Daniel Salamanca

(Cochabamba, 1863 - 1935) Político boliviano que fue presidente de la República entre 1931y 1934, tras el golpe que derrocó a Hernando Siles (1930). Defendió los intereses de la oligarquía terrateniente y minera y trató sin éxito de hacer frente a la guerra del Chaco y a la bancarrota del país.

Daniel Salamanca terminó en 1889 sus estudios universitarios en la Universidad de San Simón en Cochabamba, donde obtuvo el título de abogado. Más tarde fue distinguido como catedrático de derecho de la misma universidad. En 1900 fue elegido miembro de la Cámara de Diputados. Por proclamación del Partido Liberal de Cochabamba fue designado miembro de la Comisión de Constitución; durante su legislatura presentó proyectos de carácter financiero relacionados con el manejo de las rentas nacionales.

Al término de sus funciones parlamentarias retornó a Cochabamba, donde ejerció de asesor legal de la Asociación de Comerciantes y del Banco Nacional. A mediados de 1903 fue nombrado ministro de Hacienda por el presidente Pando. En 1904, finalizada la presidencia de Pando, se presentó como candidato a senador por el departamento de Cochabamba. Como senador fue un impetuoso opositor a la aprobación del Tratado de Paz y Amistad suscrito con el gobierno de Chile el 20 de octubre de 1904. Durante el gobierno de Villazón (1909-13) fue reelegido como senador.

En 1914 fundó y fue jefe ejecutivo del partido Unión Republicana, que agrupó a las personas descontentas con los regímenes liberales. En 1921 creó el Partido Republicano Genuino, y fue varias veces candidato a la presidencia de la República. Después de ocurrir un primer incidente fronterizo con Paraguay en 1927, presidió la delegación que viajó a Buenos Aires para una reunión de cancilleres de Bolivia y Paraguay. El 5 de diciembre de 1928 se produjo un nuevo incidente en el fortín boliviano Vanguardia, ante el que Salamanca declaró: “La hora del destino ha sonado para Bolivia; se debe definir si Bolivia ha de ser o no ser”.

Tras el golpe de estado de junio de 1930 que derrocó al presidente Hernando Siles (1926-1930), fue elegido presidente de la República, cargó que detentó desde marzo de 1931 a noviembre de 1934. A los largo de este periodo exigió a su administración gran austeridad, ya que la economía boliviana sentía los efectos de la crisis económica mundial y la crisis particular de la industria del estaño.

Durante su mandato estalló la guerra del Chaco (1932-1935) entre Bolivia y Paraguay, que agravó la situación económica y financiera del país. Fue partidario de la acción armada para volver a imponer la soberanía boliviana en el territorio en conflicto con el Paraguay, aunque sabía que la economía del país no permitiría que se llevara a cabo en toda la intensidad requerida. En una carta enviada a Simón I. Patiño, el gran empresario boliviano del estaño, escribió: “Pido su ayuda para conservar, para defender y para dominar el Chaco y para incorporarlo a la soberanía de Bolivia hasta donde sea posible tener éxito en esta empresa.”

Pronto fue acusado de ser el único responsable de la cruenta situación bélica y de su claramente adverso desarrollo. En 1934 visitó el Chaco tres veces; en su última visita a Villamontes, víctima de una trampa, fue hecho prisionero y tuvo que entregar el poder al hasta entonces vicepresidente, José Luis Tejada Sorzano. Su forzada dimisión se presentó como una consecuencia de su delicado estado de salud.