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Jonas Savimbi

(Munhango, 1934 - Moxico, 2002) Revolucionario angoleño. Jonas Savimbi nació en Munhango, en la provincia de Bie, el 3 de agosto de 1934. Su padre, Loth Malheiro Savimbi, de la tribu mayoritaria ovimbundu, era jefe de estación del ferrocarril de Benguela y pastor de la Iglesia evangélica, cuando Angola era una colonia portuguesa.

Fue a la escuela en Dondi y al colegio de los hermanos maristas en Silva Pôrto. En 1958 llegó a Lisboa, donde estudió bachillerato. Fue detenido por la PIDE (policía secreta) y pasó quince días en la cárcel. Huyó de Portugal en 1960 para instalarse en Lausana (Suiza), donde estudió en la Facultad de Derecho.

Opositor al gobierno de la metrópoli

Ingresó en la Unión del Pueblo Angoleño (UPA), dirigida por Holden Roberto, primer grupo guerrillero contra la metrópoli, transformado en Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA) tras fusionarse con el Partido Democrático. Ministro de Asuntos Exteriores en el Gobierno de la República de Angola en el Exilio (GRAE), en 1964 rompió con el FNLA, al que suponía infiltrado por la CIA, y se trasladó a Moscú. Pero su peregrinación moscovita no resultó fructífera.


Jonas Savimbi

En 1965 Savimbi y once de sus compañeros llegaron a China, donde recibieron instrucción militar. Jonas regresó clandestinamente a Angola y en marzo de 1966 creó la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), de la que fue elegido presidente. Detenido por las autoridades de Zambia, se exilió en El Cairo en 1967 y regresó a su país en julio de 1968 para proseguir la lucha. No obstante, sus enemigos aseguraban que sus campañas militares eran ficticias y publicaron documentos en los que se le vinculaba a los servicios secretos de Lisboa.

El fin del colonialismo y el MPLA

Tras la caída de la dictadura portuguesa (1974), Savimbi y los otros dos dirigentes de la guerrilla, Agostinho Neto y Holden Roberto, firmaron con el presidente de Portugal los Acuerdos de Alvor (15 de enero de 1975) para la independencia de Angola y el establecimiento de un régimen democrático. Pero la situación sobre el terreno era muy favorable al Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), de inspiración marxista, que se hizo con el poder en Luanda con apoyo soviético y cubano.

Frustrado en sus aspiraciones, Savimbi se replegó en su feudo natal, emulando la «larga marcha» de Mao, y con el acicate de Estados Unidos y Sudáfrica empezó las operaciones militares contra la petrodictadura comunista, como increpaba al régimen de Luanda. Los combates estallaron en marzo de 1976, inscritos en la matriz de la guerra fría, secuelas de un conflicto típico de la descolonización entre las élites locales que pugnaban por la conquista del poder y se negaban a compartirlo. La UNITA estableció su cuartel general en Jamba y recibió la ayuda militar de Estados Unidos, incluidos los misiles Stinger, a través de Zaire (actual República Democrática del Congo).

Opositor al MPLA

Savimbi fue recibido en la Casa Blanca en 1986 por el presidente Ronald Reagan, quien lo condecoró como Luchador de la Libertad por enfrentarse a los 50.000 soldados cubanos que apoyaban al gobierno angoleño, pero que se retiraron, al mismo tiempo que cesaban los suministros soviéticos de armas, a cambio de que Sudáfrica concediera la independencia a Namibia, según un acuerdo patrocinado por la ONU (Nueva York, diciembre de 1988).

El ocaso de la guerra fría, la erosión del apartheid sudafricano y la apertura del régimen de Luanda crearon condiciones propicias para la negociación entre el gobierno y la guerrilla, bajo los auspicios del presidente zaireño, Mobutu. Los acuerdos de paz, firmados por Savimbi y Neto en Lisboa el 31 de mayo de 1991, permitieron la celebración de elecciones generales los días 29 y 30 de septiembre de 1992. Ante el triunfo abrumador del MPLA en la primera vuelta, aceptado por la ONU, la UNITA rechazó los resultados, y su líder huyó de Luanda, denunció el fraude y reanudó los combates desde Huambo.

