Cristina Fernández de Kirchner

(La Plata, 1953) Política argentina que ocupa la presidencia del país desde 2007. Obtuvo un rotundo triunfo en los comicios celebrados el 28 de octubre de 2007, a las que se presentó como candidata del Frente para la Victoria, formación política de ideología peronista (o justicialista) que ya había encumbrado a su marido, Néstor Kirchner, a la jefatura del Estado en 2003. Con su victoria, Cristina Fernández de Kirchner se convirtió en la primera mujer en acceder a la presidencia de la República Argentina por la elección directa de los ciudadanos: María Estela Martínez de Perón, Isabelita, ya había ocupado ese cargo (en el que cumplió una nefasta gestión) a partir de 1974, pero había sido electa como vicepresidente en la fórmula que encabezaba su esposo, Juan Domingo Perón, hasta que el fallecimiento de éste la catapultó a la jefatura del Estado.

Por lo demás, todas son diferencias entre Cristina, como simplemente la llaman sus partidarios, y la inepta viuda de Perón. Al igual que su marido, el ahora ex presidente Néstor Kirchner, la mandataria argentina, quien asumió su investidura el 10 de diciembre de 2007, militó en la Juventud Peronista y combatió en su momento al gobierno ultraderechista de Isabelita y su ministro José López Rega, fundador de la organización paramilitar Triple A. Abogada, con buena formación intelectual y dilatada experiencia política como senadora nacional, la señora de Kirchner se mantuvo alejada del folclore peronista; aspiraba a liderar un bloque político de centro-izquierda con apoyo en distintos sectores, para, según declaró, "profundizar los cambios que empezamos en 2003".


Cristina Fernández de Kirchner

Nacida en el seno de una familia de clase media, Cristina Fernández vino al mundo en la ciudad de La Plata, el 19 de febrero de 1953, pocos meses después de la muerte de Eva Duarte de Perón. Su madre, Ofelia Giselle Wilhelm, fue dirigente gremial del Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires y activa militante del Partido Justicialista; su padre, Eduardo Fernández, era un mediano empresario del transporte y simpatizante de la Unión Cívica Radical. Este matrimonio, mixto en política, tuvo una segunda hija que llevó por nombre el de su madre, Giselle.

Cristina cursó sus estudios primarios en una escuela estatal; los secundarios, en la Escuela Nacional Superior de Comercio Libertador General San Martín y en el colegio religioso privado Nuestra Señora de la Misericordia, todos en La Plata. Al concluir el bachillerato se inscribió en la carrera de Psicología de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP), pero a los pocos meses decidió virar su orientación vocacional hacia la abogacía. En 1974 inició los estudios de Derecho en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNLP, de la que obtuvo el título de abogada en 1979, tras un intenso periplo personal.

En marzo de 1975 se casó con el santacruceño Néstor Kirchner, al que había conocido en la universidad sólo seis meses antes del enlace y con quien coincidió en la militancia peronista de izquierda moderada, si bien su militancia política parece haber sido menos comprometida que la de su marido. El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 sorprendió a la joven pareja domiciliada en La Plata: Cristina como estudiante, Néstor a punto de egresarse (obtendría su título pocos meses después) y ambos en retirada de la militancia activa. En julio decidieron mudarse a Río Gallegos, ciudad de origen de los Kirchner, donde abrieron un despacho de abogacía, y en 1977 nació su primer hijo, Máximo, que años más tarde tendría una hermana, Florencia, alumbrada en 1990.

La condición de abogada permitió a Cristina aplicarse de lleno a la profesión compartida con su marido; así, la sociedad conyugal inició una próspera actividad privada que le reportó notables dividendos en los negocios inmobiliarios. Tras el retorno a la democracia, en 1983 volvieron los Kirchner a la militancia peronista; en 1987 Néstor consolidó su carrera de líder político al ser designado intendente de Río Gallegos, y en 1985 Cristina inició una carrera homóloga, tras ser elegida congresista provincial del Partido Justicialista.

