Józef Maria Hoene-Wronski

(Wolsztyn, 1776-Neuilly, 1853) Filósofo y matemático polaco. Oficial del ejército polaco y ruso (concibió las primeras orugas de tanques), es conocido en el campo de las matemáticas por establecer la matriz y la determinante que llevan su nombre. Instalado en Francia (1801), una iluminación le hizo conocer el Absoluto, cuyo «secreto» vendió al banquero Arson, asunto que acabó en proceso y amenazó su reputación. Su metafísica de la energía (que parte de la materia para llegar al espíritu y que contrapone una ley activa de creación a otra ley negativa de inercia) no le impidió ser un feroz antihegeliano. Sus obras más representativas son Filosofía del infinito (1814), Metapolítica mesiánica, o filosofía absoluta de la política (1840), Mesianismo o reforma absoluta del saber humano (1847) y Filosofía absoluta de la historia, o génesis de la humanidad (1852).


Józef Hoene-Wronski

Józef Maria Hoene-Wronski representa, llevados al extremo, los defectos y las cualidades de una época que, consciente de ser la aurora de un mundo nuevo, experimentó la doble embriaguez del racionalismo y la mística, de la ciencia y el profetismo, del rigor y la audacia. Su figura ofrece una extraordinaria mezcolanza de racionalismo, de oscuridad, de presciencia genial, de confusión, de extravagancia, todo ello en una atmósfera de inquietud y de inestabilidad que refleja sin duda el drama de su infortunada patria. Extraño y enigmático, dejó una obra científica bastante abundante y olvidada o incomprendida por la posteridad.

Oficial de artillería a los dieciséis años, comenzó su vida de hombre en la lucha por la independencia de Polonia, en las filas del ejército de Kosciuszko. Prisionero de los rusos el 10 de octubre de 1794, en Maciejowice, pasó entonces a ser oficial de artillería ruso, paradoja que nunca ha podido ser completamente aclarada. En 1797 lo encontramos en Alemania, en Konigsberg, estudiando derecho, filosofía y matemáticas. Al saber que la legión Dombrowski reagrupaba a los patriotas polacos, fue a Marsella para alistarse.

Su primera obra filosófica, titulada Filosofía crítica, fundada en el primer principio del ser humano, fue publicada en Marsella en 1803, y parece haber sido la primera obra escrita en francés que discute la filosofía de Kant, ya que el libro de Madame de Staël De l'Allemagne no aparecería hasta 1810. Como sus contemporáneos alemanes Fichte y sobre todo Schelling, Hoene-Wronski rebasó el relativismo kantiano para afirmar la posibilidad que tiene el hombre de alcanzar lo Absoluto, y, en una iluminación decisiva, descubrió este Absoluto el 15 de agosto de 1803.

A partir de este momento dedicó casi toda su atención a las matemáticas; por recomendación del astrónomo Lalande, trabajó en el Observatorio de Marsella de 1803 a 1810. En este último año sufrió un grave contratiempo: la memoria que presentó a la Academia de Ciencias de París concitó la hostilidad de los medios científicos, y conoció entonces la miseria más trágica. Su mujer, Victoire Henriette Sarrazin de Montferrier, cayó gravemente enferma, y su hijita murió. Para subsistir se vio obligado a dar lecciones de matemáticas en un pensionado de Montmartre.

En 1814 estableció un extraño contacto con el banquero Arson: éste debía entregarle cincuenta mil francos al contado y ciento cincuenta mil más dentro de un determinado plazo, a cambio de lo cual Wronski le revelaría lo Absoluto. La revelación tuvo efecto el 8 de octubre de 1814, y Arson se dio por satisfecho. Pero pronto comprendió la enormidad de las exigencias pecuniarias de Wronski, y siguió a ello un proceso que divirtió mucho a los contemporáneos. Los jueces permitieron a Wronski guardar los cincuenta mil francos que había cobrado y liberaron a Arson de pagar los ciento cincuenta mil restantes estipulados en el contrato.

