Edward O. Wilson

(Edward Osborne Wilson; Birmingham, Alabama, 1929) Biólogo estadounidense, iniciador de la teoría de la sociobiología, que ofrecía una nueva visión de la biología evolutiva. Apasionado conservacionista y reputado estudioso de las hormigas y otros insectos, acuñó el término biodiversidad, hoy en día de uso generalizado, y realizó importantes estudios en el campo de la ecología, en relación con la biogeografía y la formación de nuevas especies.

Edward Osborne Wilson pasó sus primeros años en Washington y en Mobile, Alabama. A los siete años de edad sus padres se divorciaron, hecho que le marcó profundamente. A causa de un accidente de pesca a esa misma edad perdió la vista del ojo derecho. Además, desarrolló una miopía severa en el ojo izquierdo y heredó un problema auditivo que le impedía percibir los registros más agudos del canto de los pájaros. Todo ello hizo que decantara su inicial interés por la fauna más aparente, como mamíferos, reptiles y aves, por los seres más pequeños, particularmente las hormigas.


Edward O. Wilson

Tras la separación de sus padres, vivió un periplo con su padre y su madrastra por distintas ciudades y estados, con el consiguiente desarraigo. No obstante, esto también le permitió investigar la naturaleza en diversos lugares, desarrollando aún más su curiosidad. Se graduó como biólogo en 1949 en la Universidad de Alabama. En 1951 vivió un suceso trágico, el suicidio de su padre, tras lo cual dejó Alabama y se instaló en Harvard, en cuya universidad se doctoró.

Obtuvo el puesto de profesor asistente en 1956; actualmente es profesor honorario en esta misma universidad y conservador del Departamento de Entomología del Museo de Zoología Comparada. Con el respaldo económico del que careció en su juventud, realizó numerosas expediciones que le permitieron conocer y estudiar los ricos ecosistemas tropicales, los desiertos y las estepas.

Experto en hormigas, Wilson es uno de los mirmecólogos más influyentes, y sus numerosos estudios son básicos para comprender la compleja organización social de estos insectos. También ha descrito un número ingente de especies: en su obra Pheidole in the New World: A Dominant, Hyperdiverse Ant Genus (2003), describe más de trescientas nuevas especies del género Pheidole.

Durante las décadas de 1950 y 1960 alcanzó hitos indiscutibles como el descubrimiento de la comunicación entre hormigas mediante señales químicas llamadas feromonas, teoría que desarrolló en el artículo “Pheromones”, publicado en Scientific American en 1963, y en el que incluso apuntaba su posible existencia en el ser humano. Describió además la compleja organización en castas de estos insectos sociales y la existencia de una división del trabajo según la edad de cada individuo de la colonia. Sus investigaciones enfatizaron la importancia de la etología, el estudio del comportamiento, para la comprensión de las relaciones entre los insectos.

En Insect Societies (1971) ya se atisbaba la teoría que pocos años después le hizo famoso y atrajo a la vez novedad y controversia dentro y fuera del ámbito científico: la sociobiología. Casi veinte años después ganó el que sería su segundo premio Pulitzer con la publicación del libro The Ants, escrito en colaboración con Bert Hölldobler en 1990. Esta obra constituye un compendio fundamental para todo estudioso de las hormigas.

Sus investigaciones sobre las hormigas y su organización en castas contribuyeron a ampliar la comprensión de la biología evolutiva, a la que los estudios de Wilson añadieron un factor hasta entonces obviado: el comportamiento social, que hasta mediados de la década de 1950 era patrimonio casi exclusivo de la sociología y otras disciplinas de las Humanidades.

Según Wilson, a lo largo del proceso evolutivo las distintas especies de hormigas han desarrollado sociedades con el número exacto de individuos y las adaptaciones necesarias para el éxito de cada especie. Así, junto con otros investigadores, descubrió que se puede predecir un gran número de aspectos del comportamiento de estos insectos con ecuaciones matemáticas. Wilson demostró que las hormigas pueden alterar las tasas de nacimiento de la propia colonia para adaptarse a las condiciones ecológicas imperantes, fenómeno que denominó “demografía adaptativa”.

