Antonio Pérez

Secretario de Felipe II de España (Madrid, 1540 - París, 1611). Era hijo ilegítimo y sacrílego de Gonzalo Pérez, un clérigo secretario de Carlos I y de Felipe II en sus primeros años de reinado. Protegido por el príncipe de Éboli, se educó en las universidades de Alcalá, Lovaina, Salamanca y Padua. Al morir su padre en 1556 pasó a ocuparse de la secretaría real interinamente, recibiendo confirmación oficial de su cargo en 1567.


Antonio Pérez

En las luchas políticas de la corte destacó como un gran intrigante alineado con la facción de Éboli contra el duque de Alba y contra don Juan de Austria. Y acabó asesinando al secretario de éste, Juan de Escobedo, en connivencia con el rey (1578). Este crimen fue utilizado por el rey contra su secretario cuando descubrió que éste le espiaba para el papa, acusación que no podía hacer directamente por ser la Monarquía Hispana y el Papado dos potencias amigas en teoría.

En 1579 Antonio Pérez fue detenido -al tiempo que su amante, la princesa de Éboli- y sustituido cerca del rey por el cardenal Granvela (aunque Pérez siguió desempeñando la Secretaría hasta 1584). Se le acusó inicialmente de corrupción, cargo del que había abundantes pruebas; y diez años después se le acusó además de asesinato, sometiéndole a tormento como requería el proceso judicial en la época.

Después de once años en la cárcel, Pérez consiguió huir disfrazado de Madrid y refugiarse en Aragón, en donde se acogió a la protección del derecho foral alegando ser hijo de un natural de aquel reino (1590). Su causa quedó así unida a la defensa de las libertades aragonesas frente a la Corona. El rey hizo entonces que le acusara de herejía la Inquisición, única institución con jurisdicción en toda España; pero la Inquisición fracasó en el intento de hacerse con el reo, ante la agitación de las masas populares (comenzaban así las alteraciones de Aragón).

Dispuesto a imponer su autoridad, Felipe II envió un ejército a Zaragoza, que tampoco consiguió prender a Pérez, el cual había huido a Francia con ayuda del justicia mayor de Aragón, Juan de Lanuza. Mientras las autoridades forales aragonesas se levantaban en armas contra el rey por lo que entendían una violación de sus fueros, Pérez era acogido calurosamente en la corte francesa. Fue juzgado y condenado en su ausencia por la Inquisición, que confiscó sus bienes y quemó públicamente una estatua de él.

Durante años asesoró tanto a Enrique IV de Francia como a Isabel I de Inglaterra en sus acciones militares contra Felipe II. Se dedicó también a publicar escritos contra el rey, que suministraron gran parte del material con el que se tejió la leyenda negra contra la Monarquía Hispana. Desde la muerte de Felipe II perdió interés político y, pobre y marginado, murió en el exilio sin haber conseguido el perdón de la Monarquía.