandesa de Middelburg de la mano de Zacharias Janssen y Hans Lippershey.

Un astrónomo francés, Jacques Bovedere, comentó en carta a Galileo Galilei las posibles aplicaciones del tubo magnificador en el campo astronómico, y en 1609 Galileo construyó varios anteojos sin haber visto los modelos holandeses, empleando una lente convexa para el objetivo y otra, divergente o convergente, para el ocular. Gracias a ellos realizó los importantes descubrimientos astronómicos descritos en su obra Sidereus Nuncius (1610). El nuevo instrumento permitiría a Galileo revolucionar la astronomía al descubrir los cráteres de la Luna y las lunas de Júpiter, identificar las manchas solares y corroborar la teoría heliocéntrica de Nicolás Copérnico, según la cual los planetas giraban alrededor del Sol.

Los problemas de estos primeros anteojos rudimentarios, que operaban por refracción, fueron superados con el posterior desarrollo de los anteojos reflectores o catóptricos, llamados propiamente telescopios. Se introdujeron varias lentes en el ocular a fin de que las imágenes no apareciesen invertidas, pero sobre todo se evitaron pérdidas de luz y se aumentó la claridad y el campo de las imágenes con la inclusión de espejos concavoesféricos o parabólicos. En estas innovaciones se basó el telescopio del monje franciscano Marin Mersenne, de 1636, capaz de superar las aberraciones cromáticas que generaban las lentes de los anteojos refractores. Isaac Newton construyó en 1668 un telescopio con el ocular situado lateralmente en el exterior del tubo, y en 1672 Cassegrain lo perfeccionó introduciendo un espejo hiperboloide que facilitaba la observación.

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