Rafael Barraza Rodríguez

[Por Manuel Ulloa Barraza, colaborador de la sección Especiales]

Nació don Rafael Barraza Rodríguez el 31 de Octubre de 1879 en la ciudad de San Salvador, República de El Salvador en Centro América. Fue el tercer hijo de cuatro del matrimonio de Don Miguel Barraza y Doña María Rodríguez, terratenientes, cristianos católicos, quienes inculcaron en él la fe de Cristo y el amor a la humanidad. Los hermanos de don Rafael fueron Miguel, Mercedes, Amparo y María. Don Rafael se casó con doña Teódula Monterrosa Escobar, viuda de Morán De León, procreando cinco hijos (Josefa (Fita), Teódula Isabel, Félix Rafael, Refugio Elena y Berta Rosario) que se sumaron a dos ya existentes del primer matrimonio de doña Teódula: Rosendo Morán Monterrosa y Guillermina Morán Monterrosa.

Rafael Barraza hizo los estudios primarios en la ciudad de San Salvador, terminando los estudios secundarios y superiores en la ciudad de Guatemala. Desde muy temprana edad, don Rafael demostró su afición a las letras, pues en lugar de jugar con sus amigos a la pelota, él se acogía a libretas de dibujo y pinceles y gustaba mucho de coleccionar objetos de arte. Tal dedicación a lo intelectual y artístico lo llevaron al desarrollo de la obra cumbre de su vida: la creación del Escudo de Armas de la República de El Salvador.


Rafael Barraza Rodríguez

A la temprana edad de quince años desempeñó su primer trabajo en el Ministerio Público. Escribiente de la Inspección General del Ejército, Rafael se ganó la confianza de sus superiores, y llevaba notas, escritos y conferencias de las más importantes reuniones de la Inspectoría del Ejército. Ser escribiente en esa época significaba llevar a mano todo escrito, conferencia o necesaria autenticación de lo dicho en una reunión. No era fácil, pues requería una habilidad mental coordinada a la escritura; se necesitaba buena caligrafía y letra. De allí pasó a escribiente del Ministerio de Instrucción Pública y Beneficencia (hoy Ministerio de Educación). En esa dependencia de Gobierno se necesitaba el criterio de la didáctica, conocimientos de pedagogía y mucho más: discreción de carácter, estima de la humanidad y amor al prójimo. En 1898, a la edad de 19 años, pasa a desempeñar el cargo de Escribiente del Consejo de Estado, puesto que lo relaciona personal y directamente con don Tomas Herculano de Jesús Regalado, Presidente de la Republica de El Salvador, quien presidía tal Consejo.

Un año después, en 1899, Rafael comienza su carrera diplomática en el Ministerio de Relaciones y Justicia (hoy Ministerio de Relaciones Exteriores), donde desarrollaría toda su carrera profesional. Comienza como calígrafo del Ministerio en junio del mismo año y es allí que demuestra lo mejor de su repertorio en letras y caligrafía. Desarrolla sus habilidades y conocimientos en los escritos, que en esa época se debían elaborar a mano y presentar personalmente. Debían llevar una nítida presentación; no error, no errónea ortografía o dibujo de exposición en la caligrafía. Rafael fue siempre delicado, cauteloso y atento a no cometer errores en la presentación de sus trabajos.

Ese mismo año, y pocos días después de haber comenzado a trabajar en el Ministerio, es nombrado oficialmente Calígrafo del Ministerio de Relaciones Exteriores (el diccionario de la Real Academia Española describe “Calígrafo” como aquella persona que escribe a mano con letra excelente). Cartas, manuscritos, diplomas o declaratorias que se enviaron desde el Ministerio a distinguidas personalidades del ámbito diplomático, así como a mandatarios de estado, llevaban su inigualable maestría de la letra impresa de un gran calígrafo.

