Leonardo da Vinci

 
La Virgen de las Rocas. La primera versión de este cuadro, conservada en el Louvre de París, fue pintada en el momento en el que Leonardo llega a Milán, a partir del verano de 1482, por encargo de la Cofradía della Conzecione de Milán; esta tabla era la central de un tríptico completado por Ambrosio de Predis. Parece que no dejó demasiado satisfechos a los comandatarios, estupefactos ante una iconografía que se alejaba de los convencionalismos de la época. La segunda versión, a la que corresponde esta imagen y que se conserva en la National Gallery de Londres, fue realizada bajo la dirección de Leonardo, que pintó partes concretas de la misma; pero, en general, puede atribuirse a Ambrosio de Predis.

En esta representación de la Virgen, el Niño y San Juan Bautista, donde se incluye además la figura de un ángel, Leonardo plantea una composición piramidal y centrada, ordenada mediante la disposición de las figuras y por las actitudes de las mismas, que confluyen en la visión del Niño como punto central. La mano derecha de María acoge la figura de San Juan Bautista niño, en actitud de plegaria hacia el Niño que lo bendice. La posición de las manos de los personajes y sus actitudes marcan un ritmo apacible y van definiendo el círculo establecido por las propias cabezas, que complementa la centralidad establecida mediante la pirámide compositiva, cuyo vértice ocupa el rostro de María. La escena se enmarca en un refugio rocoso, absolutamente irreal y sobrecogedor.