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Lazzaro Spallanzani

(Scandiano, 1729 - Pavía, 1799) Biólogo italiano. Fue profesor de historia natural en Pavía y director del Museo Mineralógico de esta ciudad. Considerado uno de los fundadores de la biología experimental, sus trabajos de investigación se centraron en los principales fenómenos vitales, como la respiración, la reproducción o la digestión. Realizó importantes estudios sobre la reproducción artificial y demostró la acción del jugo gástrico en el proceso digestivo y el intercambio de gases en la respiración.


Lazzaro Spallanzani

Hijo de un abogado, Lazzaro Spallanzani fue destinado por el padre a la abogacía y al estado religioso; no obstante, recibió de su prima Laura Bassi la pasión por las ciencias naturales. Obtenido del progenitor el permiso para dejar los estudios de derecho, recibió las órdenes sagradas y enseñó lógica, metafísica y griego en el colegio de jesuitas de Reggio. Varias universidades, incluso extranjeras, le ofrecieron cátedras; prefirió, sin embargo, permanecer en su país, donde, entre otras disciplinas, enseñó filosofía y física en la Universidad de Módena.

En 1765 publicó el Ensayo de observaciones microscópicas referentes al sistema de la generación de los señores de Needham y Buffon, y en 1768 el Prodromo de un'opera da imprimersi sopra le riproduzioni animali; en ambos textos se opuso a la teoría de la generación espontánea. Es de particular importancia su Ensayo de observaciones microscópicas, en el que criticó las investigaciones de Needham y Buffon, según las cuales tendría lugar una generación espontánea de los organismos microscópicos por la putrefacción a través de varias metamorfosis y agregaciones moleculares; se trataba, en resumidas cuentas, de una resurrección de la teoría de Redi por lo que se refiere a la generación de los insectos.

Spallanzani repitió las experiencias de Needham sometiendo a ebullición unas infusiones de sustancias vegetales, pero se dio cuenta en seguida del defecto de experiencia que se le escapó al inglés. El cierre de los frasquitos efectuado con tapones de madera o algodón no es suficiente para obstruir herméticamente el paso del aire exterior, lo cual permite pensar que los microorganismos de las infusiones destruidos con la ebullición pueden llegar nuevamente hasta los líquidos desde el exterior. Con un expediente sencillo pero decisivo, es decir, cerrando los frasquitos al fuego, Spallanzani consiguió demostrar que las infusiones se mantienen en este caso puras y que basta con abrirlas y exponerlas al aire para que pronto se contaminen de nuevo.

Con esta segunda prueba el autor demostraba además que el calor al que se habían sometido los líquidos no había atenuado su posibilidad de alimentar de nuevo la vida. Estas experiencias de Spallanzani, llevadas a cabo para combatir una tendencia metafísica, constituirían la base de partida de los posteriores descubrimientos bacteriológicos, ya que con ellas se demostraba que todos los organismos, inclusive los microscópicos, se derivan siempre de gérmenes preexistentes; es el criterio que Pasteur aplicaría con éxito a los microbios.

Lazzaro Spallanzani dedicó luego su atención al estudio anatómico-comparado de la circulación de la sangre, que le llevó a publicar De la acción del corazón en los vasos sanguíneos (1768) y Dei fenomeni della circolazione osservata nel giro universale dei vasi (1773). El primero de estos textos, De la acción del corazón en los vasos sanguíneos, es un breve y lúcido escrito desarrollado en forma de discurso a Albert Haller. Spallanzani expone, en seis capítulos, los resultados de sus experimentos acerca de los fenómenos diminutos y microscópicos de la circulación sanguínea; se sirvió de las salamandras acuáticas, cuya autopsia hizo con extremo cuidado, observando las características de los vasos intactos y que todavía funcionaban mediante sencillos aparatos ópticos que iluminaban con luz refractada y refleja.

