William Shakespeare

Mucho ruido por nada

Traducida también a menudo como Mucho ruido y pocas nueces, esta comedia en cinco actos, en verso y prosa, de William Shakespeare fue escrita en la forma en que la poseemos en 1598, pero probablemente tuvo una primera redacción en la juventud del autor. Fue impresa en 1600 y en 1623.

El motivo dramático central, el del amante inducido a engaño por medio de una persona que adopta el parecido de su amada (antiguo motivo que ya se encuentra en las Aventuras de Quereas y Calirroé, de Caritón de Afrodisia), fue extraído por Shakespeare de las Novelas de Matteo Bandello (novela XXII), en la versión de François de Belleforest (Histoires Tragiques, III, 1569), y del Orlando Furioso de Ludovico Ariosto (historia de Ginevra y Ariodante). Las agudas discusiones de Benedicto y Beatriz parecen inspiradas en las de Gaspare Pallavicino y de Emilia Pia en El cortesano de Baldassare Castiglione, traducido por sir Thomas Hoby en 1561.

El príncipe de Aragón, don Pedro, en cuyo séquito figuran Claudio y Benedicto, viene a visitar a Leonato, gobernador de Mesina, padre de Hero y tío de Beatriz. Claudio se enamora de Hero y se acuerda su matrimonio. La alegre y aguda Beatriz, y Benedicto, soltero impenitente e ingenioso, se encarnizan en atacarse con sus burlas; sus amigos deciden hacer que se enamoren y se las componen de manera que Benedicto sorprenda una conversación en que el príncipe y Claudio hablan de un pretendido amor secreto de Beatriz por él, y Beatriz sorprende una confidencia semejante acerca del amor que Benedicto parece alimentar por ella en secreto.


Emma Thompson (Beatriz) y Kenneth Branagh
(Benedicto) en la versión cinematográfica
dirigida por el propio Branagh (1993)

De este modo los amigos se imaginan ser artífices de la derrota de los adversarios del matrimonio; pero ya en aquel acosarse estaba el germen de una secreta inclinación. Don Juan, hermano bastardo del príncipe y recientemente reconciliado con él, es un carácter soberbio y perverso; envidioso del favor que Claudio goza cerca de su hermano, imagina un engaño para destruir aquel matrimonio: Borrachio, su criado, se presentará de noche bajo la ventana de Hero, y a la ventana se asomará, vestida con las ropas de Hero, Margarita, la doncella de compañía de Hero, que está enamorada de Borrachio; el príncipe y Claudio asistirán de lejos al coloquio.

Así sucede con la involuntaria complicidad de Margarita, la cual, vistiéndose de Hero, piensa ceder a una inocente mascarada. Claudio y el príncipe quedan profundamente impresionados, y el día de las bodas delatan la conducta de la joven en plena iglesia. Hero se desmaya. Por consejo de fray Francisco, que está seguro de la inocencia de Hero, Leonato hace correr la voz de que la joven ha muerto y Benedicto, estimulado por Beatriz, desafía a Claudio por haber calumniado a Hero.

Mientras tanto, Borrachio, en estado de embriaguez, confiesa el engaño a un compañero y es oído por los guardias de la ronda nocturna, al mando de dos grotescos oficiales de policía, Dogberry y Verges, que dan lugar a unas escenas cómicas con sus bobadas y su pueril incompetencia. Borrachio es detenido y revela al príncipe y a Claudio el engaño de que han sido víctimas.

Claudio ofrece reparación a Leonato y le recomiendan que se case con una prima de Hero en sustitución de la supuesta muerta. En el momento de las bodas, la esposa descubre ser Hero en persona. Se casan también Benedicto y Beatriz, y su petulante agudeza no los abandona ni ante el altar. Don Juan, que había huido de Mesina, es detenido y será castigado.

Aunque el enredo Hero-Claudio sea visiblemente el tema principal de la obra, con la melodramática escena de la iglesia y el efecto final de la muerta fingida que resucita (repetido, junto con otros rasgos de esta comedia, en el Cuento de invierno), ello no constituye la parte viva de la obra. Tal aspecto de la trama se ve algo debilitado por la circunstancia de que las pasiones que suscita deben armonizarse con el clima de una comedia; de manera que, por ejemplo, la escena del coloquio fingido, imaginado para deshonrar a Hero, es sólo referida brevemente, el siniestro carácter de don Juan queda apenas apuntado y Claudio, en lugar de conmoverse con una desesperación parecida a la de Troilo en semejante situación (la de asistir sin que lo vean al coloquio de amor de la mujer amada que le hace traición), se muestra mecánico e inhumano en su cambio de carácter a medida que la trama lo requiere.

Las escenas verdaderamente vivas son las desarrolladas entre Benedicto y Beatriz, pareja que se asemeja bastante a la de Biron-Rosalina en Trabajos de amor perdidos. A pesar de que sus frases jocosas no sean propias del gusto moderno, su brío nos conquista; no son personajes del todo cómicos, pues la devoción de Beatriz por Hero, y su indignación y la diligencia con que Benedicto se compromete a servirla desafiando a Claudio, les prestan aquella porción de seriedad que basta para representárnoslos como seres humanos completos. También son muy divertidas las escenas, cuyo carácter es de neta farsa, en que son puestos en ridículo los oficiales de policía; una frase de Dogberry, quien se queja de que el escribano no haya puesto en su informe que uno de los detenidos lo ha llamado asno, se ha hecho proverbial: "iOh, si él estuviera aquí para escribir que soy un asno!".