A los 32 años, Rafael fue nombrado Colaborador de la Secretaría Privada de la Presidencia de la República. Fue el Doctor, médico-cirujano de profesión, Manuel Enrique Araujo Rodríguez (1911-1913) quien, por el continuo trato con Rafael y las muestras de éste en el campo diplomático, lo designó su colaborador inmediato en el ramo de Extranjería. Al término del mandato del Dr. Araujo Rodríguez (1914), don Rafael desempeña el cargo de Ayudante de la Sección Diplomática en el Ministerio de Relaciones Exteriores, puesto ocupa durante tres años. Por la capacidad intelectual, los méritos demostrados y los conocimientos, don Rafael fue ascendido en 1917 al puesto de Ayudante de la Oficialía Mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Dos años después, en 1919, asciende aún un eslabón en su carrera profesional; es llamado por el Presidente de la Republica, don Jorge Meléndez Ramírez (PND, 1919-1923), para desempeñar el cargo de Colaborador de la Secretaria Particular de la Presidencia de la Republica. En este periodo de su vida don Rafael fortalece, engranda y cimenta lo que después sería en su vida la efectividad, entereza de carácter y amor a su patria. En el correr diario de su nuevo trabajo, aprende las tácticas y habilidades del gobierno efectivo, enseñadas por el Presidente, hombre que por ser del “clan” Meléndez, tenia la experiencia gobernativa de sus hermanos.

Don Alfonso Quiñónez Molina (PND, 1923-1927), en su tercer periodo como Presidente Constitucional de la Republica de El Salvador, lo retiene y conserva como su Primer Colaborador en la Secretaría Particular de la Presidencia de la Republica, puesto extremadamente de confianza. En el mismo año de 1923, deja la colaboración presidencial para desempeñar el cargo de Oficial Mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Republica de El Salvador. No obstante, e insatisfecho por la naturaleza evolutiva de su carácter, don Rafael desempeña alternativamente la Dirección y Redacción del Boletín del Ministerio de Relaciones Exteriores.

En 1924, Don Alfonso Quiñónez Molina se siente acéfalo en su Secretaria Presidencial y llama de nuevo a don Rafael para ejercer el cargo de Primer Colaborador de la Secretaria Particular de la Presidencia de la Republica. El presidente Quiñónez Molina expresó en un momento: “considero a don Rafael Barraza Rodríguez un colaborador con experiencia, capacidad y dedicación para tenerlo a mi lado”, palabras que don Rafael, al sentirse tan halagado, comunicó a la familia, según contó su hija Josefa (Fita) Barraza de Ulloa Choto.

Don Rafael también desempeñó interinamente, en varias ocasiones, la Secretaría Particular de la Presidencia de la Republica, en ausencia del titular, Don Benjamin Loucel. En 1932, don Rafael fue nombrado Colaborador de la Sección de Extranjería del Ministerio de Relaciones Exteriores. Bajo la Presidencia de Salvador Castaneda Castro, asumió la responsabilidad de Oficial Mayor del Ministerio de Relaciones exteriores, puesto que desempeñaría hasta su retiro.

Rafael Barraza Rodríguez murió el 19 de Febrero de 1948. El reconocido calígrafo salvadoreño, autor del Escudo Nacional Salvadoreño, falleció a sus 69 años a causa de un paro cardíaco. Existen dos versiones de la muerte de don Rafael. La primera contada por la hija Josefa (Fita) Barraza de Ulloa Choto: “La familia residía en la casa ubicada en la esquina formada por la 1ª Calle Poniente y 9ª Avenida Norte, justo enfrente al edificio del Banco Central de Reserva. Mi padre expiró pocos momentos después de que la familia estaba reunida en el comedor principal de la casa y se dedicaban a tomar el desayuno. A mi padre, ya se le había servido una taza de café, y él se disponía a mezclar el azúcar cuando se fue yendo al lado izquierdo, desplomándose al suelo”. Su muerte fue certificada por el doctor Rosendo Morán Monterrosa. La segunda versión la proporciona la otra hija Refugio Elena, que cuenta que “de eso estoy más que segura, pues fue mi propio papá el que llamó a su hijo, diciéndole que cuando saliera al Hospital Militar, pasara por la casa, sin decirle para qué. Al llegar, supimos por mi hermana Minita que Chen, mi hermano, lo encontró ya muerto, todavía en la silla del comedor, donde estaban desayunando”. 

La creación del escudo nacional de El Salvador

El escudo elaborado por don Rafael fue adoptado oficialmente el 15 de septiembre de 1912, cuando era Presidente de la República don Miguel Enrique Araujo. Un decreto de la Asamblea Nacional, emitido el 20 de marzo de 1916 y publicado en el Diario Oficial siete días después (27 de Marzo de 1916), cuando era Presidente don Carlos Meléndez Ramírez en su segundo periodo, oficializó la adopción. Dice su hija Refugio Elena Barraza, viuda de Dávila Trujillo: “La presidencia de Araujo sacó a concurso la reforma del que fuera entonces el Escudo de la Federación de Centro América decretado en 1865, y como es sabido, la reforma hecha por mi padre fue la ganadora en 1912.”

