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Juan March

(Juan March Ordinas; Santa Margarita, 1884 - Madrid, 1962) Empresario y financiero español. De familia campesina con escasos recursos, pudo estudiar en el colegio franciscano de Pont d'Inca gracias al empeño de su padre por darle una educación. Reservado, inteligente y trabajador, entró luego como mensajero en un comercio, donde aprendió contabilidad (más tarde manifestaría que las matemáticas le atraían enormemente). Ya mayor de edad, se dedicó primero a la trata de cerdos, que le aportó un pequeño capital con el que compró amplios terrenos de poco valor en la isla de Mallorca. Dividiendo esos terrenos en pequeñas parcelas, las vendió a pequeños campesinos, deseosos de tener tierras propias aunque fuesen de que pequeño tamaño.

Después se hizo con una participación en el contrabando que realizaba un barco mercante, que adquiría productos en África y Gibraltar y que él colocaba luego en la costa levantina. En 1906 compró parte de una fábrica de tabaco en Argelia, difundiendo su producción, barata y de calidad, por todo el norte de África; así, en 1911, obtuvo de la Compañía Internacional de Tabacos de Marruecos, francesa, el monopolio del comercio de tabaco en todo Marruecos, incluido el español. Por entonces organizó además una red de distribución del mismo, y se interesó por la producción de electricidad en Baleares (donde se hizo con acciones del tranvía de Mallorca) y Canarias: los beneficios comenzaban ya a ser importantes.

Estallada la Primera Guerra Mundial en 1914, las necesidades de transporte de los países de la Triple Entente y sus aliados le ofrecieron un nuevo campo de negocios, aprovechando la red de navegación que utilizaba para el tabaco. En 1916 creó la Compañía Transmediterránea, que con un capital inicial de cien millones de pesetas integraba varias navieras, y controlaba las comunicaciones entre Baleares y Marruecos y el tráfico de cabotaje en Levante.

Otro de los negocios en los que comenzó a intervenir fue el petroleo; en 1919 obtuvo un prórroga del monopolio de tabaco, gracias a las gestiones del gobierno español. Sin embargo, quedaba perjudicada la Compañía Arrendataria de Tabacos, por lo que March y su negocio fueron combatidos por Cambó, ministro de Fomento desde 1918 y de Finanzas en 1921-22; en 1921 denunció públicamente al comerciante, considerándole un contrabandista "técnico a la moderna" y "el último pirata del Mediterráneo", palabras éstas últimas que luego Manuel Benavides tomó como título de un reportaje de 1934 sobre Juan March. A pesar de la creciente efectividad de la policía, que detuvo a varias embarcaciones, la organización mejoró y el contrabando continuó pujante.

En abril de 1923 fue elegido diputado a Cortes por Mallorca (adscrito a Izquierda Liberal, de Santiago Alba), obteniendo más votos que Antonio Maura; no obstante, en septiembre del mismo año el general Primo de Rivera recibió el encargo de Alfonso XIII de formar gobierno, quedando en suspenso las Cortes. Tanto Alba como March fueron perseguidos, y ambos tuvieron que huir temporalmente a Francia; March regresó en un mes a Madrid para defenderse al tiempo que ofrecía sus servicios al dictador, que acabaron por ser aceptados: por ejemplo, prestó un importante servicio para la ocupación pacífica de Tánger. Entre 1924 y 1926 se ocupó especialmente de los dos periódicos madrileños que había adquirido: Informaciones y La Libertad, y en 1925 organizó Pretróleos de Porto Pi para recibir petróleo ruso.

En 1926 fundó la Banca March en Mallorca, para financiar sus empresas comerciales; pronto estableció sucursales en varias localidades de la isla mallorquina. Por otro lado, Petróleos de Porto Pi tuvo una existencia breve, pues en noviembre de 1927 fue integrada en la recién fundada CAMPSA ("Compañía Arrendataria del Monopolio del Petróleo Sociedad Anónima"). Este mismo año extendió el monopolico de tabacos a Ceuta y Melilla. Elogiado por Primo de Rivera en 1929, en 1930 un Comité Revolucionario pidió a Juan March ayuda económica para derribar la monarquía y sustuirla por la República, ofreciéndole a cambio respetar sus negocios una vez hubieran triunfado; March no aceptó.