El objeto de la investigación consistía en ensayar los experimentos con otro animal para comprobar las observaciones hechas por Haller con la rana. Ni en la minuciosa descripción anatómica pierde nunca de vista Spallanzani el problema fundamental: el de las características del movimiento de la sangre, en relación con las contracciones del corazón. Y consigue convencerse de que es el movimiento del corazón el origen del movimiento de la sangre y de que la velocidad de la sangre varía en vasos de calibre diverso, lo cual se desprende de los desplazamientos de los elementos configurados de la sangre (principalmente de los glóbulos rojos).

Junto a estas conclusiones principales, Spallanzani examinó en esta obra otras cuestiones entonces discutidas, como, por ejemplo, el origen de las burbujas gaseosas en la corriente sanguínea, que demostró que proceden siempre del exterior a consecuencia de lesiones de las paredes de los vasos. De la acción del corazón en los vasos sanguíneos fue una contribución fundamental al conocimiento de la circulación sanguínea considerada como fenómeno microscópico, ya iniciado por Leenuventroeck y Malpighi. Un estilo incisivo y exacto caracteriza este elegante escrito con el que Spallanzani, vivazmente polémico, se propone "suprimir las falsas creencias, persuadiendo a los demás filósofos".

Mientras tanto, Spallanzani había pasado a desempeñar en la Universidad de Pavía la cátedra de ciencias naturales, que ocupó hasta su muerte. En 1780 dio a la luz Disertaciones de física animal y vegetal, donde puso de relieve la acción del jugo gástrico en la digestión. La primera parte de esta obra está dedicada a la digestión de los animales y se halla dividida en seis disertaciones o capítulos en los que se exponen los experimentos sobre la digestión de las gallinas, ánades, palomos, cornejas, ranas, salamandras, culebras, víboras, peces, caballos, bueyes, ovejas, águilas, perros, gatos y el hombre.

La segunda parte está dedicada al estudio de la "generación" (reproducción) y es indudablemente la más importante. Una primera disertación está consagrada a la descripción de la manera de reproducirse de algunos anfibios (rana, sapo, salamandra); una segunda a la fecundación artificial del sapo, la salamandra, la rana y el gusano de seda; finalmente, la tercera se dedica a la reproducción de algunas especies vegetales.

Estas investigaciones, que se relacionan con las de la generación espontánea, demuestran hasta qué extremo fue decisiva la contribución de Spallanzani en la argumentación sobre el punto concreto de la necesidad del contacto entre el líquido seminal masculino y el huevo para que la fecundación de éste tenga lugar. De este modo destruyó la teoría del "aura seminalis", según la cual el desarrollo del huevo era debido a una especie de vapor que el líquido seminal emanaba, y no al contacto.

Spallanzani demostró asimismo que es suficiente una pequeña porción del líquido seminal para que se efectúe la fecundación, y consiguió la fecundación artificial con brillantísimas experiencias, adelantándose así a las realizaciones del siglo XX. Sin embargo, Spallanzani no llegó a reconocer al espermatozoo más que una función estimulante para hacer entrar en acción los gérmenes del futuro organismo, contenidos en el huevo en potencia. El error básico de estos trabajos nace de la convicción reformista que le hace admitir que en el huevo se hallan presentes ya todas las partes del individuo y que el líquido seminal no sirve más que para "estimular" el huevo.

Ya a una edad avanzada efectuó Spallanzani algunos viajes: visitó el Asia Menor entre 1785 y 1787, y en verano y otoño de 1788 recorrió Campania, Sicilia, Strómboli, las islas Lípari y las Eolias y distintas localidades del Apenino de Módena. El motivo de este último viaje era recoger material para el museo de Historia Natural de Pavía, que en aquel tiempo era singularmente pobre en rocas y minerales volcánicos; las observaciones naturalistas realizadas en el mismo quedaron recogidas en la obra Viaje a las Dos Sicilias y algunas partes de los Apeninos, publicada entre 1792 y 1797.

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