Dilma Rousseff

(Dilma Vana Rousseff; Belo Horizonte, 1947) Política brasileña que accedió en 2010 a la presidencia del Brasil, tras una holgada victoria en las elecciones presidenciales, en las que contó con el apoyo de su predecesor y compañero de partido, Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010). Es la primera mujer que alcanza la más alta jefatura de la república.


Dilma Rousseff

Hija de un abogado de origen búlgaro y de una maestra brasileña, Dilma Rousseff cursó sus primeros estudios en colegios privados de ideario católico. Con tan sólo dieciséis años ingresó en una organización de signo trotskista, Política Operária. Tres años más tarde (1964), cuando Rousseff era estudiante de Ciencias Económicas en la Universidad Federal de Minas Gerais, tuvo lugar el golpe de Estado que instauró en Brasil una dictadura militar.

La situación política del país radicalizó su militancia, propiciando su ingreso en el Comando de Liberación Nacional (1967) y, a partir de 1969, en la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares, organizaciones que practicaron la lucha armada contra el régimen castrense. Tanto predicamento alcanzó en el seno de estas fuerzas que llegó a ser conocida como "Papisa de la subversión" y "Juana de Arco" de la guerrilla. Detenida en 1970, permaneció encarcelada hasta 1973 y sufrió torturas durante su cautiverio. Tras su liberación se estableció en Porto Alegre, donde reanudó los estudios de economía. Allí volvió a la actividad política, en las filas del Partido Democrático Trabalhista (1979), después de ser indultada por el gobierno.

Ocupó varios cargos públicos regionales como representante de esta fuerza política, antes de su afiliación al Partido de los Trabajadores (2001), dentro del cual proyectó su quehacer a la política estatal: primero como coordinadora del equipo de Infraestructuras del gobierno de transición entre los mandatos de Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inácio Lula da Silva; más tarde, durante los mandatos del segundo, como ministra de Energía y Minas (2003-2005) y Jefe de la Casa Civil (2005-2010), cargo equivalente a la jefatura del gabinete ministerial.

La condición de estrecha colaboradora del presidente Lula, así como el favor personal del mismo, influyeron decisivamente en su elección como candidata a las elecciones presidenciales por el 4º Congreso del Partido de los Trabajadores (febrero de 2010). Tal distinción la obligó a renunciar a su cargo ministerial, como prescribe la ley brasileña. Durante la campaña electoral defendió una propuesta programática continuista con respecto a las líneas maestras de la política de Lula: lucha frontal contra la pobreza, seguridad jurídica para las inversiones extranjeras y la iniciativa privada nacional, y fortalecimiento de los lazos de cooperación diplomática y económica con las demás naciones latinoamericanas.

El domingo 31 de octubre de 2010, Dilma Rousseff se impuso en la segunda ronda de las elecciones presidenciales al candidato socialdemócrata José Serra. Fue un triunfo rotundo, puesto que la candidata oficialista recibió el 56 % de los votos emitidos (doce puntos más que su oponente). De esta manera, el veredicto de las urnas brasileñas asumió la creciente presencia de las mujeres en la vida pública latinoamericana, de la cual también son exponentes las presidentas de Argentina, Cristina Fernández, y de Costa Rica, Laura Chinchilla.

Tras la victoria de Rousseff, los analistas insistieron en la importancia final del persistente apoyo que Luiz Inácio Lula da Silva había prodigado a su sucesora. Lula, convertido en el mandatario más admirado de la historia de Brasil, gozaba tras ocho años de gobierno de un índice de aprobación social superior al 80 %, con lo que su entrega a la causa electoral de Rousseff pesó en la conciencia de las clases populares y medias del país. Pero resulta evidente que también influyó su perfil de luchadora por los derechos democráticos y sociales.

A diferencia de otros gobernantes latinoamericanos, Rousseff está llamada a dirigir un país esperanzado en su inmenso potencial material y humano, que durante la década de 2000 se convirtió en la principal economía de América Latina y en la octava economía mundial en 2010. Pero no le faltarán retos de altura. El principal de ellos, combatir la atroz desigualdad social aún vigente en el seno de la sociedad brasileña, labor que Lula inició con sus ambiciosos programas de choque contra el hambre y la miseria y por la escolarización plena: gracias a ellos, 23 millones de personas han salido de la pobreza y el 90 % de los niños brasileños recibe escolarización básica.

Proseguir con esta magna obra social, que cuesta al estado brasileño ingentes recursos presupuestarios, sólo podrá conseguirse en un marco de crecimiento económico sostenido, que exigirá, entre otros requisitos, mayores inversiones extranjeras y un mejor aprovechamiento de los inmensos recursos naturales del país, muchos de los cuales apenas han sido descubiertos en los últimos años; una reforma en profundidad del sistema fiscal, en aras de mejorar la financiación de la administración estatal y ampliar los servicios públicos; y la reforma del aparato burocrático del Estado, para librarla de malas prácticas y corrupción. Para desplegar este amplio programa de reformas, no se esperan grandes cambios futuros en el estilo de gobierno implantado por Lula.