La generosidad del banquero permitió a Hoene-Wronski construir máquinas y realizar los inventos que su ingenio concebía sin cesar. La más curiosa de estas máquinas es el prognoscopio o prognómetro, esfera que es a la vez un resumen de todas las ciencias y un medio de leer científicamente en el porvenir; este aparato, que fue adquirido por Eliphas Levi, y que más tarde pasó a poder del conde Mniszech, existe quizás aún en casa de algún ocultista. Mientras tanto, la actividad literaria de Wronski no menguaba. Desde 1811 hasta 1821 compondría casi cada año una obra referente a la filosofía de las matemáticas, entre las que destaca la Filosofía del infinito (1814).

Su doctrina no constituye únicamente un esfuerzo por resolver el enigma del universo, filosófica y matemáticamente; es además un "mesianismo", es decir, la doctrina "que debe revelar las direcciones finales de todas las realidades que el hombre, en su cualidad de ser racional, dotado de una espontaneidad creadora, debe producir para completar el universo". Wronski fue el profeta de la época racional, la sexta época de la historia del mundo que iba a llegar y que apaciguaría los conflictos bajo la dirección de la "asociación mesiánica directora de la humanidad". Polonia debía desempeñar su papel en la elaboración de ese mesianismo y preparar la "futura federación de las naciones". Mickiewicz, Slowacki y Towianski tomarían esta idea, y Wronski les reprochó el plagio.

Hoene-Wronski cumplió su misión de profeta del mesianismo enviando sin tregua memorias a las autoridades espirituales y políticas. En 1827 escribió al papa León XII y envió sus libros al zar. En 1847 publicó su Memorial a las naciones eslavas sobre los destinos del mundo y Mesianismo o reforma absoluta del saber humano; en 1848, el Memorial a las naciones civilizadas sobre su siniestro desorden revolucionario; la Epístola al príncipe Czartoryski sobre los destinos de Polonia; en 1851, la Epístola al emperador de Rusia, ofreciendo la explicación definitiva del Universo físico y moral. Ese mismo año se dirigió al futuro Napoleón III para aconsejarle un golpe de Estado.

Entretanto sus preocupaciones prácticas no le abandonaban: en 1837 concibió el proyecto de "raíles móviles o caminos de hierro movibles"; eran las futuras orugas de los tanques. De 1838 a 1852 animó una infatigable campaña por la reforma de los ferrocarriles, entonces en pleno desarrollo en Europa. Otros mecenas, como E. Thayer y C. Durutte, habían reemplazado a Arson en la ayuda al extraño profeta; con todo, la miseria volvía periódicamente. El 15 de abril de 1853 intentó organizar en la Biblioteca polaca una serie de conferencias, pero el proyecto también fracasó. Su mujer escribió a Napoleón III solicitando un socorro que fue concedido, pero Wronski, que había caído enfermo, falleció el 9 de agosto del mismo año; fue enterrado en el cementerio de Neuilly. Hoene-Wronski había despertado ya en vida la admiración de sus contemporáneos; Balzac, singularmente, lo convirtió en personaje de algunas de sus novelas. Después de su muerte, su influencia se ejerció sobre todo en los medios ocultistas, gracias a Eliphas Levi, quien lo había conocido en 1849.

Mesianismo o reforma absoluta del saber humano

La obra de Józef Hoene-Wronski que resume lo mejor de su pensamiento filosófico y matemático es Mesianismo o reforma absoluta del saber humano, publicada en París en 1847. El libro lleva como epígrafe la "ecuación fundamental del universo" en un sol rodeado de rayos, de nubes y de los doce signos del Zodíaco. Como los otros libros de Wronski, la obra comprende varias partes heterogéneas. El primer tomo se abre con una "Dedicatoria a las naciones eslavas", y es una exposición del Mesianismo: unión de la filosofía y de la religión, anunciada por Jesucristo, el cual debe realizar la filosofía absoluta y la religión absoluta, reformar definitivamente las ciencias, explicar la historia, descubrir el principio supremo de los Estados, fijar los fines absolutos del hombre y desarrollar los respectivos destinos de las diferentes naciones.

Una primera división se titula "Realización final de las ciencias por la reforma de las matemáticas"; ocupa todo el primer tomo y ofrece el interés de presentar lo que Wronski llama la "Ley suprema", el "Problema universal" y la "Ley teleológica", que califica de leyes mesiánicas. La "Ley suprema" rige la "universalidad" en el "contenido" o la esencia, el "Problema universal" abarca la universalidad en la forma o manera de ser; finalmente la "Ley teleológica" determina la contingencia final que se da en cada sistema de realidades. Al final del primer tomo se encuentra un Documento sobre la urgente reforma de los ferrocarriles y de toda la locomoción terrestre. En este documento, Wronski opone a la locomoción por vía férrea una locomoción por "carretera de rieles móviles", en suma, la oruga.

El segundo tomo se titula "Conclusión final de la religión por la reforma de la filosofía" y comprende, como el primero, tres partes y un complemento. Primera parte: "Epístolas a los Soberanos Pontífices sobre la urgencia actual de la realización de la religión"; segunda parte: "Reforma de la Filosofía para la fundación perentoria de la verdad sobre la tierra"; tercera parte: "Las tres asociaciones morales de los hombres, la Iglesia, el Estado y la Unión absoluta"; suplemento: "Transición de la reforma de las Matemáticas a la reforma de la Filosofía".

Las "Epístolas a los Soberanos Pontífices" atestiguan sobre todo el estado de ánimo de Wronski, que se siente revestido de la alta misión providencial de instaurar el mesianismo y que quiere hacerse reconocer por las más elevadas autoridades. La segunda parte expone las ideas filosóficas de Wronski: cree haber descubierto la filosofía absoluta, la ley de creación del Universo. Aplica para ello su idea fundamental, la Ley de Creación, en cumplimiento de la cual todo ser se da a sí mismo la existencia, y cuyo esquema simplificado es el siguiente: A) Autotesis. Teoría: lo Dado: a) Constitución teórica del ser (contenido); b) Comparación teórica del ser (forma); B) Autocarácter. Técnica: Lo que es preciso hacer: a) Constitución técnica del ser (contenido); b) Comparación técnica del ser (forma).

Esta ley es, en Wronski, un riguroso proceso de autocreación que se repite en siete órdenes de realidades: 1.º En Dios; 2.º En la Realidad en general; 3.º En el Mundo; 4.º En el Hombre; 5.º En la autocreación del Hombre; 6.º En la creación de la Religión absoluta por la religión revelada; 7.º En el desarrollo progresivo de la humanidad. La Ley de Creación debe, para Wronski, presidir desde ahora todo trabajo filosófico. El "Manifiesto histórico concerniente a esta reforma del saber humano", que viene a continuación, es el relato bastante disparatado de las disputas de Wronski con los sabios de su época. El tomo tercero, excepto el "Manifiesto" que acabamos de mencionar, sólo contiene una "Resolución general de las ecuaciones algebraicas de todos los grados". Este método de resolución es llamado por el autor teleológico, porque se apoya sobre la "Ley teleológica": consiste en descomponer las ecuaciones en sus factores de grados inferiores.

La obra de Wronski es indudablemente más interesante desde el punto de vista matemático que desde el punto de vista filosófico. Filosóficamente, los tres volúmenes del mesianismo se reducen a bien poca cosa y, en última instancia, a la sola Ley de Creación. Un aspecto emotivo de su pensamiento es que puede definirse como un mesianismo polaco, nacido del sufrimiento de Polonia en la primera mitad del siglo XIX, y muy próximo al mesianismo de Mickiewicz: fervor religioso y esperanza humanitaria.