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Juan O'Gorman

(Coyoacán, 1905 - 1982) Pintor mexicano. Contemplado en muchos estudios como el último representante de la estirpe de los grandes muralistas mexicanos, que florecieron en la primera mitad del siglo XX, pueden rastrearse en su estilo las huellas del arte de Diego Rivera, del que algunos críticos le consideran sucesor directo. Tal vez sea ésta una apreciación exagerada, pues, aunque es posible indiscutiblemente encontrar en la obra de O'Gorman algunas líneas referenciales, su pintura tiene, sin embargo, unas características personalísimas, un lenguaje propio en el que supo conciliar la minuciosidad del detalle con la más simbólica fantasía, para constituir una obra vasta y monumental.


Autorretrato (1950)

Resultado (como tantos otros representantes del arte y la cultura mexicanos) de la fusión de dos culturas, del frío y estricto espíritu británico por parte de su padre y de la apasionada sangre mexicana de su familia materna, Juan O'Gorman mostró, ya en sus primeros años, aptitudes excepcionales para el dibujo y la pintura, que se pusieron de relieve en el círculo de su padre, Cecil Crawford O'Gorman, quien muy pronto se sintió orgulloso de poder contar con un hijo que le sucediera dignamente en sus actividades como arquitecto. Procuró pues, a partir de entonces, potenciar las aptitudes artísticas de su hijo poniéndole en contacto con los creadores plásticos que formaban su círculo de amistades, algunos de ellos consagrados; sin embargo, éstos no parecen haber tenido excesiva influencia en los primeros pasos del muchacho por el mundo de las artes.

Tras sus estudios elementales y secundarios, O'Gorman se inscribió en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se graduó sin repetir ningún curso (1921-1925). Posteriormente, decidido a ampliar en lo posible los conocimientos técnicos que le parecían necesarios para su actividad profesional, optó por la ingeniería como complemento a su formación. La pintura llenaba sus momentos de ocio; la utilizaba sólo como un medio para relajarse, para olvidar las horas de concentración y de estudio. Pero lo que había empezado como una afición, como una actividad lúdica o suplementaria, fue interesándole más y más, fue exigiéndole un lugar de privilegio hasta convertirse, poco a poco, en su ocupación habitual. El arquitecto en ciernes comenzaba a mostrar los rasgos del futuro pintor.

Arquitectura y vanguardismo

Es lógico pues que, a la hora de examinar la obra pictórica de Juan O'Gorman y su devenir en el mundillo artístico mexicano, sea necesario tener muy en cuenta su trayectoria profesional, su importante contribución al desarrollo de la arquitectura mexicana contemporánea, en el que desempeñó un decisivo papel de pionero.

Influido por las teorías del funcionalismo (que exigían una definición, previa al proyecto, de las "funciones" a las que se destinaba el edificio para adaptar, así, sus formas a las necesidades previstas) y de la arquitectura orgánica, construyó escuelas y casas-habitación, entre otras la del muralista Diego Rivera (1931). Merece destacar en este aspecto el proyecto que realizó para la Biblioteca Central de la Ciudad Universitaria (1949-1951), de cuya dirección de obras se encargó personalmente y que le sirvió para dejar constancia de su voluntad experimental e innovadora, al diseñar, para sus muros exteriores, un gigantesco mural de multicolores piedras, que representaba el desarrollo histórico de la cultura nacional (1952).

Admirador de los arquitectos funcionalistas europeos, especialmente de Walter Gropius, portaestandarte de la célebre Bauhaus, y de Le Corbusier, concebía la arquitectura y el urbanismo como una adaptación a las exigencias sociales, económicas y técnicas del siglo XX. Sus obras se caracterizaron esencialmente por el empleo del cemento armado, los exteriores asimétricos y una constante búsqueda de aire y luz. Sin embargo, gracias a la influencia que ejerció en él su profesor J. Villagrán García, fue evolucionando hacia la corriente que ha dado en llamarse "nuevo barroco mexicano". Proyectó entonces edificios cuyas raíces se encuentran en las iglesias coloniales, en las construcciones religiosas previas a la Revolución Mexicana.

Por otra parte, cuando diseñó y construyó su propia casa, levantada en las estribaciones del Pedregal de San Ángel (1956) y derribada posteriormente, buscó inspiración en los planteamientos expuestos por Mathias Goeritz en su Manifiesto de la arquitectura emocional y, de este modo, procuró diseñar cada estancia o habitación ateniéndose al sentimiento que pretendía inspirar.

Una de las máximas preocupaciones de O'Gorman, tal vez su anhelo estético más emblemático, fue la unificación de pintura y arquitectura en un mismo acto creador, en un idéntico marco artístico. De ahí sus constantes experiencias creativas, sus intentos encaminados a integrar en sus obras pictóricas o arquitectónicas elementos que, a priori, se consideran ajenos a los ámbitos respectivos de estas artes, los cuales le han valido ser considerado uno de los precursores en la utilización del collage y de su introducción en los medios artísticos latinoamericanos.

Ya recién terminados sus estudios, en 1926, recibió el encargo de realizar, como trabajo práctico, la decoración de cinco establecimientos públicos, en uno de los cuales, la pulquería Los Fifís, su obra obtuvo cierta popularidad. El éxito en estas actividades le valió ser asignado como profesor no numerario a la cátedra de arquitectura del Instituto Politécnico de México, cuya titularidad alcanzaría en 1932.

Víctima de la censura

Cuatro años después, O'Gorman realizaría tres tablas sobre la conquista del espacio para el Aeropuerto Nacional. Dos de ellas fueron destruidas porque incluían, en una exagerada representación caricaturesca, las figuras de Adolfo Hitler y Benito Mussolini, hecho que, al producirse en plena Segunda Guerra Mundial, hizo temer que pudiera provocar tensiones. Las dos tablas pasaron, pues, a engrosar la larga lista de las obras de arte víctimas de la política. La tercera de ellas se conserva hoy en el Museo de Historia de Chapultepec.


Los mitos paganos (1947)

Por lo que respecta a la pintura de caballete, O'Gorman aborda temas complejos de intención y características diversas, que, con un predomino del sarcasmo macabro, oscilan entre el detallismo cargado de fantasía de sus Mitos y la lineal geometría de Recuerdos de Guanajuato, pasando por la sátira cruel de los Enemigos del pueblo. En la elaboración de sus composiciones utilizó preferentemente dos técnicas: el temple o pintura a emulsión, sobre soporte de manosite, para sus cuadros, que obtienen así unos colores luminosos y duraderos; y el fresco, para sus murales. La suya es una producción que refleja inquietudes sociales y nacionalistas. Fue el inventor de formas nuevas a través de creaciones arquitectónicas y, al mismo tiempo, el continuador del puntillismo, recreando más que nunca el poder del detalle sobre el conjunto global de la obra.

"El realismo de O'Gorman -ha dicho el pintor boliviano Roberto Berdecio- es la expresión de un artista formado por las más variadas disciplinas del conocimiento. Su obra muestra, en esta época de improvisaciones, el hecho poco común de su gran capacidad técnica en el más alto sentido artesanal", párrafo que pone de relieve lo que constituye, tal vez, la faceta más característica en la producción del artista, su polivalencia, la facilidad y el rigor con que domina los más distintos materiales en una creación que pretende, y muchas veces consigue, ser sintética. En efecto, el conjunto de su producción se revela íntimamente ligada a sus conocimientos matemáticos, que le sirven para plasmar observaciones analíticas de planos superpuestos en las que se mezclan las explosiones de su fantasía (hombres alados, globos aerostáticos) con el canto heroico de la historia.

Con todo, el aspecto más interesante de sus trabajos, y el que le ha conferido un lugar destacado en el panorama de la pintura mexicana contemporánea, es la excepcional calidad de su trazo, su sabia organización de la perspectiva que evidencia su formación de arquitecto y, sobre todo, su factura detallista, su creación de verdaderas miniaturas de perfecto acabado y orden, perceptibles incluso en el interior de sus amplias composiciones murales.

En su repertorio de imágenes y de estilo tradujo gran parte del misterio propio de México, asumiendo y aglutinando vestigios de las civilizaciones precolombinas, del barroco macabro de los cultos fúnebres heredados de España y amplificados hasta la obsesión, de los colores y visiones de la vida cotidiana indígena, reflejados siempre con sencillez y claridad, cual de una fórmula matemática se tratara.


La ciudad de México, óleo de O'Gorman

La vivacidad de su paleta y la recuperación de elementos insólitos o fantásticos característicos de la imaginería popular quedan de manifiesto en sus obras de caballete, entre las que sobresalen La ciudad de México y Autorretrato (1949 y 1950, respectivamente), y Recuerdo de los Remedios (1943), pero adquieren su mayor dimensión en unos murales entre los que deben mencionarse Historia de la aviación (1937, Aeropuerto Internacional Benito Juárez, México D. F.); Alegoría de las comunicaciones (1953), en la sede de la Secretaría de Comunicaciones de México; Cuauhtémoc redivivo, en un hotel de Taxco (1956); y Retablo de la Independencia (1960-1961, Museo Nacional de Historia, México D. F.).

Miembro de la Academia de Artes, recibió en 1972 el Premio Nacional de Artes, por su aportación a los campos artísticos pictórico y arquitectónico, y se mantuvo activo hasta que, en 1982, le sorprendió la muerte cuando se hallaba trabajando (apoyado por un equipo de colaboradores reclutados entre sus discípulos y seguidores de la Universidad de México) en unos frescos para el Museo Nacional de Historia y para el castillo de Chapultepec.

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