El desastre en las urnas fue el gran fracaso de Savimbi, que no pudo transformar la relación de fuerzas militar en una victoria política. Seguro de sí mismo y de su visión etnonacionalista de la historia, que le incitaba a considerar a los mestizos del MPLA como una minoría con apoyo exterior, pero sin base electoral, logró algunos éxitos como jefe militar, pero nunca consiguió movilizar a la etnia mayoritaria, de la que se consideraba legítimo representante, en un movimiento político. Su campaña electoral tuvo tintes racistas, con referencias constantes al color de la piel y a la nomenclatura mestiza.

De la guerra civil al pacto de gobierno

La guerra civil se hizo más encarnizada. Las negociaciones de paz en Costa de Marfil desembocaron en un nuevo fiasco en 1993. La ONU impuso un embargo de armas y petróleo contra la UNITA y el presidente estadounidense Bill Clinton reconoció al gobierno de Luanda, lo que debilitó la posición de la guerrilla y forzó a Savimbi a asumir el acuerdo de paz de Lusaka (20 de noviembre de 1994), aunque no lo firmó personalmente. La UNITA aceptó de palabra el desarme de sus tropas y participó con once ministros en un gobierno de unión nacional (1996), pero su líder rechazó la vicepresidencia de la república y permaneció en su reducto de Huambo.

Ante la ferocidad de los combates, la ONU creó por consenso la Misión de Observación en Angola (MONUA), el 30 de junio de 1997, que trató de establecer una tregua. Cuatro meses después, tras varias escaramuzas, demoras y recriminaciones, la ONU sancionó a la UNITA por no respetar los acuerdos de paz y decretó el embargo de armas. En agosto del mismo año, la guerrilla dejó de colaborar con los países encargados de velar por el proceso de paz.

Con la UNITA hasta la muerte

Aislado internacionalmente, Savimbi se convirtió en un proscrito, cada vez más autoritario, acusado de perpetuar una sangrienta contienda inflamada por el petróleo y el tráfico de diamantes. El gobierno rompió el diálogo y promovió una resolución del Parlamento angoleño (27 de enero de 1999) que declaró al jefe guerrillero «criminal de guerra».

El 24 de julio siguiente, Luanda emitió una orden de búsqueda y captura por «delitos de rebelión armada, sabotaje y matanzas», al mismo tiempo que el ejército lanzó una ofensiva contra los insurgentes. Pero el jefe de la UNITA, persuadido de que ésta tenía un derecho histórico a gobernar, mantuvo su intransigencia, pese al millón de muertos causados en 25 años y a los cuatro millones de desplazados.

Rechazó una amnistía general (noviembre de 2000) y exigió negociaciones directas con el presidente José Eduardo dos Santos, pero en junio de 2001 reconoció que la guerra iba mal para sus tropas. Su suerte quedó echada cuando, tras los atentados del 11 de septiembre, el presidente George W. Bush prorrogó las sanciones impuestas en 1998 contra la UNITA. Varias organizaciones no gubernamentales (ONG) juzgaron que la población se encontraba en estado de «catástrofe humanitaria», con más del 80% por debajo del índice de pobreza.

Savimbi murió en combate contra las fuerzas gubernamentales el 22 de febrero de 2002 en la provincia de Moxico, en el sudeste del país. Al día siguiente, su cadáver fue exhibido públicamente en la localidad de Lacuçe, donde quedó enterrado. Un oficial del ejército angoleño, al mostrar a la prensa internacional el cadáver de Savimbi, aseguró que éste había muerto «con las armas en la mano», tras una persecución de varias semanas, cuando trataba de huir a Zambia, a 1.300 kilómetros de Luanda.

Los principales lugartenientes del líder guerrillero, los generales Lukamba Gato, Dembo y Alcides Sakala, lograron escapar de la emboscada de las fuerzas gubernamentales. Abandonado por sus antiguos aliados y acólitos, el héroe de la libertad fue inhumado como un paria, quizá por no haber comprendido los cambios del mundo y de su propio país, víctima de su paranoia, sin haberse reconciliado con su pueblo. Tras anunciar su muerte, el presidente Dos Santos, su archienemigo, voló hacia Washington para ser recibido por Bush.

Savimbi se hacía llamar doctor por sus seguidores, aunque no hay constancia en la Universidad de Lausana de que obtuviera este título académico. Su biografía oficial asegura que estudió dos cursos de medicina en Lisboa, carrera que abandonó para dedicarse a la lucha anticolonial.

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