Publicó un medio en ese entonces: “El escudo fue creado por el calígrafo salvadoreño Rafael Barraza Rodríguez, quien triunfó sobre treinta competidores en un concurso promovido por el entonces Ministerio de Guerra y Marina, en 1912, siendo el Ministro de Guerra el doctor Enrique Córdova. Dicho escudo ha sido motivo de inspiración para muchos escritores y poetas, que han dado con el correr de los años distintas interpretaciones de su simbología.

El triángulo equilátero, igualdad de todos ante la ley, es el símbolo del viejo lema trinitario de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. Los ángulos representan los tres poderes del gobierno: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Los dos mares abiertos, el espíritu de un pueblo en constante y solidaria comunión con las demás naciones libres.

Los cinco colosos volcanes significan la configuración geográfica del país y las cinco naciones centroamericanas surgidas en una fragosa entraña, la bravura de la raza, las disgregadas parcelas de la Patria Grande y el principio de nuestra nacionalidad, enfatizado en la leyenda que circunda el dibujo.

El cielo lleno de luminosa transparencia representa la gloria, el heroísmo y el sacrificio por la Libertad. El gorro frigio, la libertad coronada por la leyenda que consagró nuestra soberanía, el símbolo de la liberación del yugo extranjero. El arco iris de paz, el sendero por el cual debe marchar Centro América hacia la consecución de su elevado destino, siendo los rayos luminosos los ideales del pueblo.

Las cinco banderas, cinco repúblicas centroamericanas en las que se conservan los colores de la enseña federal, la herencia de nuestros próceres y el sueño de Francisco Morazán (de una Centro América unida). Los catorce gajos de los ramos de laurel representan a los 14 departamentos en que se divide la República y son una exaltación de la gloria a que aspiran por el camino de la paz, el trabajo y el progreso.

Sobre la base que une los ramos, aparece la leyenda "Dios, Unión, Libertad", que concreta nuestra creencia en un Poder Superior que todo lo gobierna, la unidad y armonía que exige la marcha de la familia salvadoreña hacia un destino mejor y el indomable espíritu libertario del pueblo, que ha preferido la lucha desigual y la muerte a la subyugación extranjera.”

Y bajo esta base, la estrella roja que significa el cambio de la forma de vivir y crecer, un destino seguro como lo indica La Biblia, la estrella que guió a los pastores a Belén. El autor pudo haber significado una guía segura para las generaciones. Muy pocos recuerdan que, por Decreto Legislativo, esta estrella fue abolida por principios erróneos, creaciones políticas partidistas, pensamientos sin abertura ideológica, un anacronismo palpable del conocimiento de las virtudes y leyes del pensamiento: sólo por ser roja la estrella.

Los originales del escudo elaborado por el señor Barraza Rodríguez, uno en negro y otro en colores, fueron exhibidos en la vitrinas de la Ferretería Sagrera, en el centro de la Capital, varios días del mes de Agosto de 1912, junto con los trabajos de los 29 otros concursantes. Refiere un cronista que “frente a la exhibición comenzó a desfilar público capitalino, y todas las miradas se detenían con insistencia en el escudo de los laureles y los pabellones”.

Su hija Josefa (Fita) Barraza de Ulloa Choto recordaba sobre la ejecución de dicha obra: “Mi padre nunca estuvo satisfecho con las bases del certamen y por ello le agregó al escudo los cinco pabellones de El Salvador que rodean al triángulo equilátero, para soportar más la idea de la unión Centro Americana”; también don Rafael agregó los dos ramos de laureles que abarcan en conjunto. Un Decreto de la Asamblea Nacional, emitido el 20 de Marzo de 1916 y publicado en el Diario Oficial, dio fuerza de Ley a las dos insignias agregadas. El Presidente de la Republica era don Carlos Meléndez, el Ministro de Guerra y Marina el Dr. Enrique Córdova, y presidía el Congreso don J. M. Batres.

Don Rafael Barraza Rodríguez se inspiró en el sueño e ideal por el que luchó y murió Francisco Morazán al elaborar el Escudo de Armas. Por ello imprimió su ideal de una Centro América unida al incorporar los volcanes y banderas que representan los cinco países que componen el istmo de Centro América: Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica.