José Grimaldi

[Por Nelson Toledo, colaborador de la sección Especiales]

José Grimaldi Acotto es el gran poeta de la Patagonia. Es que además de ser hijo auténtico de esta tierra, es uno de los primeros que le cantó en sus versos al hombre de campo, al ovejero, al trabajador del mar, al nutriero, a su ciudad, a sus calles.

Nació en Punta Arenas el 7 de mayo de 1911, fue hijo del italiano José Grimaldi Piacenza (también con alma de poeta) y de doña Emilia Acotto Bertone, también italiana. Don José, su padre, murió en Santiago el 3 de enero de 1960 y sus restos fueron trasladados a Punta Arenas, al igual que los de doña Emilia, que había fallecido en Vicuña el 26 de junio de 1947, donde fueron sepultados en el mausoleo familiar. Allí se leen en una placa de mármol estos hermosos versos en que el poeta rinde homenaje a su padre:

De todo hombre conquisté el aprecio,
a toda tierra le arranqué los frutos.
La gota de sudor perló mi frente
y el pan que yo comí tuvo buen gusto.

Tenía cinco años cuando fue atacado por una peste. Grimaldi recuerda esta emergencia y al buen médico-escritor Mateo Bencur, de origen eslovaco, que lo alivió de esta y otras plagas.

A los cinco me enfermé.
Y un santo que se llamó
Mateo Bencur, llegó
buscao rápidamente.
Puso su mano en mi frente
y mi mal se evaporó.

No piensen en curanderos:
era meico, escritor.
Y a esta tierra con amor
la quiso de tal manera
que de su vía señera
él entregó lo mejor.

Hoy andamos muchos viejos
por las calles aún viviendo
y se lo estamos debiendo
con toa seguriá
a ese ejemplo de bondá
a que me estoy refiriendo.

En su época de estudiante del Liceo de Hombres conoció a profesores como Hugo Daudet (quien fue su apoderado), Luis Barrera, Víctor Aguilera, Fanny Proust, su profesora de francés, Werner Gromsch y al escritor y periodista Claudio Bustos.


José Grimaldi Acotto

Grimaldi fue un trotamundos desde joven. Ya en su adolescencia (tendría unos 17 años) abandonó el Liceo de Hombres de Punta Arenas para dejarse llevar por sus impulsos hacia el teatro y se marchó a Santiago, de "pavo" en un barco, sin saber su destino. Lo descubrieron y fue bajado en Puerto Montt. Con los pocos pesos que llevaba en sus bolsillos compró un boleto de tercera y en tren llegó hasta Santiago.

Los viejos, que me querían,
soñaban con que yo fuera
un meico o tan siquiera
con alguna profesión
que no me diera aflicción
en los años que vinieran.

Es cosa bien conocía
que siendo los paires pobres
procuran sacar un hombre
de provecho en cáa hijo
y no ahorran sacrificios
para darle educaciones.

Yo iba bien en el colegio.
Ni era el burro ni el primero.
Me mantenía en el medio,
cumplía con mi deber
y trataba de aprender
lo que enseña el magisterio.

Pero sentía un bichito
extraño que me picaba
cuando la luna miraba
o al contemplar la hermosura
de la nieve blanca y pura
que al suelo se descolgaba.

Tras esta corta aventura, al cabo de dos años lo tenemos de regreso en Punta Arenas "la nevada, la escondida / allí donde el mundo acaba"... "Y ha de ser tumba mía", como dijera este noctámbulo impenitente. Escribió mucho y publicó otro tanto. Entre sus obras figuran Humo Azul, su primer libro de versos, prologado por el actor y gran amigo suyo Pedro Sienna, el de "esta vieja herida, que me duele tanto". Luego le siguieron Puñado de Estrellas, Copos, Tierra de Hombres, un libro de cuentos magallánicos, Sendero de Amor, Hombre en el Campo, Poemas Populares, Añoranzas de Don Pepe, Poemas de Nuestra Tierra y Toda la poesía de José Grimaldi.

Particularmente interesante es su obra Añoranzas de Don Pepe, escrita en estilo campechano ("relato versificao" como reza en la portada) que resulta muy apropiada para conocer aspectos biográficos del autor. Tiene la virtud de mostrarnos una época pionera, los esfuerzos de su padre, uno de los antiguos industriales magallánicos. Al compás de los versos, va contando su infancia en la casa paterna, el colegio, la universidad, su participación en la farándula y el regreso al terruño después de recorrer media América enredado en el embrujo del teatro por más de diez años.

Yo fui hijo de un varón
d'esos de los tiempos viejos:
recto y de buenos consejos,
buen paire pa su muchacho.
Bondaoso pero macho,
limpio de alma y de pellejo.

Con mi maire apareció
por estas tierras australes
trayendo de capitales
su coraje y su esperanza
y una reserva e confianza
y amor para sus iguales.

De las Italias venían
y eran jóvenes los dos.
Mi maire, juro por Dios,
fue mujer de gran belleza.
¡Pero tenía entereza
igual que cualquier varón!

En 1934 partió con otra compañía de teatro en gira por la Patagonia argentina y también recorre Uruguay y Paraguay. Fue en esta época en que nacieron dos de sus grandes poemas: "El ovejero de mi tierra" y "Elogio apasionado de mi ciudad". Grimaldi trabajó con grandes figuras del teatro chileno como Alejandro Flores, su maestro en lo actoral, y Rafael Frontaura, su gran amigo.

En 1944, inspirado en su poema "El ovejero de mi tierra", se inauguró en la austral Punta Arenas, capital de la Patagonia, el monumento al ovejero con el apoyo financiero del destacado ganadero Francisco Campos Torreblanca, padre del Premio Nacional de Literatura 1986 Enrique Campos Menéndez. Fue su escultor Germán Montero Carvallo, quien se encontraba en Punta Arenas haciendo un reemplazo en el Liceo Industrial Armando Quezada Acharán, y modeló el ovejero Abel Oyarzún Córdova con su caballo Santiago, un piño de ovejas y su perro.

El monumento fue inaugurado oficialmente en la mañana del viernes 18 de febrero de 1944 con la presencia del Presidente de la República, Juan Antonio Ríos, del alcalde Carlos Turina Blazina, del donante Francisco Campos Torreblanca, el poeta Grimaldi y una masiva asistencia de público.

Esta primera versión del monumento inaugurado en 1944 estaba hecha en granito. 18 años más tarde, el domingo 1 de abril de 1962, fue inaugurada la versión definitiva, esta vez en bronce, para asegurar su permanencia en el tiempo. A esta fecha ya estaba fallecido el donante, don Francisco Campos Torreblanca y el ovejero Abel Oyarzún asistió a la ceremonia ya viejo. "El ovejero de mi tierra" es el poema más conocido de Grimaldi, que se ha publicado en innumerables diarios, revistas y libros, que incluso ha sido recitado en el extranjero, como ocurrió con una emisora de Washington, Estados Unidos, que lo transmitió en un programa de homenaje a América Latina.

En 1956 falleció su primera esposa Katy Kusanovic. El 22 de mayo de 1957 Grimaldi se casa de nuevo. Esta vez contrae matrimonio en Santiago con Fanny Marusic Katunaric.

Hombre de variados intereses, José Grimaldi Acotto mantuvo en su estancia Río Caleta un museo de vehículos antiguos, que era visitado frecuentemente por los turistas que llegaban a la región.

Su nombre pertenece a la élite de los grandes escritores de la Patagonia y es que, sin duda, tiene el mérito de haber sido uno de los primeros en incorporar a la literatura chilena los escenarios y tipos patagónicos. Siete años antes de su muerte, donó su biblioteca completa al Museo Regional Braun Menéndez que habilitó una dependencia especial que lleva por nombre "Sala José Grimaldi". En 1990 le amputaron una de sus piernas y el 27 de enero de 1992 en el Hospital Regional abordó el velero que nunca ha de tornar dejando atrás sus inolvidables versos a todo lo magallánico, al ovejero, a las calles de Punta Arenas, a la nieve, a la avenida Colón, a la laguna de patinar y a los barrios. Tres meses y 18 días después falleció Francisca María Marusic Katunaric, su amada Fanny.