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San Timoteo

(Listra, actual Turquía, ? - Éfeso, 96) Santo y mártir cristiano que, según la tradición, ocupó la sede episcopal de Éfeso y fue el discípulo predilecto de san Pablo, quien le dirigió dos epístolas.


San Timoteo

Según los Hechos de los Apóstoles, san Pablo conoció a Timoteo durante su estancia en Listra. Allí se hospedó en casa de su familia, de la que guardó siempre un excelente recuerdo, a juzgar por lo que dejó escrito en una de las dos epístolas que envió a su amado discípulo. Por las epístolas sabemos que la abuela de Timoteo se llamaba Loida, y la madre Eunice; y que el propio san Pablo consideraba a Timoteo como un "hijo amado", denominación con la que también se refiere a él cuando lo cita en su primera Epístola a los Corintios. Dichas cartas nos revelan, además, otros datos acerca de Timoteo, como que era bastante joven cuando conoció a san Pablo y que padecía dolencias estomacales.

También sabemos por los Hechos de los Apóstoles cómo san Pablo entró en contacto con Timoteo y su familia. Al parecer, el Apóstol había llegado a Listra acompañado de san Bernabé, y había curado a un tullido bendiciéndole en el nombre de Cristo. Las gentes de la ciudad, maravilladas por este milagro y por la maestría con que ambos apóstoles predicaban, creyeron que ambos eran dioses disfrazados de hombres, y corrieron en busca de los sacerdotes del Templo de Júpiter, rogándoles que sacrificasen un toro en honor de aquellas dos deidades que se habían dignado visitarlos. San Pablo les sacó de su engaño rasgándose las vestiduras para que vieran que eran hombres de carne y hueso, como el resto de los mortales. El vulgo, entonces, se consideró burlado y apedreó a san Pablo y a san Bernabé hasta dejarlos prácticamente moribundos. Pero la familia de Timoteo recogió a ambos predicadores y les proporcionó los cuidados necesarios para que se recobrasen.

Siempre según los Hechos de los Apóstoles, san Pablo le impuso las manos y le exhortó a que fuera por el mundo predicando la palabra de Dios. Fue así como Timoteo acompañó al Apóstol en su segundo y tercer recorridos misioneros. Más tarde debió de seguirle también en su marcha a Roma, pues en las cartas que San Pablo escribió cuando se hallaba preso en Roma, el Apóstol de Tarso afirma que Timoteo se halla también en presidio junto a él.

Por los datos que brinda el historiador Eusebio (270-338), fue el propio san Pablo quien nombró a Timoteo obispo de Éfeso. Un historiador posterior, san Juan Crisóstomo (350-407), afirma que Timoteo llegó a ser el presidente de todos los obispos de aquella región. Por estas fuentes sabemos también que, hacia el año 96, siendo emperador de Roma Domiciano (51-96), Timoteo se empecinó en impedir la celebración de una festividad que, a ojos suyos, era un torbellino de placer y corrupción. El vulgo arremetió contra él con piedras y palos, y fue golpeado con saña hasta morir martirizado.

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