Ya desde joven, Wilson se sintió atraído por las teorías sintéticas de la evolución, con la obra Genética y el origen de las especies, de Theodosius Dobzhansky, como pilar fundacional del neodarwinismo y la teoría sintética de la evolución. Los neodarwinistas “mejoraron” o, en todo caso, completaron la teoría de Darwin al explicar la selección natural a la luz de la genética mendeliana, cuyas leyes desconocía el eminente biólogo inglés.

Wilson leyó a los dieciocho años de edad una de las obras fundamentales del neodarwinismo: Sistemática y origen de las especies, de Ernst Mayr, quien posteriormente sería colega suyo en Harvard. Este libro fue para el biólogo estadounidense como una “epifanía”, pues le abría las puertas para responder, con la genética como base, a preguntas que la ciencia tradicional no había podido explicar.

En 1975, con toda la experiencia acumulada durante años de investigación del comportamiento de las hormigas, Wilson publicó Sociobiology: The New Synthesis. En esta obra intentaba responder a preguntas no resueltas por los neodarwinistas y su teoría sintética de la evolución. Introducía, por ejemplo, la noción de conducta altruista, y justifica su existencia en numerosas especies (las sociedades de hormigas serían un caso paradigmático) por los beneficios que reporta el sacrificio de un individuo en pro de la colonia: la conservación de los genes que comparten todos los miembros de una comunidad.

En la década de 1970 podía considerarse novedoso, acertado y revelador el hecho de que la selección natural y la evolución son básicas para explicar la formación de las especies y sus complicadas relaciones conductuales, la formación de sociedades y la existencia del altruismo en pro de la especie. Muchos, en cambio, no estaban preparados para el breve capítulo final del libro, dedicado a incluir al ser humano, el animal social por excelencia, entre los sujetos de estudio de esta recién nacida disciplina.

Así, Wilson proponía que, al igual que en otros animales, la conducta humana está sujeta a la selección natural y la herencia biológica. Su teoría contó con adeptos desde un principio, pero también levantó amplias controversias: fue tachado, tanto por radicales de derecha e izquierda, de racista y misógino, de proponer una nueva forma de eugenesia. Quizá el golpe que más le dolió lo recibió de sus colegas de Harvard, Stephen Jay Gould y Richard Lewontin. Afines al marxismo, rechazaban la idea de que la mente humana pudiera perfilarse por nada más que la propia experiencia. Publicaron una durísima crítica del libro de Wilson, afirmando que su teoría conducía a las cámaras de gas de los nazis.

Era excesivo para un científico que sólo pretendía establecer paralelismos entre las distintas sociedades animales, desde los insectos hasta los mamíferos, incluido el ser humano, y vislumbrar la posible raíz genética de algunas de las manifestaciones conductuales básicas. Poco después publicaba On Human Nature (1978), donde profundizaba en la etología humana y reafirma la base evolutiva de la conducta de nuestra especie. Esta importante obra le proporcionó su primer premio Pulitzer. Más recientemente ha publicado Consilience: The Unity of Knowledge (1998), donde propone una síntesis mucho más amplia que la formulada por sus admirados neodarwinistas de la década de 1930 o por su propia teoría de la sociobiología: la integración de la biología y otras disciplinas científicas con las humanidades y ciencias sociales.

En The Theory of Island Biogeography (1967) estudió la formación de especies en las islas, así como la disminución de la biodiversidad que experimentan los ecosistemas insulares. Precisamente Wilson fue quien acuñó en la década de 1980 el término biodiversidad, concepto importantísimo en ecología y de uso generalizado en la actualidad. Edward O. Wilson es un apasionado conservacionista, que aboga por la conservación de los “puntos calientes de biodiversidad” (biodiversity hotspots), áreas equivalentes a un 1,4 % de la superficie de la Tierra, pero que contienen el 60 % de las especies del planeta. Su conservación sería el único medio de evitar la catástrofe ecológica que el constante crecimiento demográfico humano podría causar. Muchos de los más recientes trabajos de Wilson tratan sobre la conservación de las especies.

A lo largo de su vida, Wilson ha recibido numerosos premios y distinciones en reconocimiento a la importancia de su obra y a su labor como investigador. Entre los más importantes destacan los ya mencionados premios Pulitzer, el prestigioso premio Crafoord (1990) que otorga la Real Academia Sueca, el premio Carl Sagan (1994) que reconoce su labor como divulgador, el premio Nierenberg (2001) y el premio TED (2007). En 2007 recibió el XIX premio Internacional Catalunya, otorgado por la Generalitat de Catalunya.