William Shakespeare

Timón de Atenas

Este drama en cinco actos, en verso y en prosa, fue escrito por Shakespeare probablemente en 1608, y publicado en el infolio de 1623; no se tiene memoria de que fuera representado durante el reinado de Jacobo I. La concepción del drama es realmente shakesperiana, y hay pasajes que revelan afinidad con el El rey Lear, pero tales escenas no deben considerarse de la mano de Shakespeare en la forma en que nos han llegado.

El drama está tomado directamente del Timón de Luciano, del que no existían versiones inglesas; existían, sin embargo, algunas italianas y una francesa de Filbert Bretin (1582). Sus afinidades con un drama académico inglés, Timón (hacia 1581-1590), cabe probablemente explicarlas como motivadas por el uso de la misma fuente de procedencia lucianesca, puesto que el Timón inglés permaneció manuscrito y no parece probable que Shakespeare pudiese verlo. Es posible que dicha fuente sea italiana, pero no es el Timón de Matteo Maria Boiardo ni el de Galeotto del Carretto.

El argumento del drama es simple y se divide en secciones bien distintas. En las primeras escenas Timón se muestra liberal, espléndido, amante de la alegría, y se ve cortejado por las adulaciones de sus favoritos, cuyos obsequios devuelve él con extravagante munificencia. En vano Flavio, el mayordomo, se esfuerza en llamar la atención de su señor para exponerle su lamentable estado financiero.

Entrampado en sus deudas, Timón manda invitar a los pérfidos parásitos a un postrer banquete, y cuando ya éstos creen que sus demandas de dinero no habían sido más que un artificio para poner a prueba su amistad, Timón dramáticamente hace destapar los platos, llenos de agua caliente, y cubriéndolos de insultos se los echa al rostro. Maldiciendo la ciudad, Timón se retira a vivir una vida solitaria y misántropa en una caverna, y mientras remueve la tierra, para encontrar raíces con que nutrirse, encuentra un tesoro.

Menospreciando el oro, lo entrega a Alcibíades, que se había rebelado contra Atenas por haberse ésta mostrado desagradecida a sus servicios (caso parecido a la ingratitud de los favorecidos por Timón), para que con él pague a los soldados destinados a destruir la ciudad. Da además parte del tesoro a las cortesanas Friné y Timandra para que infecten con su contagio a la juventud de Atenas, a los bandidos para que asesinen, y finalmente a su fiel mayordomo Flavio, el único que le permanece fiel, a condición de que viva alejado del consorcio de los hombres.

La amargura de Timón se desahoga en un diálogo con el cínico Apemanto: ambos rivalizan en misantropía, pero el filósofo reprocha a Timón el haber abrazado por necesidad el género de vida que él ha escogido voluntariamente. Los senadores de Atenas, bajo la amenaza de las tropas de Alcibíades, vienen a implorar a Timón para que regrese a la ciudad, la cual le promete reparar los daños que le ha causado. Pero Timón se mofa de ellos ofreciéndoles el árbol próximo a su cueva para que se ahorquen en él. Finalmente, después de disponer su epitafio, muere. Alcibíades, que mientras tanto ha entrado en Atenas como vencedor, promete rendir honores a su sepulcro, a orillas del mar.

El drama tiene una simplicidad y un perfil de representación medieval. El carácter de Timón es un mero paradigma, como el de una alegoría; las escenas de adulación primero, de repudio después y finalmente de invectiva, se multiplican con una monotonía y prolijidad medievales. Pero el significado del drama está únicamente en la sátira de las costumbres y de la ingratitud humana, según la nueva boga satírica que triunfó en Inglaterra bajo Jacobo I, y que encontró adeptos entre dramaturgos como Ben Jonson (1572-1637) y J. Marston (1576-1634).