William Shakespeare

La vida y la muerte del rey Juan

Este drama histórico en cinco actos y en verso fue refundido por Shakespeare a partir de un drama preexistente, El turbulento reinado del rey Juan, publicado en dos partes en 1591. La revisión, que Shakespeare marcó con su superior genio dramático y poético, se hizo quizás en 1596-97 y no se imprimió hasta el infolio de 1623.

El drama, que no sigue con demasiada fidelidad los acontecimientos históricos (es extraño, por ejemplo, que no se cite la Carta Magna de 1215), trata los principales episodios del reinado del tiránico y astuto Nerón inglés, especialmente la eliminación de su joven sobrino Arturo; en una de las escenas más vigorosas (la tercera del acto tercero), el rey excita a Humberto de Burgh a que lo quite de en medio, porque se cruza en su camino hacia el poder.

Humberto se apresta a privar a Arturo de la vista con hierros candentes, pero el joven, en una escena patética (IV, 1) consigue conmoverlo; sin embargo, más tarde, Arturo se mata al saltar los muros del castillo. El dolor de Constanza, madre de Arturo, ante la noticia del encarcelamiento de su hijo está reflejado con mucha eficacia, y los últimos instantes del rey Juan, en Swinstead Abbey, están pintados de modo que mitigan la odiosidad del protagonista.

Pero el personaje más notable del drama es quizás el bastardo Felipe Faulconbridge, en quien se resume el espíritu de intriga, aventura y avidez de poder que domina el drama. Su hermano Roberto intenta promoverle un proceso con motivo de su patrimonio, y ello le hace reconocer precisamente como hijo natural de Ricardo Corazón de León.

El drama, aunque poco notable desde el punto de vista literario, ha disfrutado siempre de mucho éxito en los escenarios ingleses, especialmente por tratar el conflicto entre la monarquía inglesa y el papado, y ofrece momentos dramáticos de efecto y posibilidades de poner en escena costumbres pintorescas. Su principal interés crítico radica en la posibilidad que nos ofrece de estudiar de cerca la técnica de Shakespeare, pues es el único drama del que se conserva la redacción anterior a la shakesperiana.