A partir de entonces, los cargos electivos se fueron sucediendo y su ascenso dentro de las filas del justicialismo fue imparable: en 1989 se convirtió en diputada provincial; en 1993 fue diputada provincial reelecta; en 1994, convencional nacional constituyente; en 1995, diputada provincial reelecta; en 1995-1997, senadora nacional; en 1997-2001, diputada nacional; en 1998, convencional provincial constituyente; y en 2001- 2005, senadora nacional (todos los cargos por la provincia de Santa Cruz). Entre 2005 y 2007 ocupó un escaño de senadora nacional por la provincia de Buenos Aires.

Su candidatura a la presidencia de la República por el Frente para la Victoria, que la llevó al triunfo en la primera vuelta de las elecciones del 27 de octubre de 2007, en las que consiguió el 44,9 por ciento de los votos emitidos, fue posible gracias a la decisión tomada por su marido de no postularse a la reelección. Sin embargo, la autonomía de su figura política es contundente y ha llevado a muchos analistas a compararla con otras mujeres líderes del mundo, entre ellas Hillary Clinton. Su fervor por la estética personal (el cuidado de su línea, el intenso maquillaje, la moda) es uno de los blancos preferidos de sus adversarios, al igual que su enérgico estilo de actuación que algunos caracterizan como autoritario.

Las líneas rectoras iniciales del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se orientaron a fortalecer las instituciones, mejorar las relaciones internacionales y favorecer el crecimiento de la economía sobre la base del aumento del consumo de los sectores populares. Pero, desde el comienzo, su gestión estuvo jalonada de problemas. El más importante fue el intento de modificar el régimen de retenciones a las exportaciones de granos. La medida estaba destinada tanto a favorecer el consumo y los precios internos como a detener el proceso de "sojización" de la producción agropecuaria.

Comenzó así un prolongado y costoso conflicto con el campo durante casi cuatro meses. Las protestas de las entidades agropecuarias afectadas por la medida alcanzaron una inesperada magnitud, con huelgas, "cazerolazos", bloqueos de carreteras y desabastecimiento. El enfrentamiento tuvo un desenlace inesperado, al saldarse con el voto negativo en el Senado del vicepresidente Julio Cobos, quien de este modo determinó el rechazo a la ley de impuestos móviles. El conflicto agropecuario, además de minar la popularidad de la primera mandataria, provocó la renuncia del ministro de Economía, Martín Lousteau, y de quien había sido jefe de Gabinete durante cinco años, Alberto Fernández. El primero fue reemplazado por Carlos Fernández, mientras que Sergio Massa pasó a ocupar la jefatura de Gabinete.

La imagen del poder ejecutivo, que quedó seriamente dañada a raíz del fracaso de los gravámenes, posteriormente se vio reforzada con la aprobación por contundente mayoría en ambas cámaras de la ley de nacionalización de los fondos privados de pensiones (AFJP). Ante la fuerte caída de la rentabilidad de estos fondos debido a la crisis financiera internacional, la reforma propuesta por el gobierno puso fin al sistema creado en 1994, que comprometía los ingresos de los futuros jubilados. Sin embargo, la oposición denunció que el gobierno buscaba nacionalizar los fondos con el único fin de asegurarse recursos que le permitieran hacer frente a los pagos de la deuda externa.

En el plano internacional, Argentina fue invitada a participar en la cumbre del G-20, que reunió a las siete mayores potencias mundiales y a países emergentes para hacer frente a la crisis económica internacional desatada en 2008. En la reunión, la presidenta Cristina Fernández hizo las críticas más duras al modelo económico imperante, al que acusó de haber generado la aparición de nuevos actores, como las corporaciones financieras, poseedoras de mayor poder que los propios Estados.

Como resultado de esta crisis internacional, y en opinión de la mayoría de los analistas, en los próximos años Argentina deberá enfrentar una situación económica compleja, marcada por la amenaza de la inflación, el problema energético y la acusada desigualdad social. Para enfrentar esos desafíos, la presidenta se vio obligada a renovar sus estrategias de gobierno e iniciar una nueva etapa en su gestión, sobre todo después de que las elecciones legislativas del 28 de junio de 2009 significaran un duro varapalo para el kirchnerismo, puesto que el FPV perdió la mayoría absoluta de que disfrutaba en el Congreso, al ser derrotado en las principales circunscripciones del país.