William Shakespeare

La comedia de las equivocaciones

Esta comedia en cinco actos en verso y prosa de William Shakespeare fue escrita probablemente en 1591-92 y publicada en el infolio de 1623. Su fuente principal, directa o indirecta, son los Menecmos de Plauto, pero probablemente la escena primera del acto tercero está basada en el Anfitrión. A ello se le añade una intriga trágica, probablemente sugerida por la historia de Apolonio, rey de Tiro, que Shakespeare había de usar más tarde para su Pericles, príncipe de Tiro. Se encuentran analogías, poco notables, con el "Cuento del Caballero", uno de los Cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer (1340/45-1400), y con la Arcadia de sir Philip Sidney (1554-1586). Mientras Plauto se contentaba con una pareja de gemelos, Shakespeare, con barroca exuberancia, añade una segunda, multiplicando así las posibilidades de equívoco, pero aumentando también lo increíble de la intriga, que sólo puede encontrar justificación en el éxito de farsa de algún episodio.

Habiendo Siracusa condenado a muerte a algunos mercaderes de Éfeso que no tenían dinero para el rescate, Éfeso adopta una medida similar en relación con los mercaderes siracusanos. Egeón, viejo mercader de Siracusa, es condenado a sufrir dicha suerte y explica al duque de Éfeso por qué se encuentra en la ciudad. Había tenido dos gemelos de su mujer Emilia, exactamente idénticos y llamados ambos Antífolo. Dos esclavos, también gemelos y ambos llamados Dromio, nacidos a la misma hora que los otros dos, fueron dedicados a su servicio.


Arresto de Antífolo de Éfeso

En un naufragio, Egeón, con el gemelo nacido en segundo lugar y con uno de los Dromios, se ve separado de su mujer con el otro hijo y el otro esclavo y no ha sabido nada más de ellos. Llegado a madurez el segundo de los gemelos, Antífolo de Siracusa, partió junto con su Dromio en busca de su hermano y de su madre. No se supo más de ellos, por lo que Egeón, durante cinco años, estuvo errando en su busca, y llegó a Éfeso.

El duque, conmovido por el relato de Egeón, le da tiempo hasta la noche para encontrar el dinero del rescate. Precisamente en Éfeso se encuentra el primer nacido de los gemelos, Antífolo (Antífolo de Éfeso) con su Dromio (Dromio de Éfeso) salvados del naufragio. Antífolo de Éfeso vivió allí muchísimo tiempo y se casó con Adriana. Y precisamente llegaron aquel mismo día Antífolo de Siracusa y Dromio de Siracusa. Cada gemelo conservaba una perfecta semejanza con el otro, y de ahí una serie de equivocaciones asombrosas.

Dromio de Éfeso debe solicitar a Antífolo de Éfeso que vaya a su casa para comer, y se lo solicita en cambio a Antífolo de Siracusa. Adriana reclama sus derechos de mujer ante Antífolo de Siracusa, mientras él experimenta mayor simpatía por su hermana Luciana. Dromio de Siracusa, que ha ido con él, es objeto de las desagradables solicitudes de la fregona de Adriana, mientras Dromio de Éfeso se encuentra más tarde, junto con su patrón, con que le cierran la entrada a su casa, pues se cree que ambos están ya dentro.

La aventura se complica con el regalo de una cadena, la intervención de una cortesana, de los invitados, de un acreedor, hasta que Antífolo de Éfeso y su criado son atados como locos; Antífolo de Siracusa y su Dromio, tomados por los supuestos locos evadidos, sufren una agresión y se refugian en un convento, cuya abadesa es precisamente Emilia, también salvada del naufragio, pero separada por los crueles marineros de Corinto de los gemelos confiados a ella (y convertidos luego en Antífolo y Dromio de Éfeso).

Mientras tanto termina el plazo sin que Egeón haya encontrado el dinero del rescate, por lo que es conducido al suplicio, acompañado por el duque. Se presenta al duque Antífolo de Éfeso que, habiendo roto las ataduras con los dientes, ha huido y pide justicia contra su mujer, que le ha dejado fuera de su casa y luego hecho atar como loco. Finalmente, la abadesa hace salir del convento a la otra pareja y, puestos frente a frente, cada cual es reconocido como lo que es. Así Egeón encuentra al mismo tiempo a su mujer y sus hijos y el duque le deja en libertad.

Se ha querido suponer en Adriana, mujer celosa y litigiosa, un retrato indirecto de Anne Hathaway, mujer de Shakespeare, y que el cuadro de la vida doméstica de su marido estuvo sacado de la experiencia del poeta. Pero aparte de esta curiosa suposición y de algún rasgo cómico o sentimental (la declaración de amor de Antífolo de Siracusa a Luciana), el drama es uno de los menos atractivos de Shakespeare. Sin embargo, contiene tal cantidad de donaires y de situaciones grotescas que, aceptada la absurda premisa, no se advierte qué otra cosa mejor podía hacerse: en su tiempo debió de divertir al público como las actuales astracanadas.