Establecida la II República en 1931, intentó de nuevo salir de España, aunque esta vez fue detenido, siendo acusado de colaboración con la dictadura y contrabando. Retenido únicamente en su domicilio, pues poseía inmunidad por su elección como diputado en 1923, se hizo cargo personalmente de su defensa. Las investigaciones sobre el origen de su fortuna duraron un año y finalmente, tras un brillante discurso de Jaime Carner ("O la República somete a March, o él someterá a la República"), fue encarcelado en junio de 1932 en la Cárcel Modelo de Madrid sin que se hubiese definido su culpa.

En 1933 fue trasladado a la cárcel de Alcalá de Henares, desde donde batalló por abandonar la prisión: compró los periódicos de Madrid Luz, El Sol y La Voz, hasta entonces pro-azañistas, para criticar al jefe de gobierno de la República. Por fin, el 2 de noviembre de ese año logró la colaboración del jefe del turno de noche y de un guardia para escapar de su encierro, que ya duraba diecisiete meses; en coche, se dirigió a Gibraltar, donde permaneció unos días para recuperar la salud perdida en la cárcel, antes de marchar a París vía Marsella. Su fuga fue muy comentada en los medios de comunicación de la época, tanto nacionales como internacionales.

March, presentándose a las elecciones generales que estaban a punto de celebrarse, salió de nuevo elegido diputado por Baleares. En ellas, el partido más votado fue la CEDA de Gil Robles, por lo que pudo regresar a España; no obstante, la abandonó de nuevo dos años después, cuando en las elecciones del 16 de febrero de 1936 triunfó el Frente Popular, aunque por tercera vez había ganado acta de diputado.

Desde Biarritz (Francia) asistió a la conspiración militar que iba fraguándose en el verano de 1936 contra la II República; con su aval económico, que se concretó en primer lugar en el avión que trasladó al general Franco de Canarias a Marruecos, los sublevados obtuvieron el apoyo de muchos indecisos: el total que March puso a su disposición alcanzó los 600 millones de pesetas.

Poco conocidas sus acciones durante la Guerra Civil Española, al finalizar ésta se dedicó fundamentalmente a negocios fuera del país: pues se sentía incómodo en Madrid a causa de diversas razones, entre ellas las intenciones socializadoras de la Falange. Residió en Lisboa y Ginebra, viajó en alguna ocasión a Londres, y a principios de los años 40 creó en Tánger la Sociedad Financiera Tangerina, donde concentró las acciones que iba comprando de la eléctrica Canadiense (nombre que recibía en España Barcelona Traction, por la nacionalidad de su titularidad).

En febrero de 1948 el juzgado de Reus declaró en quiebra esta compañía, cuyo bienes en España fueron subastados en noviembre de 1951; sólo FECSA ("Fuerzas Eléctricas de Cataluña Sociedad Anónima"), dependiente de March, se presentó a la puja, de modo que obtuvo Barcelona Traction por el precio mínimo fijado. Las reclamaciones de las multinacionales norteamericanas afectadas no fueron escuchadas por el ministro del Exterior español, Alberto Martín Artajo.

En 1955, a imitación de la Fundación Rockefeller o la Fundación Carnegie, creó la Fundación March para promover la ciencia y la cultura, que dotó con 300 millones de pesetas y 1,2 millones de dólares (2.000 millones a su muerte), y que hoy cuenta con colecciones propias de escultura y pintura, institutos de investigación, bibliotecas y publicaciones, y ofrece premios y becas de investigación y actividades culturales y actividades culturales.

Juan March, que en 1957 había sido operado por Antonio Puigvert de unas repetidas y serias hemorragias, murió el 25 de febrero de 1962 de las heridas sufirdas en accidente de automóvil dos semanas antes. Enterrado en un panteón que él había mandado construir en Palma de Mallorca, fue objeto de un homenaje por personalidades del mundo de la cultura, entre ellos los directores de las reales academias, como Ramón Menéndez Pidal (entonces Director de la Real Academia Española).

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